martes, febrero 21, 2017

HISTORIA DE UNA CUBIERTA

No hay duda que fue un flechazo, nunca pensé que fuera así. Me imaginaba a Suso, un perro de agua cantábrico, merodeando por la cubierta, o una pistola, o tal vez una bandera republicana hondeando mientras Regalito, una de sus protagonistas, con sus cabellos color fresa te mira de frente. Sin embargo, me colocaron delante varias posibles cubiertas y nada más que vi esta, mis ojos, el corazón y la cabeza se cosieron a su imagen. Había algo en ella de nostálgico, de soledad y tristeza, de ensoñación, de silencio, de música, sensualidad, que evocaba perfectamente la esencia de la novela. Si te fijas, hay agua, nubarrones, y gaviotas. Los dos primeros aparecen justo al comenzar la historia cuando Juana, la protagonista barrunta que algo se tambalea bajo sus pies, en su vida. Si observáis, hay 13 gaviotas, las trece palomas mensajeras que van desmenuzando este thriller psicológico tan lleno de odio y ternura, de miedos y esperanza.
Hace poco pedí que me ayudaran a buscar un lema que a grandes rasgos definiera un poco el título de la novela. Mi gratitud a todos aquellos que se prestaron sin saber de qué iba la novela; solo manejaban unos pocos renglones “Así comienza la novela...”A veces te acuestas con la sorpresa engatusada en la mente y te despiertas con la cabeza descolocada y el corazón trotando por mundos desconocidos. No haces otra cosa que preguntarte ¿por qué ahora? Todo lo que sale de ti son palabras inconexas, recuerdos descosidos, trapos desgarrados como sentimientos que una vez te robaron o quizá te arrancaron de cuajo para no sentirlos más. Sin embargo nadie sabe, ni siquiera tú mismo, que no quitaron la raíz y que esta durmió agazapada detrás del corazón para que en un instante impreciso en tu recorrido vital emerja como semilla del diablo...” Hoy mirando mi cubierta que a partir del 16 de marzo ya será de vosotros, de los lectores, Ángel Miguel Marcos, lector concienzudo, se acercó poderosamente a la esencia “Mujeres Descosidas buscan modista que repare los desgarros de sus almas” y Mara Marley, maravillosa escritora, puso la guinda “Como jirones de nubes que se agitan en el viento, hay mujeres que ondean banderas, cosidas con retazos de vida, hiladas por cicatrices sin costuras. Mujeres que ocultan una semilla a punto de germinar”
Mientras escribo estas líneas siento que se me va escapando la emoción porque si mi segunda novela va a ser realidad en pocas semanas es gracias a vosotros, a los que conozco y desconozco porque “Uno solo no puede. En equipo llega a algún lugar”

De todo corazón, ¡Muchísimas gracias!

lunes, febrero 20, 2017

A VECES TODOS SOMOS IGUALES

Soy animal de costumbres, más, por las mañanas. El café despeja las nieblas más hondas, sin embargo los velos suaves e insinuantes del sueño tardan en evaporarse. Tal vez, de ahí, que necesite de una rutina para no extraviarme.
Bajo una cuestecilla todos los días a la misma hora. Me sé los socavones, los pasos de cebra, el sol menudo al doblar la esquina. Continúo y, al cruzar la calle, me espera ese suave aroma dulce, entrecortado, leve, profundo. Es la pastelería con la trampilla a medio subir que nos deleita desde el obrador a los durmientes que vamos camino del trabajo.
Sistemáticamente en el momento que me alcanza el tufillo cierro los ojos; me agrada empaparme de esa dulzura de crema, masa y azúcar.
Hoy, al abrir de nuevo los ojos, me he topado con un hombre parado justo en la puerta que realizaba miméticamente el mismo gesto que yo, aunque entre ambos había todo un mundo. Yo olía a jabón y me sobraban kilos en mi cuerpo. Él,  hacinado en una cáscara gruesa de suciedad y un aspecto famélico.

Era una instantánea regia, digna y titubeante de cualquier ser humano. La limpieza y la mugre, la gula y la necesidad…, cuatro palabras que nos alejaban y, sin embargo, los dos, la riqueza y la pobreza unidas por un pequeño placer.

jueves, febrero 16, 2017

PRIMERA ESTACIÓN, 16 de marzo

Hoy es 16 de febrero. Eran las las 4,25 h cuando un pájaro se ha puesto a tatarear las bondades de un nuevo día. Tropezándome contra todos los muebles que he encontado a mi paso, he podido llegar a mi destino y me he asomado al balcón. Se le oía tan nitidamente que he cerrado los ojos; era una sensación, un sonido, placenteros. La ciudad que nunca duerme, Madrid, se me antojaba mansa en sus bordes, inquieta en su esencia, aventurera en cualquiera de sus aristas. He respirado hondo ese aroma de amanecer de vientecillo fresco y sueños por estrenar.
Sí, hoy es 16 de febrero,en un mes será 16 de marzo y mi segunda hija nacerá a los ojos de los lectores. Mentiría si dijera que no tengo miedo, que no estoy asustada, pero por encima de todo me puede la ilusión, la ilusión de aportar una quimera más a este mundo de las letras.

16 de Marzo, Madrid. 30 de marzo, Valladolid “Mujeres Descosidas”

martes, febrero 14, 2017

SIEMPRE

“Cuando seas viejo, te quiero con sabor rancio pero gallardo; independiente y eternamente gaviota. Parco, raspa y salado como tu mar. Cuando tu piel se marchite y tu esqueleto se curve, deseo tu envoltura ácida, pero tierna en tu interior. Cuando el tiempo rasque nuestras voces, sueño con oír tu susurro en mi tímpano. Cuando las nubes fluyan a tus ojos, porque la edad todo deteriora, anhelo tu chispeante mirada de pícaro empedernido. Cuando tus manos tiemblen, espero tu roce tibio sobre mi cuerpo, pues mi deseo por tu persona no habrá tiempo que lo acalle.
En los albores de tu senectud… te estaré esperando, te estaré esperando siempre”

Final del capítulo V de "Sevilla...Gymnopédies"

lunes, febrero 13, 2017

LLUVIA

He abierto la ventana. El cielo es tan plomo como la propia ceniza, y llueve. Escucho las gotas precipitarse a la nada, llorar sobre los cristales y su música silente, recogida, en calma, me hace alejarme del mundo que muerde.
No he cerrado la ventana, he querido que la armonía de ese silencio me hablase a través del agua porque hay días en que se me atascan las palabras y no sé definir aquello que me rodea, y hoy es uno de esos días.
Las compuertas permanecen cerradas, nada me transporta, nada me inquieta, nada siento. Sin embargo la lluvia  serena mis ausencias, su agua lánguida adormece mis malos pensamientos, su furia loca vitaliza mi letargo.
…Se ha hecho el silencio hueco. Tal vez sean segundos y después vuelva el soniquete de sus alocadas campanillas. Esperaré, hoy tampoco siento ni el tiempo ni el reloj. Esperaré. Levanto el rostro en mi ceguera y encuentro al cielo de plata con ese discreto encanto del agua por venir. La luz que despereza al día, de tan oscura que es, ahuyenta mis nostalgias y recuerdos; mejor.
Ha vuelto. Sí, tímidamente pero va llegando de nuevo y, sin saber cómo ni por qué, mis piernas se precipitan al vacío. Voy en su busca… Hoy llueve, llueve sobre Madrid. El asfalto se torna en un atascado lienzo de coches sin rumbo. Miro y de pronto veo que hoy es un hermoso día a pesar de todo.

