viernes, febrero 16, 2018

DE MUJER A MUJER

Sí, de mujer a mujer, esa que ayer parió, y otro día tuvo que enterrar a un hijo y a un marido. De mujer a mujer, esa que ayer se divorció y no sabe qué camino tomar. De mujer a mujer, esa que oculta moratones y sigue dando la vida por él, ese hombre al que adora y la domina, o esa mujer que aguanta carros y carretas y ahí está, o esa mujer que vende su cuerpo porque no halló otra salida. De mujer a mujer, sí, esa que yace desconsolada porque no hubo varón en su vida o, prefirió la soledad de sus horas. Sí, a ti mujer...
Preferiría que este monólogo de mujer a mujer lo escribiera la loca Lola que duerme en mis entrañas, la que provoca un montón de chascarrillos en medio minuto y se larga con faldas y a lo loco como si no hubiera roto un plato. Sin embargo, soy yo quien viene a hablar de mujer a mujer, de esa mujer mágica, fuerte, débil, astuta, resolutiva, atolondrada y siempre una roca.
Como mis ojos son míos y como míos que son, ven lo que les da la gana porque la edad es un grado y cuando se llega a una edad, que solo la marca tu intima y personal percepción, dejas las composturas, el qué dirán para otros, y tú te desnudas y comienzas a ser tú misma, eligiendo, deseando, rechazando, aquello que tu alma te pide en cada momento.
Sí, sigues viviendo un poco para los demás, más si eres generosa y por tus venas fluye el caudal de dar y compartir. Sin embargo, comienzas a quererte, a atreverte a mirar a ese espejo que apunta a tus canas, que desdibuja tu juventud, que descose recuerdos para asegurar otros. Espejo que perfila con descaro a tus ojos debilitados de ilusiones, marchitos de deseos carnales.
Espejo que retrata tu cuerpo encorvado por tantas láminas de acero, parches apuntalados para no venirte abajo por tantos desfalcos y batallas que te entregó la vida y tú tuviste que hacer frente.
Tus velos, tus duelos, ahí están, pero de ti se ha marchado la prisa, ese temor a perder el tren, y estás sola contigo, mirándote de frente, fregando y maldiciendo tus pérfidos pensamientos y obsesiones, desvistiéndote y volviendo a dibujar un deseo, a coser una ilusión, a bruñir tus ojos de arco iris, a sofocar tus incendios con abrazos y otros menesteres, pues sabes que tu piel sigue sintiendo una caricia y que tirita si le falta.
“Es tu hora” Te dices mientras rastreas a esa niña que siempre durmió dentro de ti a pesar de que su hora pasó. La sacas, la sientas a tu lado, la cantas una nana y la cuentas… ¡Cuánto te pesa la soledad! Ambas os juráis lealtad, os agarráis del corazón y volvéis a salir al mundo, ese mundo a veces tan inhóspito y cruel pero otras, tal vital, tan dinámico y lleno de luz por conocer que, de mujer a mujer, no podemos resistir nuestras ansias de presentar batalla hasta que esa parca, siempre al acecho, venga a por nosotras.
Yo me miro en tu espejo y me zurzo, me coso, me hilvano, y me remiendo si hace falta a tu corazón repleto de cabeza porque para mí eres esa voz de mi conciencia que de vez en cuando me susurra palabras honestas, besando mis torpezas mientras te empecinas en enderezar mis locuras.

Hoy, un día cualquiera del calendario, la lluvia llueve melodías dulces mientras de mujer a mujer, con mis torpes letras sin más que decir que las mujeres, sí, tú, la otra, la de más allá, llenamos las vidas de otros, rodeamos las horas de risas y quejidos, de sueños y llantos, y juntas escribimos una esperanza, una luz que dinamite la oscuridad en la que este perro mundo, a veces, no siempre, trata de arrinconarnos.
Sí, me gustas mujer. Mujer de las mil caras, pero siempre mujer.

martes, febrero 13, 2018

PEDRITO Y SAN ANTONIO

Esta historia no es mía, me la contaron entre vasos de ginebra, el humo de un cigarrillo, y unas cuantas confidencias más…
Pedrito era un niño que creció al calor de un poema y una familia abrigada de valores. Un chiquillo que jugaba y leía, y su universo era, tan grande, como sus ojos al mirar el horizonte tangible que se extendía ante él.
Cada día su madre le iba a recoger a la escuela y como misión prioritaria nada más terminar el colegio era pasar por la panadería. Esos momentos significaban para Pedrito ser paloma en un cielo libre de deberes colegiales. Saltaba, hablaba a borbotones, la felicidad corría por su ánimo como cualquier niño de su época que un nada representaba un todo con una pizca de imaginación que pusiera.
Cuando llegaron a casa, su madre le mandó hacer los deberes de ese día, pero no pudo ser…, no encontraba su mochila, la había perdido entre bote y bote tratando de alcanzar una estrella.
Su madre se lo quedó mirando, nada dijo hasta después de un rato.
-Pedrito, ¿cuánto dinero tienes en la hucha?
-Veinticinco pesetas.
-Pues se las vas a llevar ahora mismo a San Antonio.
-¿Y quién es ese señor?
-Un amigo mío que lo imposible lo hace posible.
Y allá fueron, a la iglesia del barrio y Pedrito soltó sus veinticinco pesetas y con ellas el sueño de comprarse un cuento.
A la mañana siguiente, San Antonio se portó y, cuando Pedrito y su madre fueron a la panadería como era su costumbre, allí estaba su mochila. El niño miró con gratitud aunque sus ojos cantaban tristezas; no podría comprarse el sueño que vio en el escaparate de una librería.
Tal vez fuera San Antonio, quién sabe de misterios, el caso que ese mismo día cuando se pararon en el semáforo, su madre le dijo:
-Pedro, mira al suelo, creo que es un billete-el niño raudo se agachó.
-Sí mamá, un billete de cincuenta pesetas.
-¿Ves? San Antonio cumple siempre y te devuelve tu sacrificio con creces.

