jueves, mayo 25, 2017

VIDA MÍA

Mañanas al sol tostado y pereza…, enredadas en tus enseres.
Mañanas que intuyes pero que no has probado.
Mañanas en que el mundo te espera y tú no te decides.
Mañanas que esperan detrás de tus persianas bajadas.
Mañanas de primavera, de amapolas y margaritas.
Mañanas de todos los colores para que elijas el que más te convenga.
Mañanas de pajarillos subidos desde el alba a tu balcón, son la tuna primaveral. Mañanas de lluvia, esa que lava y empapa tu tierra fértil.
Mañanas que imaginas pero que no las pones letra.
Mañanas que acaricias mientras el vaho nocturno se deshace en tu almohada. Mañanas de amor, de pies entrelazados y aroma de sexo en tu cuerpo de mujer.
Mañanas de duende, mañanas rebozadas en recuerdos, mañanas de sonrisas y, quizá, también de lágrimas.
Mañanas de vida, mañanas de lucha, mañanas pausadas, mañana planchadas… Mañanas sin ojos hasta que tú las mires.

¡Ha sonado el despertador! Abro la ventana y las macetas encienden mi mirada somnolienta… ¡Buenos días, vida mía!

miércoles, mayo 24, 2017

AYER TE VI

Ayer fue de esos días que sientes tanto que te duele el alma de tanto sentir. Un alma que ni se ve ni se toca, pero que sientes que está dentro de ti…
 
Ayer  te vi y me quedé largos minutos mirándote, adivinándote, descubriéndote. Tus ojos escocían dolor, el tiempo hizo mella en ti, y el sufrimiento te desfiguró.  
¡Ironías! Te hacía más humano; los duelos te habían puesto ojos al corazón, y razón al pensamiento.

Tu  arrogancia ya no estaba, se desarmó ante el tormento y te desnudó para mostrarme la fragilidad de tu ser, la humildad de tu piel.
Y la aflicción rindió tributo a los cinco sentidos perdidos en la prepotencia vana, transformándote en ser humano sensible, en modesta persona.

Ayer  vi tu herida, tan grande que te descoses por las costuras, sin embargo, ahora irradias ser mortal. Aún sin vencer el dolor, lo has vencido. Al fin te has hecho persona.

 … El dolor no conoce fronteras aunque se empecine en los débiles, con el tiempo todos caen. No hay señores ni esclavos, ni ricos ni pobres. El tiburón hiere a cualquiera.

jueves, mayo 18, 2017

LLUVIA

Hay días y días y hoy es de esos días que despiertas con la sonrisa pegada a tu piel marchita de ayeres…

Me ha despertado con esa dulzura tan suya cuando desea dejarse sentir. Después, se ha hilvanado a mi ventana para darme la bienvenida un día más y, sí, me he sentido reconfortada entre las sábanas nocturnas, perezosa y hasta dichosa por abrir mis ojos a una luz tierna de amaneceres, a un candil tímido de frambuesas y he vuelto a cerrar los ojos, a ocultar mi rostro en mi almohada de sueños…, he dejado que me acunara un poco más su sonido cadencioso.

Me ha vuelto a llamar con la energía de unos pulmones de recién nacido, y he esbozado una sonrisa de quien se deja acariciar por un pequeño e inofensivo placer hasta que un trueno ha revotado en el cristal y he saltado de la cama, abierto la ventana y su suave manto de lágrimas mojadas me ha dicho ¡Buenos días!

Un día más, me abro a la vida. El cielo es tan plomo como la propia ceniza, y llueve. Escucho las gotas precipitarse al vacío, llorar sobre mis cristales y su música silente, recogida, en calma, me hace alejarme del mundo que muerde para escribirte a ti que siempre me escuchas.

martes, mayo 09, 2017

TU META ES LA NUESTRA


Alcanzarás tu meta, mi fuerza será la tuya.

El viento, la lluvia y el sol, no acabarán contigo, yo te estaré esperando.

Cuando pienses que no puedes más, levanta la cabeza y mírame. Tus sueños serán los 
nuestros, los miedos los compartiremos, las flaquezas también.

Un tramo más y ya huelo por la esquina llegar a tu sonrisa.

Dicen que la vida no se mide por minutos sino por momentos. 

Dicen que la felicidad es real cuando se comparte...

sábado, mayo 06, 2017

SOMOS

Llevamos escondidas verdades en la solapa, mentiras en los bolsillos, deseos en el monedero y miedos en la ropa interior…

Vivimos cosidos a una fachada que a veces es real y, otras, ficticia.
En algún momento se rompe el armazón, y en alguna ocasión nos perdemos.
Hemos sentido el fuego y temido ser hielo, y  espanto a extraviar el amor.
Nos hemos dejado arrastrar por el ego y nuestra sombra hundirse en el fango,
Revolcado en las vergüenzas y tocado el pico de una estrella,
Somos sangre, agua, carne y polvo, de ahí que llevemos  nuestras verdades escondidas en el forro de nuestra piel y, a veces, las mentiras se nos escapen por la boca, y por los ojos salgan gritando nuestros miedos.

Somos de carne y hueso, de sentimientos, virtudes, y debilidades. Un arco iris de colores, a veces reales y, otras, espejismo de un deseo.

Road to kona, 2017

domingo, abril 30, 2017

TUS OJOS

Cabeceo, cabeceo en tu mirada como si con ello no fueran a irse tus ojos de tímido garzo aniñado…

Un sol meloso acariciaba la costa esa mañana de marzo. El vientecillo regalaba pigmentos de gaviota y mar llegando a su playa. El olfato, empedernido observador del gusto, se vio envuelto de sal y algas entretanto mis ojos buscaban en aquel azul tibio el recuerdo garzo de los tuyos que, una vez, guardé a buen recaudo en la estantería de mi memoria. La suavidad de tu luz volvió a mí tantos años después con la misma cadencia amorosa con que los guarecí para no perder su aroma de amor juvenil, ese amor que se abastece de horizontes y un mañana  se preña de sueños.

¡Te sentí tan mío tan puro!, que me alejé de mi costa guardando de nuevo tus ojos en el estante de la nostalgia. Una melancolía se mecía al son de las olas tranquilas convertidas en espuma y tatuadas en mis ojos. La mirada no la pude contener. Se fue apagando lentamente sin apenas sentir su cálido abrazo, su recuerdo de tus ojos en los míos.