Tal vez piense esto porque he amanecido viva entre tanto cadáver que me oprime y, ¡al fin! el agua que me despierta me hace ver  que detrás de cada gota de lluvia  se halla esa estrella a la que persigo sin cesar.

sábado, febrero 11, 2017

DE MUJER A MUJER, retrato de Socorro

Sé que ella preferiría que la escribiera su loca Lola, la que provoca un montón de chascarrillos en medio minuto y se larga con faldas y a lo loco como si no hubiera roto un plato. Sin embargo soy yo quien viene a hablar de la mujer duende, de esa mujer mágica que una vez encontré en estos caminos tortuosos como livianos que nos toca transitar hasta que la parca nos llame a filas.
Quizá, convencida, que de Socorro ya se ha dicho todo pues su vida, además de densa, es muy vivida y siempre compartida, pero mis ojos son míos y como míos que son ven lo que les da la gana porque la edad es un grado y cuando se llega a una edad que solo lo marca tu intima y personal percepción, dejas las composturas, el qué dirán para otros, y tú te desnudas y comienzas a ser tú misma, eligiendo, deseando, rechazando, aquello que tu alma te pide en cada momento. Sí, sigues viviendo un poco para los demás, más si eres generoso y por tus venas fluye el caudal de dar y compartir. Sin embargo comienzas a quererte, a atreverte a mirar a ese espejo que apunta tus canas, que desdibuja tu juventud, que descose recuerdos para asegurar otros. Espejo que perfila con descaro tus ojos debilitados de ilusiones, marchitos de deseos carnales. Retrata tu cuerpo encorvado por tantas láminas de acero, parches apuntalados para no venirte abajo por tantos desfalcos y batallas que te entregó la vida y tú tuviste que hacer frente. Tus velos, tus duelos, ahí están pero de ti se ha marchado la prisa, ese temor a perder el tren, y estás sola contigo, mirándote de frente, fregando y maldiciendo tus pérfidos pensamientos y obsesiones, desvistiéndote y volviendo a dibujar un deseo, a coser una ilusión, a bruñir tus ojos de arco iris, a sofocar tus incendios con abrazos y otros menesteres, pues sabes que tu piel sigue sintiendo una caricia y que tirita si le falta. “Es tu hora” Te dices mientras rastreas a esa niña que siempre durmió dentro de ti a pesar de que su hora pasó. La sacas, la sientas a tu lado, la cantas una nana y la cuentas…cuánto te pesa la soledad. Ambas os juráis lealtad, os agarráis del corazón y volvéis a salir al mundo, ese mundo a veces tan inhóspito y cruel pero otras tal vital, tan dinámico y lleno de luz por conocer que, Doñita y Socorro no pueden resistir sus ansias de presentar batalla hasta que esa parca, siempre al acecho, venga a por ellas.
Yo me miro en tu espejo y me zurzo, me coso, me hilvano, y me remiendo si hace falta a tu corazón repleto de cabeza porque para mí eres esa voz de mi conciencia que de vez en cuando me susurra palabras honestas besando mis torpezas mientras te empecinas en enderezar mis locuras.
Hoy, un día cualquiera del calendario, la lluvia llueve melodías dulces mientras te retrato con mis torpes letras sin más que decir que una gran señora llena nuestras vidas, esos que rodeamos tus horas de risas y quejidos, de sueños y llantos y juntos escribimos una esperanza.

Socorro Mármol Bris, nuestra gran dama de la escena literaria.

miércoles, febrero 08, 2017

SOMOS GAVIOTA

Foto de Rafa Rúiz
¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos  sueños?
Cada día, al despertar, perfilo mi álbum de anhelos fundidos en la almohada y sonrío al comprobar que permanecen mullidos en mi corazón. Serán ellos los que me ayuden a encarar un hoy que, tal vez, sea lluvioso.
Son mis quimeras nocturnas las que tejen los gestos que he de depurar si aún quiero enroscarme en una estrella y dar luz a mis manos para entregarte después mi utopía cosida a las alas de una gaviota para que vueles… conmigo.
Tiemblo emocionada al comprobar que la vida en sí no es un fin, ni siquiera un destino, sino un viaje donde se vive cada instante, una estela dibujada con mis obras en el horizonte para que tú, con ojos de mil colores, la vivas conmigo.
¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos  sueños?
No sería yo, no sería nada y, por tanto, no podría compartir contigo la luz de mis fantasías.
… Porque soñar es dar vida al vuelo y al canto de esa  gaviota que duerme dentro de nosotros.
Hoy he desplegado mis alas y he visto que los días van ganando luz. En las ramas nacen botones y el paisaje comienza a mutar. Vivir en el campo en esta época del año debe ser una experiencia única  si es que tu vida no está marcada por un reloj, porque para ver nacer la primavera has de olvidarte del tiempo y perderte por esos paisajes que aplacan el ánimo y escarban en tu interior hasta que florece tu sensibilidad. Es un regalo gratis.
En las zonas frías aparece la flor del romero que se quedará hasta el otoño con nosotros; su aroma es como un incienso silvestre. Es un regalo gratis.
Si vives en la costa, mira a esa mar que te espera, ornéate del sol tibio mientras tus pies se desperezan con la espuma, emborráchate de aroma salado y húmedo, lee el silencio en la arena deshabitada y escucha el rumor de la ola mientras la gaviota picotea en la orilla. Es un regalo gratis.
En el campo ahora comienza el cielo a acercarse un poquito más a la tierra y,  por la noche, cuando las nubes han sido barridas, las estrellas repuntan sobre tu cabeza. Es un regalo gratis.

En estos días en que  el invierno se va alejando sin retorno, los presiento como una tregua para el espíritu. Te sientas en un parque, en una plaza y sientes como la gente aparca sus desdichas por unos instantes y toman un café, aunque sea amargo. A veces el sabor de ese café es demasiado intenso, tan intenso y negro como las circunstancias que a veces nos rodean, pero mientras tanto esa gente invisible, sin rostro para ti, proyectan una sonrisa al presente. El mañana está demasiado lejos.

lunes, febrero 06, 2017

ESE CIELO QUE DESPIERTA

El cielo se desploma. Tan zaino que da miedo. De dos grises hoy te acicalas. En distancias cortas, tu cenizo plomo es templado y mentiroso y, según te alejas, se aproxima la bravura de tu sombrío amanecer invitando a la melancolía de tu lacerante soledad.
No obstante, no te intimidas, te acercas a él con el pasado borroso, esos azotes de la memoria que recuerdan aquello que creíste borrado. Pero nada se borra, solo cicatriza el ayer perpetuo.
Este cielo que hoy amanece sembrado de tempestades, de agua y viento, alterna sensaciones clavando sus púas sobre tu piel dormida. Te miro y, cuánto más te miro, más bello me parece tu cielo de febrero.
Me tientas como ese diablo que se disfraza de soles engañosos a que salga a sentir tu agua para lavar mis penas que hoy, despertaron tan inciertas como desviadas.
¡Ay cielo, cielo! Te observo tras los cristales mientras derramas tu luz romántica en mis haberes de otros tiempos. Ya no soy la misma que tú conociste. De temor y miedo visto mis días, pero me gusta sentirte tras los cristales ahumados de mis recuerdos.
Tanto me provocas, que despejo el cristal y el agua rocía mi rostro mientras el aire agita mi pelo ya de por sí alborotado.
No hay luz que hoy pueda contigo. Del empeño y tesón surge tu rabia, esa rabia oscura, tal vez casi negra, en que empañas el día que amanece.