El mañana está tan cerca que casi ya lo palpo con estas manos heridas por el tiempo. Mientras, el ayer se difumina alejándose cada vez más de lo que una fue y no pudo ser.

viernes, abril 28, 2017

AURORAS...

Me desperté sin saber dónde estaba. Una luz menuda se colaba por las cortinas. Los párpados pesaban tanto que, aún esforzándome en elevar sus persianas, se desplomaban como si no quisieran enganchar al día.

Me quedé arrebujada en la posición fetal que un día aprendí antes de nacer varios minutos, entretanto se iban despejando los últimos vahos del sueño que me envolvían dulcemente en una leve dormidera del color de la ceniza desteñida.

Al cabo del rato, creí escuchar algo fuera de la ventana, aunque mi pereza evitaba que moviera un solo músculo, sin embargo el sonido se repitió y, sin querer queriendo, más pudo la curiosidad de saber qué era aquel sonido tan pinturero. Me escapé de la cama de un salto y, de otro, coloqué las manos en el manillar del balcón. Los dos cuarterones se abrieron con una fuerza inusitada. Tal vez era la vida que clamaba ser vivida, o ese airecillo jocoso que despertaba el día. De un salto me volví a arrebujar entre las sábanas, apenas dejaba visibles la nariz y dos ojos desorbitados por la cálida luz de un melocotón en flor.

Me relajé en el calor de mi cuerpo, me estiré por los rincones frescos de aquellas sábanas de hilo viejo, y un placer de rocío iba entrando en mi ánimo.

¿Dónde estaré? Me pregunté al tiempo que un coro de pájaros revoloteaban en mi balcón, y sobre la rama pelada de un árbol a la que alcanzaba mi mirada mientras mis ojos tiernos se balanceaban en ella.

La luz iba cambiando su mensaje a la par que se desnudaba y dejaba su piel como si fuera añil. Sí, el cielo sin borrascas, el cielo sin grises, solo y eternamente azul. Y yo seguía mi contemplación añadida al sabor del placer, de esa pereza que nace con la aurora. Deleite y regocijo pululaban entre mi cuerpo y los sentidos, y en las esquinas del calor recordé al amor, ese que pace sosegado y pegado a la epidermis del gozo y que llegando sin ser llamado le asistes con el corazón.

En estos desdibujados pensamientos estaba cuando, de pronto, el trino y el cuco se mezclaron con las campanadas al ángelus. Su sonido dio mil vueltas fuera del mirador. Auné sonido y luz y comprendí que llamaban a la aurora, a comenzar el trabajo, a abrir la vida y caminar por sus angostos o llanos rincones. Fue mi cabeza que hizo toc-toc susurrándome “Estás en Silos”

Me desperecé, sonreí y dando un salto me enganché a mi vida un día más.

martes, abril 25, 2017

MI CHOCOLATE DE LA ESQUINA

Cada mañana, antes de llegar a la esquina, ya se oye su voz y enciende mi rostro aunque  el sol se haya fugado. Chocolate es fiel a su esquina. Si hace frío, se pone la bufanda roja que tricotó doña Carmen para él. Las manos de la mujer tiemblan como un chachachá, pero fueron capaces de coger dos agujas y lana, y durante una semana cruzar las dos púas para que Chocolate sufriera lo menos posible los rigores del invierno.

Si llueve, tampoco es problema para él. Un día de vendaval y lluvia, Paco, el carnicero, al llegar a la esquina su paraguas se rompió. De rabia, lo tiró en un contenedor. Chocolate lo recogió, aseó la imagen  de la sombrilla carnicera rota por un aire burlón y, a los dos días, cuando Paco el carnicero volvió a pasar por la esquina se lo devolvió. El hombre, agradecido por aquel gesto de generosidad insospechada, regaló a Chocolate un enorme paraguas de fraile y un chubasquero de cuando estuvo en PortAventura con sus nietos.

Si hace calor, se abanica con su paipái obsequio del restaurante chino de dos calles más abajo. Este muchacho se merece el cariño de todo el barrio. Lleva más de cuatro años en la esquina, solo por las mañanas. Por las tardes, lo ocupa otro que da pena verlo por esa tristeza que cristaliza en su gesto. Sin embargo, mi Chocolate entiende la vida de otra manera. No sé cómo llegó hasta nosotros, ni dónde vive, ni si es legal o ilegal su permanencia en nuestro país. Lo que sí sabemos es que si te quieres tomar un café, él te cuida el perro. ¿Necesitas entrar al súper? También se queda con tu mascota. Si no puedes con las bolsas, él carga con ellas hasta tu portal. Si avista ciego perdido, corre hacia él y le dice “Hermano, ¿dónde te llevo?” Aunque su predilección son los ancianos, esos locos bajitos y encorvados a los que corre raudo cada vez que los ve cruzar por donde no deben y les grita entre carcajadas “Cualquier día el bus  hace de ti un filete”, o les huele en el súper cuando sacan el monedero y no atinan con las monedas, o cierra el bolso para que manos ajenas no hurten lo poco que hay.

Redouan, así se llama Chocolate, se le oye antes de llegar a la esquina “Buenos días” Es su grito de guerra, así de simple y su dentadura blanca estalla en tu ánimo.

Siempre que paso y su voz se queda cosida a mi espalda me pregunto si será un ángel caído de un cielo benefactor.

jueves, abril 20, 2017

PERCEPCIONES

La luz de la tarde cae lentamente. Se tamiza tras los visillos; es suave, es blanquecina, es anaranjada, es vainilla. Un último rayo se pega a mi ventana, le acaricio entre los dedos y estos parecen ser alargados limoneros bajo el influjo de un destello burlón, apenas unos segundos y huye a su guarida. ¿Quizá mañana vendrá? Me pregunto cuándo si el mañana fuera el ahora.

La noche casi ya la intuyo. La habitación se ha llenado de sombras, parecen fantasmas que vienen y van en un cadencioso vals. Titubeo y salgo en un vuelo raso hasta el otro lado de la casa. Allí no se ha despedido aún el día, la luz pajiza se posa dulcemente en los tejados; les dora y las tejas se convierten en luminosos pedacitos de oro líquido o rubias cubiertas atesorando vidas por descubrir.

Vuelvo, las sombras se han marchado y todo es oscuridad. Voy a cerrar la ventana y un pedazo de cielo se cuela por ella. Un par de estrellas y un cuarto creciente de luna me dan las buenas noches. Sonrío y digo ¡Hasta mañana!

sábado, abril 15, 2017

PASEANDO CON MI MADRE

Cuando estás junto a un anciano, puedes mascar el sabor insípido de la nada, ese vacío existencial que se va apoderando de ellos. Además, tienen un reloj biológico que marca un tiempo, pero nunca un momento, una hora. La prisa para ellos ha perdido el estímulo de llegar a un puerto y la vida ha borrado el color de las sensaciones; el sentido de las cosas ya es desconocido para ellos. De ahí que el talante emocional que tú emplees sea tan importante para arrojar luz a esas vidas que se disipan no físicamente, pero sí mentalmente.
Una vez oí que la vida enhebra pañal y mortaja y que antes de volver al polvo, en muchos ancianos se recrean en el pañal sin darse cuenta que una vez fueron adultos vibrantes y que por sus poros corrieron las sensibilidades más hermosas.
Ayer, a una hora incierta de la tarde en que la luz se desvanece y que sin embargo nos regala los últimos destellos de color luminoso, salí a pasear con mi madre sin rumbo y con intención de quemar una etapa más. Pero mi sorpresa fue encontrarme con el afán de saber mirar por las dos. Mirar con cariño, un mirar condescendiente y comprensivo. Sentir el latido de la vida en la mirada presintiendo con la vista lo que a simple vista no se ve.
Me afané en despertar la curiosidad de mi madre a través de mi voz, tecleando cada palabra de entusiasmo, descripciones vivas de aquello que correteaba a nuestro alrededor. Nuestra primera parada fue delante de un árbol bellísimo en la calle Gamazo, frente al hotel Felipe IV; estaba plagado de flores, entre el rosa y el malva. Tanto me adentré en ellas para que mi madre pudiera percibirlas en su imaginación, que terminé viendo que no eran flores sin más, sino una cascada inusitada de claveles ensortijados en multitud de ramas, ella apenas me prestó atención, no obstante hice fotos.
Seguimos nuestro paseo perdiéndonos por uno de los rincones más bellos de Valladolid: el campo grande. No obstante vi peligrar mi empeño de perdernos por aquel paraje frondoso con multitud de matices verdosos. Ella me decía que saliéramos de allí pues aquel lugar la producía sensación de tristeza, de soledad, pero yo me hice la sorda y seguí caminando empujando la pesada silla de ruedas que ayer se me antojaba una pluma. Volví a mi narración salpimentada de recuerdos infantiles hasta que logré que mi madre volviera a despertar de su letargo. Y hubo un momento mágico: me quedé fascinada mirando la fuente de la pérgola que mi voz enmudeció y, cuando mi cabeza volvió a la realidad, no era yo quien hablaba, sino mi madre contándome mil y un recuerdos. Cerré los ojos para que mi memoria grabara aquellos instantes en que mi madre había resucitado. Pero como en los cuentos, era la hora de volver a la residencia aunque aún nos dio tiempo para que ella me pidiera las fotos que había hecho y se las enseñara a sus compañeras de viaje.


Cuando volví a casa, encendí la televisión, jugaba mi Atleti. Me puse una copa, encendí un cigarrillo, sintiéndome una persona muy afortunada.

miércoles, abril 12, 2017

ENCUENTROS...

Era de esas noches suaves y perfumadas de incienso, de murmullos alegres y risas complacidas cuando, de pronto, La vi llegar por la esquina. 
Temblaban sus cirios, la mecía su humanidad y, en su rostro, La Angustia de una madre. A su vereda prendida llevaba la marcha Hosanna in Excelsis. Ya, entonces, pude ver su rostro al completo, pude palpar la Angustia de una madre al dejar atrás a su hijo mientras la mano del hombre mecía su dolor.


Se hizo el silencio, el mundo paró, y una dulzaina lavó nuestros pecados. Sentí mi tierra más mía, tierras castellanas de enjuto respeto y amor a su Angustia. Las velas goteaban lágrimas de cera y un himno español despedía a La Virgen de Sus Angustias con aplausos sentidos y ya un Valladolid dormido en rosarios silenciosos cerraba una página más de su ciudad.

lunes, abril 10, 2017

RAMOS DE LA INFANCIA

Cuando era niña, en mi reloj sin horas, había dos noches densas en que las manecillas debilitaban su peregrinaje y pasaban tan lentas que mis ojos emocionados no se cerraban: la noche de reyes  y el domingo de ramos…

Domingo de sol, niños y palmeras. Encantador en una ciudad chiquita como era y es la mía, aquella donde los poros se dilatan para seguir absorbiendo sus viejas costumbres de ayer, esa idiosincrasia tan suya, y beber lentamente la modernidad.

Hogaño, una mañana de domingo, de ropa nueva y griterío, donde la danza está en la calle y sus gentes se pasean.

Letanías de trompetas, palmas revoloteando bajo un cielo pintado de azul, y el arte puesto en el asfalto para disfrute de sus paisanos.

He despertado soñando, palpando de nuevo mi ciudad, ese Valladolid de campo y señorío, el de ayer y de hoy, en un domingo de ramos que, aún, me sigue regalando las mismas sensaciones de antaño.

¡Ahí va la borriquilla, ahí va por Platerias!

viernes, abril 07, 2017

CUADERNO DE SENSACIONES, I Y II



Deambulé por los claustros mientras mis ojos bebían la plástica del lugar, las arquerías, las columnas de fuste liso y sus capiteles ornamentados. Observé los arcos de medio punto, los gruesos muros de piedra, las bóvedas de cañón. Subí y bajé escaleras como una niña  descubriendo un cuento imaginario hasta que al fin me vi sentada sobre una piedra fría y la mirada en algún lugar recóndito…
Modifiqué el escenario. En vez de un monasterio, creé un palacio a cuyas colmenas subía cada tarde a otear el atardecer lánguido de un crepúsculo tan silencioso que se me hacía eternidad. Mi castillo medieval tenía su propio bosque de castaños, nogales y robles por donde saltaban corzos y jabalíes huyendo de su cazador. A las paredes del valle se pegaban volutas de algodón en cada despertar y el día llegaba revoloteando, desnudándose con la cadencia de un desmayo mientras el sol, un joven amante, acariciaba a su amada tierra. El cementerio que descansaba bajo mi balcón era un jardín de rosas frescas pues no quería pensar que sus moradores, monjes sabios o místicos, monjes dadivosos, y muchos monjes venidos a lagartijas y sanguijuelas chupando los placeres mundanos en vez de darse a Dios, fueran a colarse en mis sueños; me daba miedo. No, mi alma de niña se defendía de las sombras de los siglos.