No voy añorar ni el calor ni mi sur sureño, no atenderé tus provocaciones. Simplemente hoy gozaré de ti.

miércoles, febrero 01, 2017

DE VENTANAS Y TEJADOS

Las ventanas poseen un mágico imán para mí. Es asomarme a ellas y sentir que mis ojos despliegan sus alas paseándose por las nubes, los edificios, mojándose de lluvia, niebla o de perpetuos amaneceres…
Era una mañana soleada de grados templados y cielos rasos. La espera se me hacía incisiva a pesar de estar rodeada de soñadores como yo aguardando el turno de una cita que no llegaba. En un momento indeterminado sentí que a mis pulmones no les llegaba el oxigeno necesario y pedí una ventana, una soledad, un silencio. Me depositaron en un despacho al abrigo de la calma y volví a encontrarme, aunque tuve que salir corriendo tras mis ojos pues se escapaban por una ventana. Nada más sujetar a ese par de ladrones de sensaciones supe el porqué de su fuga. La ventana era chiquita con un par de plantas en su poyata. Algunas hojas estaban secas de hielo, los fríos atrasados las mataron. Las quité con cuidado y emergió la belleza simple sin florituras ni ornamentos, la sencillez estampaba su riqueza. Entonces volví a sentir la fuga de mis ojos que volaban lejos a la lontananza de una sierra nevada en sus picos para regresar y depositarse como dos pajarillos en un tejado.
¿Por qué me parecen tan románticos y evocadores los tejados, techumbre de secretos inconfesables, bóvedas de amores clandestinos? Tejas gastadas de edificios llamados viejos y alturas bajas, de vertientes a dos aguas que en esas horas amainaban sus fríos pasados a un sol alegre de finales de enero.
Tejados de tejas de colores gualdos, rubios, pajizos, ambarinos y dorados. Una amalgama en la que mis ojos se mecían en el sosiego de una hora incierta hasta encaramarse en la barandilla de una balconada, un mirador de trastos abandonados pero aún así de vivo clamor por la vida. Una bicicleta colgada de su pared desconchada, una maleta mal cerrada, un minúsculo ventanuco entreabierto flagelando de airecillo sus raídas cortinillas. La colada tendida de un hombre pulcro sin duda por los elementos encajados de mayor a menor tamaño en pinzas de madera. Dos espontáneos geranios de rojo reventón ponían la nota colorista a aquella naturaleza muerta como si de un cuadro de Agustín Arrieta se tratara. Un perfecto bodegón de nubes, tejados y la vida de un balcón, morada de un hombre sin conocer.

Se abrió la puerta, ya era mi turno. De mis ojos colgaban esa belleza cotidiana que nunca miramos.

lunes, enero 30, 2017

LA APRENDIZA ASUSTADA

¡Estoy hundida! No nos hemos llevado el título de miss universo, se lo han dado a la francesa. Con la necesidad aplastante que tenemos de reivindicar nuestro orgullo español, van y nos lo chafan. Menos mal que como noticia consoladora he leído que Trump está redecorando el despacho oval y que una nieta de Simeón de Bulgaria se ha metido a cantante…, el que no se consuela es porque no le da la gana.
Tan consolada estaba que he decidido ponerme otro café olvidándome que estaba en casa de mi madre y con mi manía de rentabilizar a la oscuridad el esquinazo del pasillo me estaba esperando ¡Qué torta me he dado!...Este pasillo me tiene manía y se ha propuesto que llegue a la presentación de “Mujeres Descosidas” cosida y acribillada a golpes. Claro que esto me pasa por mi afición a viajar más que el baúl de la Piquer; tanto voy y vengo que no sé dónde moran mis huesos. Anoche me preguntaba una amiga “¿Cuándo has venido?” Y yo contestaba “He llegado de Valladolid esta tarde” A lo que mi amiga replicaba “Pero si estás en Valladolid, habrás llegado de Madrid” Y yo añadía “Bueno, no sé de dónde vengo pero en algún sitio estoy”… A veces la gente se pone muy puntillosa a que seas exacto en las explicaciones con lo lindo que es divagar. Sobre esto mi Pepe tiene una teoría que sostiene que yo quise nacer maleta y al no ser posible, me compré una maleta y me paso el día pacá y pallá… Bueno, es una teoría como tantas muchas. Lo bueno es que mi Pepe no me impide ser mujer maleta, me deja total libertad, a cambio de que yo no le convierta en hombre maleta porque a él lo que le gusta es su sillón, su prensa e interiorizar los interiores de la economía global y casera. Me malicio que también le gusta y mucho sentirse liberado por unos días de mi presencia versátil aunque tenga que fregarse las sartenes, cosa que le pone mucho desde que Peluche pequeño le enseñó la técnica de bruñir sartenes. ¿Veis cómo hasta las mentes más sintéticas y elevadas tienen sus derivaciones terrenales a la par que absurdas? Comprobar estas comprobaciones me tranquiliza mucho, es más, me inspiran a que yo siga dando caña a la manivela del teclado cada amanecer no amanecido. Lo malo es que  me gustaría ser más seria con mis letras locas, al menos a ratos. Hablaros, narraros, historias, sentimientos, pero no puedo, la bola estomacal crece de día en día. La que se me avecina es “muy tomate” y de mucha responsabilidad. Parir una segunda novela no es difícil. Lo difícil es estar a la altura de las expectativas y lograr que te lean y tú dejar buen sabor en el paladar mental de los lectores ¡Ahí me duele!
Cuando eres un novato el propio desconocimiento te hace ir con faldas y a lo loco, pero cuando pasas al estadio de aprendiz ya es otro tomate con sabor a ser consciente de lo que te estás jugando.
Por eso reírme de mí misma es un ejerció sano que me libera de miedos y tensiones,  y  me hace reconocer que el mundo es de los valientes que, aunque no ganes, al final siempre ganas, al menos la experiencia de un momento vivido que, de la otra forma, la del confort, nada arriesgas, nada ganas.
Vivir es ir improvisando mientras ganas experiencia en algo como, por ejemplo, ir sorteando a los Judas que te salen al camino, a los amigos que van y vienen y los enemigos se acumulan… Esto no es mi caso aún ¡Toco madera!, pero no puedo ignorar y mirar hacia otro lado como si esas situaciones no existieran o no me fuera a pasar a mí; una cosa es tener tu puntito de chifladura para soportar la necedad que muchas veces te viene de visita, y otra cosa muy distinta el deber de tener adosados los sesos en la realidad circundante propia y ajena.
En fin, aquí lo dejo por hoy. Me acaba de sobrevenir el buen sabor que me dejó el partido de Federer y Nadal, dos ejemplos vivos, para mí, de cómo hay que caminar por estos mundo obtusos.
¡Ay, por favor, no me dejéis solita! Esto es mucho pollo para un cuerpecillo tan chiquito como el mío.

¡Buena semana, amigos!

sábado, enero 28, 2017

¡MALDITO WIFI!