II
Un vientecillo fresco, un cosquilleo en los pies, algo me ha despertado. La respiración pausada me recordó que estaba en otro rol, quizá desprenderse de todo, tal vez mudar de piel y que mis poros volvieran abrirse a nuevas sensaciones, o redescubrir las viejas, las que perdí…
En la oscuridad he acariciado la lentitud, la parsimonia del silencio sordo y he abierto los ojos a la noche. Era como palpar un lienzo negro que, cuánto más atusaba, se iba mutando de color. Me he arrebujado en las sábanas de placer entre tanto la opacidad se transformaba en una aurora dulce y me poseía la sensación de estar bebiendo lo invisible. Los barrotes de la balconada se hacían sombras a sí mismos y sobre ellos descendía una bruma blanca. Pensé entonces si sobre las tumbas del cementerio caería ese mismo algodón blanquecino. Me iba a levantar a comprobarlo cuando, de pronto, un gallo cacareó. Después, el silencio de unos segundos largos y el gallo volvió con un cacareo dilatado y agudo. Aún pude ver por la comisura del balcón la rama afilada de un árbol temblar para, después, un hilo fino de voces comenzar a cantar. Eran pájaros que se alternaban con el gallo mientras mis ojos bajaban sus persianas para dormitar en el reino del silencio y un tufillo a estiércol despertar a mi olfato atrofiado.

Volvía el vientecillo impío, el silencio hueco camuflado de pajarillos adolescentes descubriendo un mundo imperceptible que yace junto a mí.

domingo, abril 02, 2017

EL SUEÑO DE PEPA




Mañana de nubes y soles mentirosos. Aires que te esperan al dar la vuelta a la esquina dejándote el cuerpo revirado; me daba igual, caminaba alegremente a la Plaza Mayor. Allí me esperaban personas que desconocía pero con dos cosas en común: el amor a la letras en cualquiera de sus vertientes y el hada madrina que compartimos. 
Ya lo dije el pasado día 30 de marzo en la presentación de mi novela “Mujeres descosidas”…”Tu obra nace y muere el día de la presentación pues al ser un escritor que nadie conoce, nadie apuesta por ti. Sin embargo,  también he de deciros que alguien sí me ha hecho un pequeño hueco y os lo tengo que contar. Es una librera de tamaño reducido e inmenso corazón, y prendida en su boca una eterna sonrisa siempre que acoge a todos los soñadores de las letras vallisoletanos. Ella se bate el cobre diariamente, es un placer verla trabajar, yo que soy una comercial nata la admiro, y os pido que si en algún momento queréis comprar una novela, un cuento, acudáis al Sueño de Pepa, en la Plaza Mayor” 
Sí, para mi Pepa es mi hada madrina. Nos arropa a todos los que llegamos en busca de un lector que pierda su mirada en nuestras letras. Ayer me ofreció otra experiencia más compartiendo con otros autores “30 declaraciones de amor y una canción desesperada” Escritores que desconocía y como yo rellenos de sueños en forma de letras como Juan Pedro Marín, o David Aceves que hizo de magnífico presentador. 
También dije en la presentación de mi novela que “Un escritor no debe perder la perspectiva de los cuatro pilares fundamentales de un escritor: mucha ilusión, mucho trabajo, humildad y generosidad” y todo eso encontré ayer, 1 de abril, en la Plaza Mayor de Valladolid con mis compañeros de aventura literaria y amorosa.
Mil gracias a todos!!!!

jueves, marzo 30, 2017

EL VALLADOLID DE MI MADRE, 30 DE MARZO

Hoy es 30 de marzo y mis mariposas se han despertado antes de las cinco de la mañana. Me he asomado al silencio de este Valladolid que mece aún sus sueños. El vientecillo de la aurora me ha traído recuerdos en un día especial como hoy en el que llevaré a mi madre a la presentación de Mujeres descosidas. No se enterará de nada, casi seguro, sin embargo veré la luz en sus ojos y me daré por satisfecha. De todos modos escribí algo para ella de ese Valladolid tan suyo, tan provinciano, tan eterno…

Mi madre siempre me decía “En domingo de ramos, quien no estrena, no tiene manos” Y como muchos niños, esperaba el domingo de ramos con enorme ilusión para ponerme ropa nueva y salir de procesión con mis mejores galas. Desde entonces han pasado muchos años, pero aquel sabor alegre y dulce de cada domingo de ramos lo llevo cosido a la memoria y cada año cuando llega esa fecha mi corazón vuelve a experimentar aquel parloteo saltarín de la emoción.
Ayer fue domingo de ramos y el calcetín de la costumbre se había vuelto del revés: no era yo quien esperaba impaciente mi ropa nueva sino mi madre… Llegué a la residencia con la parsimonia de cualquier domingo en el que se encierra la prisa y el ruido en el armario del descanso, pero ella me esperaba nerviosa a que la acicalara, quitara las etiquetas de su ropa nueva “Date prisa, vamos a llegar tarde a la procesión” Me decía con sus ojos distraídos por esa niebla a la que se ve abocada sin remedio. No pude evitar sonreír, mi madre esa mujer enjuta, de sentimientos catapultados, mostrándose como un libro abierto y dispuesta a que yo leyera sus letras más íntimas y personales.
Salimos a la calle vestidas de domingo de ramos a que la luz se posara en el rostro de mi madre mientras una temperatura amable calentaba sus huesos doloridos. Su vista, muy deteriorada, fue benigna con ella; la ONCE le ha enseñado cómo esquivar las sombras y ver por esos huecos chiquitos. Y ladeaba como una niña chica la cabeza para ver vestida su ciudad de palmas y ropa nueva, porque en provincias todo se nota más. Riadas de gente en busca de la borriquilla, niños gritando de emoción y de fondo el sonido de cornetas y tambores.
El ser humano es bueno a pesar que nos encrespe con muchas de sus reacciones y, en el caso que me atañe, en el momento que te ven con una silla de ruedas, todo el mundo está predispuesto a ayudarte. Me dejaron un hueco en primera fila para que mi madre viera aquello que no puede ver, sintiera la ilusión del niño en un domingo de ramos pudiendo, así, bañar su ánimo de gentío colorista; incluso un hombre con bastón puso la toquilla de mi madre encima del bastón a modo de paraguas para que el sol no la molestara.
“Mamá mira a tu izquierda, ahí viene tu hermano junto al arzobispo” Y unas lágrimas peregrinas se escaparon de su mirada oscura. Acaricié sus hombros con la ternura de una madre hacia su hijo.
Cuando por la tarde, la devolví a la residencia, su voz era una cascada de emociones atribuladas al querer contar todo de una vez a sus compañeras de viaje. En la despedida, arropé con mis brazos aquel cuerpo cimbreado de emociones dándola las gracias por haber vuelto a sentir la niñez en un domingo de ramos más en mi vida.

martes, marzo 28, 2017

SIEMPRE SEVILLA

Hoy se me antoja una tarde de finales de invierno. El cielo es celeste, como si a Dios se le hubiera derramado toda una lata de pintura azul; ha perdido el sombrío de las últimas semanas. El sol se posa meloso sobre las cumbres, acaricia los campos y la tierra encharcada. Incluso algunos pedazos de terreno verberan espoleando a la simiente a que no se esconda más.
El aire retoza fresco, pero carece del frio de la nieve, el esqueleto de los árboles se menean perezosos anidando en su techumbre los primeros brotes.
Los naranjos están preparados para su azahar y, hoy, al tropezar uno de mis pies con su fruto, me he agachado a recogerlo y lo he llevado hasta mi nariz. He cerrado los ojos y su aroma ha cubierto mi espíritu de su olor inconfundible.
Por las calles ya se intuye el ánimo de la cuaresma, en las pastelerías exhiben apetitosas torrijas, y las puertas de las iglesias animan a los paseantes a que entres y recojas tu corazón unos instantes.
Mi Esperanza ya está aliñada de hebrea y en las esquinas llegas a envolverte de incienso.
José Javier me ha subido a una azotea desde donde podía divisar los tejadillos adormilados, la Giralda imperiosa y, en la lontananza, la serenidad gloriosa de Triana.
Nos hemos tomado unas cervezas mientras saboreábamos una amistad limpia y cómplice. Edurne nos miraba con sus ojos tan dulces como preñados de tristeza por su pérdida irreparable; mentalmente he acariciado ese corazón tan puro que posee.

Y, mientras las horas pasaban, he vuelto a respirar la Sevilla que me embelesa, esa Sevilla paciente, tranquila, tan suya, tan llena de bulla…

martes, marzo 21, 2017

IMPÁS

He mirado por la ventana y lo he comprendido; se me ha olvidado perderme en el amanecer. Llevo días sin reloj, hasta ahora no me había dado cuenta. Mi mente se ha subido a una nube, allí permanece balanceándose desde el jueves, lo entiendo. Mis dedos no han vuelto a parpadear una palabra, he captado su indirecta. En mis pulmones entra poco aire, el justo para sobrevivir; me acabo de enterar.

Apenas siento que la vida fluye, permanezco paralizada. El reloj no hace ruido, la incógnita se ciñe a mi cintura y mis manos se agarrotan. Tan solo sonrío por cortesía, miméticamente,  y la mirada ausente,  atascada en el infinito.

Resoplo y el flequillo vuela para volver a descansar sobre mi frente. Mis ojos, inyectados de un rojizo bipolar, vuelven a pasearse por las letras infinitas. Simulan que son otros y no los reales, y juegan a quemar capítulos poniéndose en el alma del lector y no del autor. Mientras, miran de reojo al calendario para intuir cuántos días han pasado ya.

Tal vez sea el miedo que paralice la pregunta que deseo formular y siga inmóvil, silenciosa y asustada, esperando.

Esperando la primera crítica de Mujeres descosidas…

jueves, marzo 16, 2017

16 DE MARZO

“Muere lentamente quien no arriesga lo seguro por lo incierto para ir detrás de un sueño” P. Neruda

Me he despertado cuando las sombras retiraban los velos de la noche y el cielo se convertía en un tibio amanecer de rosas difuminados. Y me he acordado de ella, de mi madre, mientras iba dando tumbos por el pasillo. “Ahora se habrá encendido la radio” Me he dicho  “Seguro que no sabrá ni lo que dicen, pero unas voces se escaparan de esa cajita pequeña que guarda bajo la almohada para hacerla sentir que ahí fuera hay vida, que la soledad no se ciñe a su cintura, y un día más habrá en su libro de vida”
He abierto mi rutina diaria y escanciado un café con leche y he visto en mi memoria cómo ella toma el café: humeante, a pequeños sorbos mientras pierde la vista en la nada. Después, he ido a mi mesa, esa tabla donde coso sueños con la atenta mirada de una aguja.” Sí, hoy no escribes, te toca coser y descoser” me ha susurrado una voz y mis ojos se han ido a un calendario y he visto señalado con un redondel el número 16 y me he vuelto a acordar de ella, de mi madre.
…Recuerdo cuando me preguntaba “¿Qué haces que estás tan callada?” Y yo la contestaba “Escribir, mamá, sigue haciendo punto y calla” “¡Ay, hija, qué ganas de perder el tiempo!”
Madre, si pudieras centrar tu cabeza, sabrías que hoy coso un sueño a una nube, seguro que te sentirías orgullosa de ver volar a tres mujeres descosidas por un cielo incierto.
Madre, cómo me gustaría hoy tenerte a mi lado y yo poder apoyar mis miedos en tu pecho. Tu hija, sí, madre, vuelve a arriesgar y vestir un nuevo color para no morir lentamente. Cómo me gustaría que guardaras y sellarás, si viene al caso, mis incertidumbres, esa ansiedad que hoy vapulea a mi perenne sonrisa. Pero te vas consumiendo en la llama del olvido y no puedo sino abrazarte y volcar mi ternura en ti.
El móvil ha pestañeado y me he encontrado que alguien me envía un poema…

“Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones. Aquellas que rescatan el brillo en los ojos y los corazones decaídos” P. Neruda

lunes, marzo 13, 2017

PREÁMBULOS

No siempre el ánimo está dispuesto a recibir estímulos externos. Prefiere estar a la sombra de un naranjo esperando que el aroma del azahar despierte. Incluso se esconde bajo el manto del silencio para escuchar mejor cuando el pájaro cante.