He estado a puntito, eh, a puntito de enloquecer pero gracias a mi inmensa pesadez que es mucha, la situación está en standby. Todo hay que decirlo, mi Pepe ha echado un cable para que la situación no se nos fuera de las manos. A cada uno hay que darle lo suyo y mi Pepe acumula méritos por doquier, por ejemplo tragándose el rosario de exabruptos que le gustaría desembuchar en ciertos momentos críticos cuando su santa, es decir yo, pierde el norte y se precipita al sur en caída libre y sin encomendarse tan siquiera a la Virgen de los buenos libros.
Y no es que yo pierda el norte con facilidad, de hecho soy poco asidua al norte, pero las circunstancias a veces me ponen al borde del abismo y esto es lo que me ha sucedido días pasados cuando muy de mañana, tan de mañana que las farolas seguían siendo sostén a más de uno que salía de esos antros que no duermen, pues bien, me dispongo a sumergirme en mis hábitos de cibernauta a gogó y el ordenador me hace una pedorreta. No la doy importancia por mi carácter benévolo, y continúo insistiendo y el ordenador erre que erre. Ya harta de tanta pedorreta mañanera pillo por el pasillo a Peluche pequeño y le digo muy suave (a este mío Peluche tienes que ir como la seda o te manda a tomar café sin que se le despeine una pestaña) “Hijo, el ordenador dice que no hay WIFI, ¿tú podrías hacer algo?” Como está dormido, me hace caso y toca no sé qué, pero mi intimo amigo WIFI se cansa, se estresa, el caso es que mi ordenador me sigue pedorreando. Total, decido ser positiva, nunca negativa, me olvido de Google y me pongo a escribir. Pero, claro, siempre escribo con el diccionario de sinónimos y antónimos abierto, pero como no hay WIFI, se hace visible mi léxico tan lejano, a años luz, de mi envidiable Luis Mari Anson, de los hombres que más ennoblece a la lengua castellana por su riqueza lingüística y, chicos, que una maquineta te saque los colores y que te diga a la cara lo pobre que eres expresándote pues fastidia y mucho. Así que decido en mi incipiente desesperación despertar a mi Pepe que estaba orquestando junto a Perro una sinfonía de broncos ronquidos, me manda a tomar vientos y sigue durmiendo sin despeinarse. Entonces ante la impotencia, comienzo a tocar aquí, allá y al más allá, y nada. Se levanta mi Pepe y remata la faena. En ese punto creo que ya no había WIFI en kilómetros a la redonda, pero como mi pesadez puede ser peor que una mosca cojonera, mi santo Pepe se va con Perro a la tienda de informática. Allí al pobre, igual que le venden kilos de tomates a por mayor, le venden un aparato que supuestamente hace llegar el WIFI hasta Marte si es necesario. En esto, se había vuelto a hacer de noche y aparece Peluche pequeño y  le enrolamos a nuestra causa y toca aquí, toca allá y parece que unas leves y tímidas hondas vuelven a entrar en el dulce hogar de los GarciQuesos. Nos vamos a la cama tan felices y como yo, cuando estoy a las puertas de publicar novela, por magia potagia se me evapora el sueño, pues me levanto y el ordenador me escupe pedorretas por doquier. Me pongo en el ordenador de mi Pepe, se lo bloqueo. Me pongo con mi tablet, la desconfiguro. Cojo el móvil, lo desvirtúo… A estas alturas de la película, entendedme, mi cabeza estaba más agitada que el sonajero de un bebé. Ya no tenía chismes tecnológicos para cargarme y me puse a velar el sueño sinfónico de mi Pepe en espera que abriera el ojo. Lo abrió y después que le explico mi problemática, me dice abruptamente “Qué te den por el florero… Si eres una inútil, yo no tengo la culpa” Y se mete en la ducha. Debió pensar que desapareciendo bajo la lluvia el asunto se había finiquitado. Abre las correderas tan lavadito y fresco y allí estaba yo en un mar de lamentos. Apenas le dejo tomar un café de esos que me salen malos a conciencia y se va a la tienda de informática cargando con seis  kilos de ordenador, el chisme de las ondas que supuestamente tendrían que llegar a Marte, y yo. El empleado suspira sin perder sonrisa blanca (en estos casos esas sonrisas falsas hasta se agradecen), mira mi ordenador y dice que está sano. No tiene colesterol, tensión estupenda, tiroides equilibrada y el problema reside en los tabiques de la casa: reprimen el WIFI. Mi Pepe en un hilillo de voz y temiendo que  su santa, es decir yo, decidiera tirar las paredes con tal de tener WIFI pide encarecidamente que le explique por enésima vez cómo funciona el chisme de las ondas. Volvemos a casa con los seis kilos de ordenador y repite operación de tocar aquí, allá y más allá y ¡Milagro! Google aparece dicharachero y juguetón… Beso, abrazo, achucho a mi Pepe y el muy borde me vuelve a decir “Que te den por el florero”

A estas alturas más que supuesta escritora, soy un jardín de flores… pero con WIFI.

viernes, enero 27, 2017

LEE, SUEÑA, APRENDE

El mundo se está poniendo del revés; no solo hay un cambio climático, existe una modificación humana abrasiva. Leer la prensa es un martirio obligatorio si te quieres sensibilizar con lo que está ocurriendo y tú no te enteras si no lo lees. Traducir entre líneas lo que se cuece, los motivos que mueven a unos y a otros, la violencia que subyace dentro de mucha gente, la agresividad de las palabras, la incoherencia de las conductas. Por mucho que quieras ver, mirar, deleitarte, con la belleza del hombre en sus actos, hay veces que la otra realidad insalubre se apodera de ti.
Se dice, se aconseja, que no debemos sentir vergüenza por barruntar el miedo en nuestra piel y que la vida te pone en tu sitio a base de bofetadas… Tal vez el conocimiento nos dé alas para ser libres, críticos y sepamos el caudal de nuestra ignorancia para ponerle coto.

La clave está en leer para la regeneración humana.
¡Buen fin de semana!

miércoles, enero 25, 2017

DIARIO DE UNA APRENDIZA, señales

¿Vosotros creéis en las señales? No os pregunto por las señales de tráfico porque en esas hay que creer sí o sí o te das la castaña o lo que es peor, se la da otro que no tiene culpa de que tú seas un suicida.
No, yo os hablo de esas señales que recibes y que son mágicas. En tu cerebro, de repente, se enciende una bombilla incandescente a modo de semáforo cerebral con un mensaje que dice “Sígueme “Este semáforo no tiene muñeco sexista ni verde ni rojo, es light ¿Qué, sabéis de lo que os estoy hablando? Un poquito de por favor que os veo venir y calladamente, chillando a pleno pulmón, me estáis llamado chiflada. Pues no, quizá sí…, yo qué sé. Mi Peluche mayor dijo un día, no sé si para que su madre tomara nota, no lo sé, pero me manifestó “Hay días locos y locos todos los días” Está claro que yo acumulo días locos casi todos los días. Incluso San Agustín dijo “Es lícito hacer al menos una locura al año” Y me adjudiqué ese eslogan del S IV, lo he reseteado y actualizado a mis necesidades.
Pero yo de lo que os quiero hablar no es de chiflados ni de locos sino de una señal “Indicio de una cosa, por el que se tiene conocimiento de ella” Aparentemente es inofensiva, incluso recibes un pálpito del corazón que te dice “Toc-Toc, averigua que algo pasa”… ¿Tampoco habéis oído el Toc-Toc corazonal? Me parece que vosotros sois como mi Pepe que de místicos, no creéis en nada, chiquillos que así no se va por la vida, que o te chiflas un poco o no soportas la necedad humana…, entre otras cosas.
Bueno, para mí es un indicador de “Non Stop”, una guía, un símbolo, una indicación, una llamada, “pa que tire palante” y cuando la recibo me quedo como más tranquila, como si la locura que me permite San Agustín está bendecida por los hados. No penséis que recibo señales todos los días, no, no me cabría tanto semáforo en mi cabeza. Sólo y de momento, he recibido señales en dos momentos concretos. Mis dos novelas poseen duende. Que sí, que digo muchas sandeces, pero os juro por mis dos Peluches que lo que os estoy contando es verídico, nada inventado. ¡SEÑALES!
En la novela actual, MUJERES DESCOSIDAS, son tres señales… ¿Qué, os ha picado la curiosidad? ¡Ay, curiosones!
13 cartas, una pistola y la última señal, de momento, la recibí anoche, 16 de marzo. Pensaba que esa fecha era como cualquier otra, pero no ¡Quia! Qué va, qué va, mucha enjundia tiene el asunto.
¿Qué hay que estar un poco loquillo con los pies en la nubecillas algodonosas para recibir señales no sexistas sin muñeco ni rojo ni verde? SÍ.

Ahora no puedo seguir desarrollando el tema porque el plumero me lleva llamando desde hace un rato, pero lo desarrollaré, ¡anda qué sí!, e incluso el que quiera, le puedo iniciar en señales…, y gratis total, que para eso sois mis lectores.

lunes, enero 23, 2017

¡MAMÁ QUIERO SER ARTISTA!

Desde pequeña sentí que había nacido para ser artista. Lo de menos era la rama pues cualquiera me valía. La danza, piano, cante o actriz…, todas me atrapaban, me hacían sentirme sublime solo con pensarlas. Era ver un escenario, una tarima, y me subía aunque fuera a gatas. Allí arriba saludaba  a mis hipotéticos admiradores con gracia y desparpajo y a continuación sacaba a relucir mi virtuosismo. Todo en imaginación, claro, porque la danza que en aquel entonces era o clásica o cursi, no me admitían por mi torpeza. Lo del piano era la emoción oculta de mi madre, pero mis dedos se quedaban tiesos o agarrotados así que no avancé tampoco por ese camino. El musical, ni os cuento, y eso que tengo mis estudios de solfeo pero mi garganta siempre fue por libre o la debí tener profunda, así que tampoco. Sin embargo actriz, sí que hubiera dado la talla si no fuera porque soy capaz de inventarme lo que sea menester, pero no memorizar, descartado también.
Así estuve soñando las dotes artísticas hasta los trece años que conocí a mi alma gemela, Mari Pili. Hacíamos un tándem perfecto. Ella ideaba, yo ejecutaba. En esta etapa abandoné mi afán por los escenarios y me concentré junto a Mari Pili en los negocios. Belleza, seguros, timos, una variedad. A resultas todo fueron fiascos, los negocios no eran lo nuestro, pero aprendimos la mejor lección de vida: reírnos. Lástima que no se nos ocurriera enrolarnos en el circo, ahí hubiéramos hecho papeles estelares. En fin, nos quedamos con la risa.
A los dieciocho cambié de registro y traté de aprender ajedrez que tampoco aprendí pero ligué mogollón. A los chicos de mi época les gustaba una muchachita como yo con aires seudo intelectuales. Incluso Mari Pili y yo decidimos ir al cine de arte y ensayo ¡Qué rollo!, nuestras cabezas estaban creadas para otra cosa así que abandonamos.
Y ya me centré definitivamente en ser periodista cuando un día en clase de latín, don Leoncio, el cura, me dejó escribir mi primer artículo para el Norte de Castilla ¡Qué sensación de poderío!, la pluma iba por la izquierda, las palabras por la derecha…, bárbaro. Soñaba estar con Pérez Reverte en alguna guerra lejana y yo con micrófono en mano sacando la lengua a pasear, pero tampoco fui periodista. No había periodismo en Valladolid y mis padres llegaron a la conclusión que había muchas otras carreras en Valladolid para que su hija se ilustrara. Total, estudié Filosofía y Letras y me convertí en una chica del montón sin destacamento en nada especial.
¿Me siento frustrada? A veces un poquillo sobre todo cuando la memoria, sin llamarla, se me agolpa sin venir a cuento y me recuerda lo grande que pude llegar a ser y lo chiquitina que fui realmente.
Anoche oí hablar, no sé dónde, se me ha olvidado, de los hemisferios. No de los terrícolas sino los humanos. Nuestros sesos se dividen en dos cachos: la derecha y la izquierda. La derecha es la emocional y la izquierda la racional. Llegué a la conclusión de mis anomalías, es decir, un trozo no me funcionó en su momento y por eso no pude ser artista. Claro que pensándolo bien, me sigue sin funcionar un cacho. No sé cuál, pero uno fijo que me impide ser un ser total encima de un escenario o encima de la mesa de la cocina; una tarima también me vale. En fin, ser o no ser, esa es la cuestión.

¡Buena semana!

viernes, enero 20, 2017

YO, LA OSCURIDAD Y EL FRÍO

¡Vaya leche que me acabo de dar! Otro esquinazo del pasillo que me he comido. No entiendo el porqué de ponerse chismes a mi paso, ¿no se dan cuenta de lo peligrosa que resulto? El pasillo de la casa de mi madre está lleno de magulladuras mías; el otro día arranqué una jamba en mi estrepitosa caída. ¿Y a mí qué me pasó? Nada, un dedo de la mano negro, una rodilla morada y dolor en el tobillo.
Antes pensaba que la culpa podría ser mía pues mi manía de andar a oscuras siempre me pasaba factura. Hoy no. La culpa es de la minuta de la luz, estoy convencida sino, leed la cabecera de cualquier periódico “La luz en máximos históricos”, y mi cabeza que es premonitoria, comenzó a ahorrar en luz mucho tiempo atrás previendo esta subida.
Bueno, no sé, el caso es que hace un frío que apaga las pestañas. Estoy escribiendo con guantes y el moquillo colgando y llevo unos días con la imaginación apaisada o apagada como la luz para no gastar neuronas. Si es que hasta el humor lo tengo congelado, estoy convencida que si me río se me congelan los dientes o las muelas dependiendo el tamaño de la risa, así que estoy toda apretada en mi yo pero ni por esas entro en calor. Una  flemática interior, aséptica, distante y abúlica, invade mis ríos de tinta convirtiéndolos en carámbanos como el agua de ciertos ríos o fuentes; temo que mueran mis letras por inanición calenturienta y salir en la prensa como el caso del escritor muerto en un fresco y gélido amanecer. En la habitación en la que estoy a las seis de la mañana marcaba 16 grados Fahrenheit; toda la vida mi dormitorio fue llamado La Siberia, ¿lo entendéis, verdad?  No es cosa de ahora sino de la eternidad.

Pa no gastar luz llevo puesto una camiseta térmica, un pijama de franela, una chaqueta, una bata, dos pares de calcetines, dos mantas y los guantes; es que no me puedo mover, puñetas, más bien parezco el gordo de Michelin pero en colorines. Estoy por ponerme un café para calentarme aunque sea un ojo pero para templar tengo que poner microondas y entonces gasto luz… ¿Qué hago?
Al menos os desearé buen fin de semana, eso no gasta luz.

martes, enero 17, 2017

LLANTO

Cuántas veces hemos llorado sin hallar consuelo y, cuando las lágrimas de nuestros ojos se agotaron, siguió la lluvia del alma calando cada pasaje de nuestra tristeza ¡Cuántas veces!
Llorar no sana penas, pero reconforta. Es como dar rienda suelta al nudo ahogado de un sentimiento asfixiado de tanto dolor.
A veces los sollozos son empáticos, se comparte con tu compañero de camino  esa sensación de dar cauce a un sentimiento.
Llorar, llorar convulsionándonos de risa hasta que en nuestros ojos aflora un aguacero alegre de estrellas en forma de agua pura.
Cuántas veces, de pronto, nos encontramos llorando sin saber el porqué de esas lágrimas solitarias que corren silenciosas por nuestro rostro ¡Cuántas veces!
Algunos dicen que llorar es mostrar debilidad. Otros sostienen que es enseñar nuestra sensibilidad… No sé, a mi me sienta bien. Cualquier faceta del llanto me alivia, y despeja cualquier nube que me impida ver o sentir con claridad.

No nos deberíamos avergonzar de nuestro llanto. Es una de las manifestaciones más honestas, sencillas e inocentes del ser humano.

jueves, enero 12, 2017

TU AMIGO ALZHÉIMER

Son tus ojillos achinados de ratoncillo asustado los que me guían por tu sendero extraviado. Ahora son dos niños desmemoriados y desconocidos, Pilar y Antonio, que miran sin entender, que mezclan imágenes de ayer cuando la memoria se instala en la librería y saca el tomo de su infancia, o cuando la ira baña vuestra boca por la impotencia de no ser dueños de vosotros mismos. Cuando volvéis a la realidad miráis vuestras manos repletas de añadas y lágrimas furtivas alimentan la pena.
Aunque déjame decirte Antonio que a pesar de que te despistes muchas veces y dentro de la tristeza que produce esa sensación de que vas dejando de ser tú para ser otro, en tus descabalados caminos eres divertido, enciendes ternuras infinitas, y abres el corazón de cualquiera a la comprensión irracional… Cuando me relatan tus iniciativas, todas naturales, llenas de lógica para ti, tu fiel compañera tiembla al preguntarse dónde irán a parar, si ella será capaz de enderezar tu voluntad desconocida.
Pilar, tú que hablas con la muchacha del calendario, que compartes tu comida con ella,  repartes tertulia muda con una flor inexistente, y clamas por tu niñez, por tus padres y vete tú a saber cuántas cosas más, te has convertido en la tierra que tus hijos guardan para que no se pierdan tus semillas… Cuando tu hija me habla de ti, no puedo poner otra imagen que la de tus hermosos ojos, la belleza de antaño y el recuerdo de tu afán por la limpieza...