Hay días en que el ánimo no se viste de nada. Camina desnudo esperando que una ráfaga de viento le haga sentir.

Momentos en que el ánimo desespera en la incertidumbre de no saber. Se vuelve temeroso, temblón y cobarde. No desea hacer nada por inanición de arrojo, valentía y coraje. No es osado, no es nada, no existe.

Es un ánimo ignorante, ha olvidado el verbo insistir; los deseos no vienen solos, no tienen luces para guiarse.

Una vez alguien me dijo que un escritor invisible es visible, nace y muere el día de la presentación de su obra.

miércoles, marzo 08, 2017

LAS SINSOMBRERO

El despertar a horas tan extravagantes como la mía tiene sus claras ventajas: siento que el tiempo es mío y nadie va a interferir entre el pensamiento y la letra. Es más, mi cabeza es virgen y la nitidez de mi comprensión está limpia de etiquetas.
Nunca me avergoncé de decir que no era feminista al uso de esas mujeres que me hacían daño a los oídos y a la vista. Me he sentido siempre muy bien en mi piel de mujer, la fortuna me ha acompañado tanto en educación, familiar, social y laboralmente; jamás he sentido la desigualdad en mi entorno. En mi familia todas las voces se han podido expresar con libertad, han trabajado al unísono, han sido respetadas, jamás devaluadas unas por otras; no he sentido la humillación. He disfrutado la fortuna de crecer al abrigo de esa frase de Virginia Woolf "No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente"
Sin embargo, hoy que el tiempo es mío, recaudo sensaciones de gratitud hacia esas mujeres que a lo largo de la historia han luchado para que yo me sienta tan afortunada por ser libre de pensamiento, obra y creciendo en un entorno de respeto e igualdad. Además, pido perdón a esas otras mujeres que no han disfrutado de mi dicha y mi insensibilidad hacia ellas ha sido grande. Mi actitud se asentó en la zona de confort olvidando las diferencias de otras. Mientras las otras cobraban mucho menos que un hombre (hoy se estima que un 35% menos), mientras las otras pagaban por haber nacido mujeres. Mientras las otras eran tratadas como objetos sexuales. Mientras las otras no tienen derecho a pensar sino a la sumisión. Mientras hoy esas mujeres madres sacan a sus hijos solas pasando horas infinitas en un trabajo sin ayudas de ningún tipo… ¿qué hacía yo mientras tanto? Disfrutando de mi confort.
Para mí, a estas horas extravagantes en que el mundo duerme y yo navego en el pensamiento soberano, el éxito de algunas mujeres no me conmueve. Me conmueve ese ejército de mujeres invisibles que batallan cada día y que nadie las reconoce como las verdaderas heroínas de esta sociedad actual.

Las mujeres de la generación del 27 alguien las bautizó como “Las Sinsombrero”… Las mías, las del S XXI aún yacen  en la sombra sin que yo ni muchas como yo hayamos hecho nada por ellas.

lunes, marzo 06, 2017

TERNURA

Ternura, esa es la palabra. Expresión de sentimiento que a veces sentimos sin buscarla. Se escapa espontánea por cualquier bolsillo del corazón...

Cada día al ver el rostro de ese hombre con cara de niño, mirada perdida y sonriendo al aire, siento un ramalazo de inmenso afecto por él.
Ese desconocido en cuyas sienes pintan plata hace tiempo, pero su rostro como su cerebro, se quedaron anclados en la infancia, emanando inocencia en su expresión, en su atuendo pulcro, en ese peinado de raya recta y flequillo aromatizado.
Puntual cruza el semáforo y con discreción se acerca a los muchachos que ofrecen periódicos gratuitos. Después, se va a una esquina y espera... Cada mañana me pregunto qué esperara ese ángel de alas plegadas.
Mientras, empapo la mirada cada mañana con ese niño grande que aguarda, tal vez, que el sol brille noche y día.

No puedo evitar observar el paisaje humano, presiento que es leer la vida mientras mi ternura se posa en muchos de ellos.


jueves, marzo 02, 2017

AMANECIENDO

Son las seis y diez de la mañana. Mi vaso de agua caliente con limón, la avena, el café. Enciendo un cigarrillo y me dispongo a viajar…
Hoy en día las grandes líneas de diferenciación de unos periódicos a otros que antes estaban señaladas por los colores políticos se han suavizado. Tal vez sus editoriales salvaguarden su tendencia, no más. Quizá, ya artos de políticas sin sentido, nacionalismos suicidas y sin embargo reales y tanta corrupción, les haya derivado a buscar con otros ojos otras diferencias. Así que cada mañana mi búsqueda de información es un viaje extraño que me hace asombrarme en cada recodo de un periódico. No deshecho ninguno y con el ratón voy diseccionando hasta hallar esa noticia que palpita vida, escondida y esperando que alguien la descubra. Son noticias sin repercusión, articulistas proyectando su pluma joven hacia aquella grandeza que un día alcanzarán si su tesón y buen hacer no se venden a cualquier precio por un partido, intereses económicos o el político de turno, perdiendo entonces su genuina identidad que era honesta y culta…, quién sabe, mientras disfruto de ellos, el mañana está muy lejano.
Noticias absurdas, noticias vendidas falseando su imagen como si fuera casual, noticias culturales que alivian mi desconocimiento, noticias sociales que ponen los vellos de punta. Aquí en este apartado me paro más últimamente. Son noticias escabrosas que tal vez más de uno se haga eco de ellas, pero me malicio que un eco distorsionado porque como dice Pérez-Reverte “En este mundo traidor donde nada es verdad ni mentira, donde todo es según el color del cristal con que se mira…” y yo añado que debajo de cada capa de cebolla subyace un interés que se escapa a mi entendimiento.
Sí, cada mañana es un viaje que me convierte en exploradora. Quizá estas sensaciones que me provocan los periódicos de hoy ya existieran y yo no tuviera ojos para verlo. Sin embargo hoy sí que he tenido ojos para proyectarme en el amanecer, ese amanecer que descendía de alguna parte depositándose en el horizonte suave y brumoso, del color del cerezo sin flor.