Antonio y Pilar, Pilar y Antonio, volvéis a la niñez de aquella remota época, a los laberintos de la ignorancia, para que los vuestros os guíen hasta el mañana porque el mal del olvido se ha instalado en vuestras horas, en ese reloj que no entendéis qué hace ahí, absorto, relegado a que alguien le ponga en funcionamiento.

martes, enero 10, 2017

EPIFANÍA PRIMAVERAL

Hoy ha amanecido despacio, bostezando los primeros rayos rojizos en muchos días en el que el cielo se obstinó en abrir los ojos ahumados de gris.
Al rato, bajé al jardín con mi perro y su trote eran saltos alegres de bienvenida al día, como queriéndole atrapar. Entre las ramas desnudas, aunque repletas de yemas delicadas, se colaba un sol tibio; mirarlo no hacía daño, era aún demasiado benjamín y fue cuando los descubrí… Una aglomeración de pajarillos, inusual en esta época de fríos tan pegados  a la tierra, se arremolinaba en esos ramales desabrigados, expuestos sus esqueletos a la intemperie del crudo invierno. Saltaban haciendo verdaderas acrobacias, extendiendo sus diminutas alas en un vals de silencios compases. No así sus voces que me regaron los tímpanos de una música celestial.
Cerré mis retinas para atrapar aquel momento y que éste corriera por mis sensaciones como una manantial de agua fresca rodando desde la montaña.
Me invadieron dos emociones que mi letra, aunque acostumbrada a trasladar al lector mis percepciones así como a entretenerle, se vio empobrecida por encontrarse limitada a portear aquella paz tan hermosa como la sencilla alegría del momento.

Volví a casa llena de primavera a sabiendas de que los fríos se han vestido de lobos que parecen incapaces de hacer daño a la vida que está por nacer.

sábado, enero 07, 2017

PROPÓSITOS

La áspera realidad lleva llamándome toda la semana y yo haciéndome la loca, negándome al orden y a la rutina, encaramándome en la letra y pensamiento trivial, acogiéndome al cansancio perpetuo que me impide descansar cuerpo y alma y centrarme de una puñetera vez. ¿Es que acaso lo que me espera no me gusta? No lo sé pero mi afán de lucha y riesgo se me declaran en huelga y yo les dejo hacer lo que les viene en gana. Una gripe mal curada ha tenido mucho que ver en mi desidia emocional. Llegó en días en que las personas no hacemos más que abrazarnos, beber y comer, días de buenos deseos y mejores acciones y a la tos, dolor de cabeza y cuerpo trochado, no les deje que incubaran y se fueran. Por el contrario les he arrastrado durante largos días entre grados bajo cero, risas y celebraciones. El resumen es unos ojos que no ven, una cabeza hueca y un cuerpo sin ganas de moverse.
No obstante, la conciencia que es muy persistente, me llama constantemente, tan machacona como esas madres que no dejan de advertir a sus cachorros de que esto es bueno y aquello es malo, así que hoy cuando me he despertado tan despistada como siempre, el pensamiento me estaba esperando junto a la taza de café con una sola frase “Hasta aquí hemos llegado” De verdad he presentido a mi madre como en sus mejores tiempos me daba un repaso que me dejaba del revés. He aguantado el chaparrón resoplando pero he de reconocer que cada reflexión que me ha hecho tenía razón. Debía dejar de marear la perdiz y enfrentarme al orden cotidiano para escribir mis nuevos retos. Aquí no he podido callar y como niña respondona he alzado la voz “Me quedan las rebajas, me chiflan los empujones y revolver entre montañas de jerséis. Además, quiero ser beduina y bailar Paquito el chocolatero en la cabalgata de Triana” Conciencia, sin mediar palabra, me ha lanzado una chuleta en toda la mente como para denunciarla por violencia a una cabeza apaisada.
Cuando he resucitado del chuletón me ha escupido que yo nunca he sido una cobarde y que mi espíritu de Quijote me ha salvado del abismo. Que mi sensibilidad servía para algo más que para bailar La Mayonesa. Que mi cuaderno de apuntes yacía debajo de una pila de ropa sin colocar mientras la novela que estaba escribiendo moría en el olvido. Que mi gente esperaba de mí algo más que una risa boba…
En fin, una bronca en toda regla. He dado un trago al café y me he puesto a deambular por los pasillos de la memoria. En una esquina he encontrado a mi madre retorciéndose las manos de soledad. He atusado su pena y he seguido caminando hasta la puerta del fondo del pasillo y las lágrimas han brotado con una pena descontrolada. No había zapatillas de correr, ni maletas a medio deshacer, un orden vacio chillaba por las cuatro paredes “Ahí te duele amiga”, he escuchado susurrar a mi conciencia mientras mi llanto amainaba.
Me he salido de mi pena para acariciar mis letras olvidadas. Las he mirado de frente. Un diálogo mudo ha surgido entre nosotras mientras un par de ronquidos increpaban mi atención también.
Entonces he levantado los ojos y después de casi un mes de no ver, he mirado con ojos de estar viendo a mi conciencia “Tú ganas”, la he dicho.
Me he dirigido a la cocina, puesto el lavavajillas, hecho dos montañas de ropa por lavar y allí he encontrado mi blog de notas que me ha lanzado una sonrisa de gratitud. Después he descolgado el teléfono “Buenos días mami, ¿qué haces llamándome a estas horas? Te echaba de menos… Estás como una cabra, hija” Después me he ido a la ducha y según iba, un nuevo ronquido ha resoplado en el amanecer. Me he agachado a darle un beso con la ternura disponible, he suspirado hondo y como que una paz ha ido entrado en mis pulmones que me ha sentado la mar de bien.
Si estos son los propósitos para el nuevo año, creo que yo ya he empezado. Ralentizada pero con diminutos pasos firmes… ¿Tú has empezado ya?

PD Me he subido al altillo de la memoria a guardar mi idea de beduina cantando villancicos trianeros hasta la navidad que viene, y he dejado un huequecito para ir de rebajas. Tanta formalidad no me sienta bien.

martes, enero 03, 2017

DESEMBARCO MADRILEÑO

Mi Pepe no lo supera; treinta y un años pa ná, ¡Pobre hombre! Sí, sufre lo indecible y pa ná, porque si el sufrimiento te llevara a buen puerto pues todo gasto es poco si la dicha es grande, pero no es el caso.
Todo empezó hace muchos, muuuchos años, llevábamos casados apenas hora y cuarto minuto cuando me vio bajar de casa de mis padres y me preguntó “¿Qué llevas ahí?” Yo le miré con ojos de enamorá sin estrenar y le contesté “Mis chismes” Primero se quedó catatónico, después se enfadó. Yo le miraba sin comprender mientras pensaba que me la habían dado con queso y mis neuronas jóvenes y frescas me decían “Aún hay tiempo, sin consumación, tú te vuelves por dónde has venido y aquí no ha pasado ná”… Todo aquel pollo por tres maletones sin bolsas ni bolsitas ni bolsos ni bolsitos, sólo vestida de novia y mis tres maletones. Grandes, eran inmensos, no voy a mentir, pero de ahí a sacar el tigre que llevaba dentro y al cual no había tenido el desgarro de conocer, va un abismo. La sangre no llegó al río y el tiempo hizo que fuéramos cogiendo confianza y ya sabe que a veces la confianza da asco.
Claro en aquellos tiempos, me parece la edad del cromañón ahora que lo pienso, uno se conocía a medias, había restricciones de todo tipo y no sabía que mi Pepe era tan austero y él no sabía de mí que era “tan tantarantán” que según pasaron los años el “tan tantarantán” se fue convirtiendo en otras versiones hasta desembocar en la actualidad en una chachichoni…, yo, él sigue tan enjuto y austero. Primero fueron los niños. Traslada sillas, sillitas, biberones, juguetes y juguetitos. Después, mascotas, mascotitas, bolsa y bolsitas, maletas y maletitas. Mi Pepe ya se compraba los coches en función del maletero; si era grande, compraba el coche.  Daba igual, yo llenaba el coche hasta debajo de los asientos; en este punto comenzaron a aparecer las bolsas y bolsitas que se acoplaban a espacios mínimos, y mi Pepe cada vez más y más inflado. Ya no llevaba dentro un tigre sino un tigretón. Yo me hacía la ofendida sorprendida porque no entendía ni entiendo que por veintisiete mil chismes se desquicie y se ponga malo malito penoso.
Pero es que lo de hoy ha sido muy fuerte, creí que me quedaba viuda. No atinaba ni a hablar, sólo decía “No hay lechugas en Madrid que hasta te tienes que llevar lechugas vallisoletanas” “Pues sí, Pepe, las lechugas de mi pueblo son frescas y baratas” ¡Qué viaje me ha dado con las lechugas! Cuánto más se metía con mis lechugas, más se alteraba Vicky, la coneja, que veía peligrar su plato favorito que son las hojas de lechuga. El perro parecía estar en un partido de pimpón mirando a uno y a otro temiendo que se bajara la ventanilla del coche y salieran zumbando él, las lechugas y las bolsas y bolsitas.
Para que no se alterase más, he descargado su coche, su coche de alta gama reconvertido a fragoneta por la chachichoni de su mujer, ¡Qué cara de dolor! Bueno de dolor tampoco, más bien de leche fermentada.
¡Tengo un dolor de riñones al jerez tela! Pero ya todo colocado, mis plantas, mis maletas, maletitas y maletones. Mis huevos, mis tomates, mis bolsas y bolsitas. Mis cuadros y cuadritos, mis reyes y reyecitos, ah, y mis lechugas.

De verdad, ahora que no me lee nadie, no seáis como yo. Estáis a tiempo, lo mío ya no tiene solución más que nada porque no siento arrepentimiento ninguno, y como me quiero mucho, me perdono.

sábado, diciembre 31, 2016

2017

Nada es gratis, 2016 me lo contó y me hizo trabajar en todos ángulos de mi vida, eso sí, acompañada de una buena estrella que me ha guiado los 366 días. Al nuevo año que está por nacer le pido tres sueños: Humildad para encarar el día a día. Humor para sobreponerse en los avatares cotidianos y así iluminar mi vida y la de todos los que me rodean. Justicia para todos aquellos que carecen de ella como esas personas que vagan buscando un terruño que les acoja, por esos niños sin dueño ni calor, sólo rodeados de terror e infortunio. Por esas colas del hambre que se dan en nuestra España…
Los deseos son sueños que si no se trabajan con tesón no se cumplen. Cierto que la buena estrella juegan un papel muy importante, pero nuestro empeño por encontrarla que no falte. Y, si al final, no ha podido ser, una sonrisa y el cariño de un buen amigo que no nos escasee nunca pues ahí hallaremos el calor y el consuelo que hemos perdido.

¡Muchísimas gracias a conocidos y desconocidos! Vamos a por el 2017, mi perro y yo estamos preparados. Un beso muy grande para cada uno de vosotros. Tranquilos, tengo mogollón de besos, nunca se me terminan.

martes, diciembre 27, 2016

DICEN QUE SOY

No entiendo cómo la gente me dice “Tienes una tos de perros” He mirado a mi perro y le he dicho “Tose, Frost”…Perro no ha tosido; ha ladeado la cabeza que es su pose inteligente y se ha largado. Y harta de toser y toser, de lamentarme que me duele todo y nada, me he levantado, he encendido el ordenador y, ¿diréis lo que me ha salido? Un artículo titulado “Cómo ser pesado y no se note”… A mis pulmones les ha debido fascinar pues se han olvidado de toser y se han puesto a leer. Claro, y yo con ellos, somos indivisibles.
¿Algo interesante, productivo? Pues no. El que es pesado, se le siente antes de llegar. Yo misma, hay veces que no me aguanto por mi pesadez pesada, y me meto en la cama a ver si me duermo y me olvido de mí misma. Me levanto más oxigenada, pero cuando cojo carrerilla, vuelta la burra al trigo. Menos mal que soy pesada sólo en días impares, en los nones me dedico a otras actividades un poco más provechosas.
De todas formas, ¿qué es peor, ser pesado, un cenizo, un egocéntrico monocorde, un lastimero a tiempo completo…? El orden de los factores no altera el producto. Es decir, cuando alguien es pesado posee un amplio catálogo para aburrir al personal. Tengo un conocido que solo habla de enfermedades y cuando huelo su persona me desintegro para que no me encuentre. También tuve un espécimen en mi vida “canelita en rama” y ahí no valía ni desintegración ni suicidio. Me lo comía viva o muerta… Era mi jefe, ¡Ayyyyy qué jefe! Diez años juntos, más de nueve horas diarias con sus minutos, segundos y fiestas de guardar. Hay días que sueño que soy un clon suyo y me despierto con los ojos de la niña del Exorcista. Sólo hablaba él y después él, y más tarde él y yo iba sintiendo cómo me iba poseyendo poco a poco y mi voluntad era suya y mis pocos sesos también suyos, toda yo era suya… Mi Pepe, un santo y mis dos peluches asimilaron que su mami era diferente como Spain is diferent.
Pero dejé de ser pesada y fui feliz. Sin embargo, el otro día estaba yo en mi etapa creativa haciendo gala de mis estudios de marketing directo hechos en un curso exprés por internet (con resultados tan nefastos como aquel que os conté de maquillaje, me temo), y llega Peluche y me dice “Mamá, no me lo tomes a mal”…Cuando alguien comienza así, malo, temeros lo peor, pero yo, madre coraje, dejé mis creaciones creadoras y le miré “Mami estás muy pesada con tu novela. Tienes Facebook achicharrado, Instangram…” Aquí calló Peluche, yo creo que para que su madre fuera digiriendo su mensaje. Dio un trago de cerveza, postura inteligente, cosa que yo no hice, porque unos vahos suaves de alcohol a veces suavizan la realidad “Además, mamá, esos eslogan que utilizas son muy malos, las fotos ni te cuento… Yo te lo digo, mami, por tu bien, porque yo te quiero bla, bla, bla…” Volvió a dar un trago a la cerveza y se fue y ahí me quedé yo, su madre, no sé muy bien cómo me quedé, no me dio tiempo pues apareció mi Pepe que, mirando a la pantalla del ordenador, dijo en tono muy alentador “Gordita, ¿de dónde sacas esas ideas tan absurdas?” Y se fue también y yo me quedé con mi creatividad creadora a solas, mirándonos la una a la otra en una intimidad casi conventual. La mente apaisada, ni el perro me hacía “la cobra cabra” como Bisbal a Chenoa, nada.

Me fui a la cama, me desperté, mi tono vital dormido con ojos abiertos, me puse mi cafetito, encendí el ordenador y, ¿diréis lo primero que me sale en la pantalla? Pues un anuncio que decía lo siguiente “Estrategias para vender más libros” Cómo no voy a ser pesada, puñetas, si Google, el Internet de los demonios me incitan… En fin ¡Feliz 2017! Os deseo que la risa se haga un hueco en vuestras vidas