¡Buenos días!

martes, febrero 28, 2017

RECORDANDO

Hoy leyendo las letras que no veía por eso de leer para no pensar porque mi cabeza en vez de ser cabeza era un botijo repleto de migrañas, recordé aquel muchacho de pelo del color de los trigales en tardes revoltosas de verano.  Ojos de mar con briznas acarameladas y mirada pícara. Era un buen chico y yo bebía los vientos por él. Era de esas personas que, al tratarlas, sabías que a su lado todo iría bien, la maldad no estaba ligada a su alma, y la juventud junto a él podría ser eterna. No reía abiertamente. Recuerdo que la sonrisa quedaba colgada a un lado de su boca, pero a pesar de ser como una media luna, era franca con leves tintes de timidez con lo que aún la hacía más irresistible.

Recuerdo una tarde de verano, al cielo le habían echado un bote entero de pintura azul tan intenso como vital. El viento zarandeaba nuestros cuerpos y nosotros tratábamos de guardar un equilibrio en la punta de una roca mientras abajo el mar se batía contra sí mismo. Estábamos fascinados por su bravura, el oleaje estrellándose y volviéndose a reinventar en espuma. Presentí, pese a mi juventud, que aquel momento era especial y no se volvería a repetir ni aquella sensación que navegaba dentro de mí ni aquel instante de azul, entonces levanté el rostro y miré con todas mis fuerzas al muchacho, me metí en sus ojos para coserlos a mi memoria.

Y aquella época se esfumó, se diluyó en el tiempo, los años giraron nuestros caminos y, cuando le volví a encontrar,  el trigal de su cabello eran cenizas rubias. Su mirada, opaca y esquiva. Su sonrisa, una cínica media luna  tan oscura como la noche; aun así me quedé prendada, pero esta vez de la decepción. Ya no era aquel muchacho, la vida le había cosido al bies las aristas de su rostro y su porte estaba preñado de desencanto.
 De nada servía escarbar, el ayer se había llevado todo el hechizo; entonces he cerrado  la memoria del recuerdo y he seguido leyendo sin leer.

martes, febrero 21, 2017

HISTORIA DE UNA CUBIERTA

No hay duda que fue un flechazo, nunca pensé que fuera así. Me imaginaba a Suso, un perro de agua cantábrico, merodeando por la cubierta, o una pistola, o tal vez una bandera republicana hondeando mientras Regalito, una de sus protagonistas, con sus cabellos color fresa te mira de frente. Sin embargo, me colocaron delante varias posibles cubiertas y nada más que vi esta, mis ojos, el corazón y la cabeza se cosieron a su imagen. Había algo en ella de nostálgico, de soledad y tristeza, de ensoñación, de silencio, de música, sensualidad, que evocaba perfectamente la esencia de la novela. Si te fijas, hay agua, nubarrones, y gaviotas. Los dos primeros aparecen justo al comenzar la historia cuando Juana, la protagonista barrunta que algo se tambalea bajo sus pies, en su vida. Si observáis, hay 13 gaviotas, las trece palomas mensajeras que van desmenuzando este thriller psicológico tan lleno de odio y ternura, de miedos y esperanza.
Hace poco pedí que me ayudaran a buscar un lema que a grandes rasgos definiera un poco el título de la novela. Mi gratitud a todos aquellos que se prestaron sin saber de qué iba la novela; solo manejaban unos pocos renglones “Así comienza la novela...”A veces te acuestas con la sorpresa engatusada en la mente y te despiertas con la cabeza descolocada y el corazón trotando por mundos desconocidos. No haces otra cosa que preguntarte ¿por qué ahora? Todo lo que sale de ti son palabras inconexas, recuerdos descosidos, trapos desgarrados como sentimientos que una vez te robaron o quizá te arrancaron de cuajo para no sentirlos más. Sin embargo nadie sabe, ni siquiera tú mismo, que no quitaron la raíz y que esta durmió agazapada detrás del corazón para que en un instante impreciso en tu recorrido vital emerja como semilla del diablo...” Hoy mirando mi cubierta que a partir del 16 de marzo ya será de vosotros, de los lectores, Ángel Miguel Marcos, lector concienzudo, se acercó poderosamente a la esencia “Mujeres Descosidas buscan modista que repare los desgarros de sus almas” y Mara Marley, maravillosa escritora, puso la guinda “Como jirones de nubes que se agitan en el viento, hay mujeres que ondean banderas, cosidas con retazos de vida, hiladas por cicatrices sin costuras. Mujeres que ocultan una semilla a punto de germinar”
Mientras escribo estas líneas siento que se me va escapando la emoción porque si mi segunda novela va a ser realidad en pocas semanas es gracias a vosotros, a los que conozco y desconozco porque “Uno solo no puede. En equipo llega a algún lugar”

De todo corazón, ¡Muchísimas gracias!

lunes, febrero 20, 2017

A VECES TODOS SOMOS IGUALES

Soy animal de costumbres, más, por las mañanas. El café despeja las nieblas más hondas, sin embargo los velos suaves e insinuantes del sueño tardan en evaporarse. Tal vez, de ahí, que necesite de una rutina para no extraviarme.
Bajo una cuestecilla todos los días a la misma hora. Me sé los socavones, los pasos de cebra, el sol menudo al doblar la esquina. Continúo y, al cruzar la calle, me espera ese suave aroma dulce, entrecortado, leve, profundo. Es la pastelería con la trampilla a medio subir que nos deleita desde el obrador a los durmientes que vamos camino del trabajo.
Sistemáticamente en el momento que me alcanza el tufillo cierro los ojos; me agrada empaparme de esa dulzura de crema, masa y azúcar.
Hoy, al abrir de nuevo los ojos, me he topado con un hombre parado justo en la puerta que realizaba miméticamente el mismo gesto que yo, aunque entre ambos había todo un mundo. Yo olía a jabón y me sobraban kilos en mi cuerpo. Él,  hacinado en una cáscara gruesa de suciedad y un aspecto famélico.

Era una instantánea regia, digna y titubeante de cualquier ser humano. La limpieza y la mugre, la gula y la necesidad…, cuatro palabras que nos alejaban y, sin embargo, los dos, la riqueza y la pobreza unidas por un pequeño placer.

jueves, febrero 16, 2017

PRIMERA ESTACIÓN, 16 de marzo

Hoy es 16 de febrero. Eran las las 4,25 h cuando un pájaro se ha puesto a tatarear las bondades de un nuevo día. Tropezándome contra todos los muebles que he encontado a mi paso, he podido llegar a mi destino y me he asomado al balcón. Se le oía tan nitidamente que he cerrado los ojos; era una sensación, un sonido, placenteros. La ciudad que nunca duerme, Madrid, se me antojaba mansa en sus bordes, inquieta en su esencia, aventurera en cualquiera de sus aristas. He respirado hondo ese aroma de amanecer de vientecillo fresco y sueños por estrenar.
Sí, hoy es 16 de febrero,en un mes será 16 de marzo y mi segunda hija nacerá a los ojos de los lectores. Mentiría si dijera que no tengo miedo, que no estoy asustada, pero por encima de todo me puede la ilusión, la ilusión de aportar una quimera más a este mundo de las letras.