viernes, diciembre 23, 2016

CALLE TAHONAS, NÚMERO 6

…Es una calle, justo al lado de la calle Harinas. En las ciudades, hace muchos años, había zonas en las que los nombres de calles iban asociadas a un gremio específico como los zapateros, carpinteros…, pero eso dejó de existir. Sin embargo se conservan vestigios de aquel entonces.
Tahonas es una calle pequeña, estrecha y fea. Los edificios de antaño de una planta fueron derribados y sustituidos por otros de tres pisos o cuatro. Fachadas sin personalidad, arquitectura de los sesenta que hoy la tacharíamos de minimalista.
Ver esta calle de día sientes que aún es más fea. La luz se cuela en ella y desnuda su perfil, sacando sus hoyuelos más pobres, sus carencias, pero la fealdad tiene dos caras al igual que la belleza, es cuestión de abrir tus cinco sentidos.
A Tahonas siempre llego de noche por calles ensortijadas, igual de estrechas que Tahonas en las que aún persiste la arquitectura popular de un tiempo que fue. Casa de un piso, otras de dos, de balcones pequeños y ventanas chiquitas y enrejadas algunas. Puertas humildes que en verano cuelgan un cortinaje descolorido por el sol castellano. La estrechez desemboca en una plaza igual de chiquita con un frondoso árbol que cobija en su sombra dos bancos. La luz se pinta de huevo y farolillos cosidos a las paredes que, cuando la niebla cae, este pequeño mundo de calles se convierte en letra de un cuento de Dickens.
Tahonas posee once arbolillos de tronco anoréxico y copa graciosa. De su estrecha cintura aún se saca hueco para aparcar coches sin pretensiones.; ni gama alta ni media, simplemente coches.
En el número 6 hay un barecillo, también sin ninguna pretensión de ser lo que no es; un bar de barrio con clientela fija. Eso sí, limpio, impoluta su compostura, con unos caldos fantásticos, una barra colorida de manjares que hacen las delicias de los visitantes. Sus dueños, un matrimonio amable, cariñoso, pero que sabe cuál es su sitio y de ahí no pasa. Me gusta pegar la hebra con Avecinda en su cocina minúscula mientras ella trajina entre cacerolas y yo me bebo un clarete cosechero.
Este barecillo tiene algo curioso: en su puerta hay un banco corrido en el que caben no más de tres personas. Es un banco mágico donde me siento a fumar descubriendo la calle Tahonas. Su silencio es glorioso, relaja la excitación de los sentidos catapultados por el ruido del día. Los cristales de los coches se convierten en espejos; se ve la televisión donde corre un balón sobre un césped verde chillón, y yo me veo en blanco y negro mientras se colorean en ellos unas letras “raB sairA”… Respiro la noche, hago mis balances mientras un cigarrillo se consume. En algún lugar han sonado las campanas; cuento hasta doce toques y me doy cuenta que sentada en ese banco de la calle Tahonas he pasado de día y ya estamos en el 23 de diciembre. Sonrío, cojo el móvil y marco un número. Una voz loca y juvenil me contesta y yo digo “Feliz cumpleaños, feliz navidad, hijo”
Va cayendo la niebla y atrás dejo la calle Tahonas, esa calle que de fea, es hermosa.

¡MUY FELIZ NAVIDAD!

domingo, diciembre 18, 2016

RECORDANDO...


Relato escrito para el taller de recuerdos de la residencia donde vive mi madre...

-¡Por Dios, que no son fechas!- La voz de Loli se escuchaba enérgica y hasta enfadada mientras María agarrotaba sus manos en la puerta de la calle diciendo “Me voy a mi casa” Menos mal que en ese momento pasaba José por allí y trató de disuadir a María de su intento de fuga.
-Mujer no me seas cabezota. Si te vas cuando venga nuestro hijo Jesús, ¿qué le voy a decir?- María mira a José, agacha la cabeza y se sujeta al bastón de José y ambos se van al salón.
-¿Dónde te quieres sentar María?
-Cerca del teléfono, José. Quiero hablar con Jesús.
-Si hoy va a venir, mujer. Luego le cuentas todo lo que quieras, pero ahora está trabajando. Anda, vamos a sentarnos con Goyita- y María se deja llevar por José, siempre lo ha hecho.
María mira hacia todos los lados pues hoy encuentra algo diferente que no sabe qué es.
-José, ¿qué día es hoy?-José la mira con ternura, se para, atusa su pelo blanco y dice…
-Esta noche celebramos que nuestro hijo viene, pero no se lo digas a nadie es sorpresa- María le mira sin entender y se sienta al lado de Goyita que parece triste- ¡Buenos días, Goyita!-dice José con voz cantarina-¿Qué, recordando Goyita?
-¡Hola José! Sí estaba recordando…-y la voz de Goyita se apaga.
-¿Qué es lo que recuerdas, Goyita?-pregunta María intrigada-entonces Goyita levanta la cara y cuenta sus recuerdos…
-Al mirar a ese árbol que ha engalanado Marta, me he acordado cuando yo era muy niña… Recuerdo que no tenía zapatos, eran unas alpargatas que mi madre cosía y cosía, no había dinero para más, pero yo no sentía frio… Recuerdo una navidad que mi madre me llevó a casa de los amos a felicitarles las fiestas. Mi madre antes de entrar me leyó la cartilla “Saluda, no hables si no te hablan. Estate junto a mí, no te muevas, y si te ofrecen algo de comer, coge una sola cosa y la más pequeña”… Recuerdo que entramos en una casa muy grande. Hacía calor, era muy bonita. Agarrada al delantal de mi madre fuimos a una habitación muy pero muy grande y llena de libros hasta el techo, por lo menos. Saludé como me dijo mi madre, pasaron una bandeja llena de dulces y tardé en elegir pues todos eran del mismo tamaño, no veía ninguno pequeño. Cuando lo tuve en mi mano, no lo comí, me lo guardé en el bolsillo del abrigo… Recuerdo que sonreí pero mientras lo hacía, vi algo que me llamó tanto la atención que me fui corriendo para verlo de cerca. Era muy grande, de pared a pared, nunca había visto nada igual… Muñecos muy pequeñitos, ovejas, pescadores, labradores, una inmensa estrella… Estaba tan concentrada que no sentí una mano que se posaba en mi hombro “¿Te gusta Goyita? Es un nacimiento” Entonces volví mis ojos y vi a una mujer muy guapa que me daba un paquete. Miré a mi madre y ésta me hizo señas para que lo cogiera. Me daba pena abrir el paquete pues estaba envuelto en un papel precioso y, además, estaba tan emocionada porque nunca había tenido un regalo… Recuerdo que lo abrí despacio, muy despacio. Descubrí una caja de cartón ¡Tan bonita! En la tapa ponía mi nombre escrito en la letra más preciosa que yo hubiera visto nunca… Recuerdo que abrí la caja ¿Diréis lo que había dentro? Unos zapatos brillantes, nuevos, preciosos y eran miiiiiios... Mi madre me los puso ¡Qué bien se andaba con ellos! Me puse a saltar y una niña se acercó a mí y me preguntó ¿Me puedo poner tus alpargatas rotas? Síii, la contesté y las dos seguimos saltando… Fue el día más bonito de mi vida… Recuerdo que al día siguiente  era navidad. Me levanté y al querer ponerme mis zapatos nuevos vi que lo único que estaba eran mis alpargatas muy bien cosidas como mi madre lo hacía…, entonces comprendí que mis zapatos, el nacimiento, el dulce, habían sido un sueño de una niña pobre como yo…
-¡Qué pena!-dice María
-Pena ninguna-salta Goyita muy orgullosa- En aquellos tiempos a los pobres no se nos permitía ni soñar y yo, María, soñé, tuve el sueño más bonito que un niño de aquellos tiempos podía tener.
…Y Goyita, María y José siguieron hablando, recordando y cuando la noche envolvió de niebla Valladolid, Loli terminó de poner las últimas figuras del Belén. María, José y el niño Dios ya estaban en su lugar y cuando Goyita bajó a cenar, encima de su plato halló un paquete. Lo miró mientras unas lágrimas furtivas se mezclaban con una sonrisa.
-¿No lo abres?-preguntó Rosa la cocinera.
-No, quiero seguir soñando.


sábado, diciembre 17, 2016

HAY DÍAS Y DÍAS

Hay días que me despierto con el miedo cosido a la piel. No sé lo qué temo, pero pensar que he de salir al mundo a lidiar mis horas, agarrota mis huesos y las sensaciones se esconden.
Hay días en que aunque me empeñe en pintar soles sobre mis paredes, no alcanzo a ver la luz.

Hay días en que el reloj de la vida araña a mi ánimo.

Hay días en que me levanto con ganas de no hacer nada, de mandar todo al carajo y quedarme contemplando a la nada.

Hay días en que no encuentro mi camino, me levanto ciega y si no fuera por mis lazarillos blancos, no hallaría mis horas.

Hay días en que la cabeza no responde a los impulsos externos; sólo quiero llorar. Estoy cansada y me siento devaluada como una moneda, pero llegan Chus, Montse, Virginia… mis palomas blancas y recupero mi memoria.

Hay días que me despierto y pienso que todo lo hago mal, que la edad me está facturando la energía consumida.

Hay días que me siento avestruz desplumada, cobarde y pusilánime… Y, sin embargo, la vida me llama a que salga a su encuentro.


Hay días en que necesito una sonrisa, una palabra de ánimo que me invite a bailar las horas con el coraje y el humor suficientes, pero no lo tengo. Entonces surgen como de una nube mis palomas blancas  para decirme con la luz de su mirada ¡Feliz navidad!