16 de Marzo, Madrid. 30 de marzo, Valladolid “Mujeres Descosidas”

martes, febrero 14, 2017

SIEMPRE

“Cuando seas viejo, te quiero con sabor rancio pero gallardo; independiente y eternamente gaviota. Parco, raspa y salado como tu mar. Cuando tu piel se marchite y tu esqueleto se curve, deseo tu envoltura ácida, pero tierna en tu interior. Cuando el tiempo rasque nuestras voces, sueño con oír tu susurro en mi tímpano. Cuando las nubes fluyan a tus ojos, porque la edad todo deteriora, anhelo tu chispeante mirada de pícaro empedernido. Cuando tus manos tiemblen, espero tu roce tibio sobre mi cuerpo, pues mi deseo por tu persona no habrá tiempo que lo acalle.
En los albores de tu senectud… te estaré esperando, te estaré esperando siempre”

Final del capítulo V de "Sevilla...Gymnopédies"

lunes, febrero 13, 2017

LLUVIA

He abierto la ventana. El cielo es tan plomo como la propia ceniza, y llueve. Escucho las gotas precipitarse a la nada, llorar sobre los cristales y su música silente, recogida, en calma, me hace alejarme del mundo que muerde.
No he cerrado la ventana, he querido que la armonía de ese silencio me hablase a través del agua porque hay días en que se me atascan las palabras y no sé definir aquello que me rodea, y hoy es uno de esos días.
Las compuertas permanecen cerradas, nada me transporta, nada me inquieta, nada siento. Sin embargo la lluvia  serena mis ausencias, su agua lánguida adormece mis malos pensamientos, su furia loca vitaliza mi letargo.
…Se ha hecho el silencio hueco. Tal vez sean segundos y después vuelva el soniquete de sus alocadas campanillas. Esperaré, hoy tampoco siento ni el tiempo ni el reloj. Esperaré. Levanto el rostro en mi ceguera y encuentro al cielo de plata con ese discreto encanto del agua por venir. La luz que despereza al día, de tan oscura que es, ahuyenta mis nostalgias y recuerdos; mejor.
Ha vuelto. Sí, tímidamente pero va llegando de nuevo y, sin saber cómo ni por qué, mis piernas se precipitan al vacío. Voy en su busca… Hoy llueve, llueve sobre Madrid. El asfalto se torna en un atascado lienzo de coches sin rumbo. Miro y de pronto veo que hoy es un hermoso día a pesar de todo.

Tal vez piense esto porque he amanecido viva entre tanto cadáver que me oprime y, ¡al fin! el agua que me despierta me hace ver  que detrás de cada gota de lluvia  se halla esa estrella a la que persigo sin cesar.

sábado, febrero 11, 2017

DE MUJER A MUJER, retrato de Socorro

Sé que ella preferiría que la escribiera su loca Lola, la que provoca un montón de chascarrillos en medio minuto y se larga con faldas y a lo loco como si no hubiera roto un plato. Sin embargo soy yo quien viene a hablar de la mujer duende, de esa mujer mágica que una vez encontré en estos caminos tortuosos como livianos que nos toca transitar hasta que la parca nos llame a filas.
Quizá, convencida, que de Socorro ya se ha dicho todo pues su vida, además de densa, es muy vivida y siempre compartida, pero mis ojos son míos y como míos que son ven lo que les da la gana porque la edad es un grado y cuando se llega a una edad que solo lo marca tu intima y personal percepción, dejas las composturas, el qué dirán para otros, y tú te desnudas y comienzas a ser tú misma, eligiendo, deseando, rechazando, aquello que tu alma te pide en cada momento. Sí, sigues viviendo un poco para los demás, más si eres generoso y por tus venas fluye el caudal de dar y compartir. Sin embargo comienzas a quererte, a atreverte a mirar a ese espejo que apunta tus canas, que desdibuja tu juventud, que descose recuerdos para asegurar otros. Espejo que perfila con descaro tus ojos debilitados de ilusiones, marchitos de deseos carnales. Retrata tu cuerpo encorvado por tantas láminas de acero, parches apuntalados para no venirte abajo por tantos desfalcos y batallas que te entregó la vida y tú tuviste que hacer frente. Tus velos, tus duelos, ahí están pero de ti se ha marchado la prisa, ese temor a perder el tren, y estás sola contigo, mirándote de frente, fregando y maldiciendo tus pérfidos pensamientos y obsesiones, desvistiéndote y volviendo a dibujar un deseo, a coser una ilusión, a bruñir tus ojos de arco iris, a sofocar tus incendios con abrazos y otros menesteres, pues sabes que tu piel sigue sintiendo una caricia y que tirita si le falta. “Es tu hora” Te dices mientras rastreas a esa niña que siempre durmió dentro de ti a pesar de que su hora pasó. La sacas, la sientas a tu lado, la cantas una nana y la cuentas…cuánto te pesa la soledad. Ambas os juráis lealtad, os agarráis del corazón y volvéis a salir al mundo, ese mundo a veces tan inhóspito y cruel pero otras tal vital, tan dinámico y lleno de luz por conocer que, Doñita y Socorro no pueden resistir sus ansias de presentar batalla hasta que esa parca, siempre al acecho, venga a por ellas.
Yo me miro en tu espejo y me zurzo, me coso, me hilvano, y me remiendo si hace falta a tu corazón repleto de cabeza porque para mí eres esa voz de mi conciencia que de vez en cuando me susurra palabras honestas besando mis torpezas mientras te empecinas en enderezar mis locuras.
Hoy, un día cualquiera del calendario, la lluvia llueve melodías dulces mientras te retrato con mis torpes letras sin más que decir que una gran señora llena nuestras vidas, esos que rodeamos tus horas de risas y quejidos, de sueños y llantos y juntos escribimos una esperanza.

Socorro Mármol Bris, nuestra gran dama de la escena literaria.