Hoy Pedrito ha crecido tanto que le llueven canas por su barba acicalada y sus sienes argentadas de sueños esperando. De vez en cuando, cuando el ramalazo despistado de un pensamiento le visita, con su caminar pausado de experiencias, se va un rato a ver a San Antonio. El tiempo le hizo agnóstico de casi todo, sin embargo San Antonio es otra cosa. Es un poco amigo, un cacho confesor y mucho de recuerdo, y le gusta contarle sus cuitas, meditar en la afasia de una iglesia y luego, cuando siente el orden en su venas correr, se va a tomar unas cañas pensando que agua pasada no mueve molino, pero la memoria no muere si uno no quiere.

Y así, de tanto verso leído entre Lorca, Machado y muchos más, Pedro, nuestro Pedrito, escribe en verso todo aquello que siente revolotear en su vida.

sábado, febrero 10, 2018

CONSUELO

Era uno de esos atardeceres en que no ves la luna tan empañada de aguaceros, aunque el viento se esforzara en borrar de la claraboya celeste tanto gris enfurecido.
Sin embargo, la lluvia dio una tregua, el vendaval se aplacó y salí a ver la noche; difícil con tanto rascacielos trepando a un firmamento falsificado de estrellas. Sequé una silla, me senté y encendí un cigarrillo prohibido. Respiré hondo tragándome el aire de unas algas perdidas y presentí unos instantes de placer que desde hacía días se me negaba.

- ¿Está libre esa silla? -levanté la cara desconcertado buscando una voz musical.
- Sí, sí, por supuesto- y me apresuré a limpiar la otra silla del agua indiscreta.
Y a mi lado se sentó una mujer cardada de años, enfundada en una gabardina; la observé, era la imagen de la feminidad, de esas mujeres que no quieren desprenderse de su segunda piel trabajada con ahínco tal vez casi desde que nacieron.

Abrió una pitillera, sacó un cigarrillo y yo rápidamente un mechero. Cerró los ojos mientras los primeros humos la embalsamaban. Manos cuidadas, dedos de pianista y peinado de antaño.

- A ti también te gusta fumar, eh. A mí el médico me lo ha prohibido. Bueno, me han prohibido casi todo, pero no me han quitado mi güisqui de buenas noches. Jamás entenderé a los médicos. Tampoco me esfuerzo lo más mínimo en hacerlo. Quiero vivir hasta el final con la intensidad del que siente que el tiempo que vivo ya es un regalo de la naturaleza.
Hace cinco años la muerte me robó a mi Antonio. Fíjate, de la noche a la mañana ¡Qué mal, qué mal estuve! Hasta me enfadé con él, pero no me quedó más remedio que perdonarle. Antonio se acababa de jubilar y quería vivir a tope con los ahorros de toda una vida. Estaba fenomenal, bueno, yo también. Le llevaba diez años, pero no se notaba nada. Ya procuré yo cuidarme, acicalarme y darle todo, dentro y fuera de la cama, para que esa frontera de años no existiera. Y, ya ves, va y se muere. Soñando toda la vida pasar los inviernos en Canarias y se va sin más… Así que, aquí estoy, disfrutándolo por los dos. Los hijos no duermen estos quince días que paso aquí. Lo único que presienten son desgracias y holocaustos para su madre ¡Andad, hijos, dejadme en paz! Son excelentes muchachos, me cuidan y me quieren, pero yo tengo mi vida y ellos la suya… En fin, se acabó el cigarrillo. Me voy para adentro pues va a comenzar la sesión de baile y me encanta ver bailar a las parejas… ¡Cuánto nos gustaba a mi Antonio y a mí bailar!
Por cierto, disculpa no me he presentado, me llamo Consuelo y soy de San Juan, al ladito de Alicante.

Con las mismas, se levantó rociándome de una sonrisa blanca en mi rostro, seguramente de agradecimiento por haber escuchado su íntimo monólogo o, quizá, porque ella sentía la sonrisa como algo más de su segunda piel.

sábado, febrero 03, 2018

MIS PASEOS EN AUTOBÚS… EDUARDO

Llevaba días acumulando olvidos como el que colecciona postales, pero la desidia me podía y renegaba de las obligaciones. De esa manera me subí en el autobús  en dirección de un destino sin recordar.
Aquel día estaba lloviendo y el autobús iba abarrotado, reconcentrándose aromas de lo más diverso envueltos en humedad.
A trompicones pude llegar hasta la penúltima fila de asientos y ubicarme en esos huecos de cuatro en los que todos nos miramos, a no ser que perdamos los ojos por el ventanal. Y ese día me daba pereza hasta mirar al vecino así que me concentré en recordar a dónde iban mis huesos y mi alma despistada cuando, de pronto, me vino un latigazo a perfume de pipa o algo parecido. Mis ojos clavados en mis rodillas comenzaron a husmear las rodillas que tenía frente a las mías, casi se rozaban, se cosquilleaban las cuatro. Estaban tapadas con unos vaqueros gris perla, de los modernos que venden ya rotos, una moda absurda que pagamos por llevar una prenda desarrapada, pero el ser humano ya se sabe como es de incongruente.
Mis ojos siguieron escalando en busca de aquel olor tan grato en el momento que se toparon con un libro, cosa frecuente en el metro o en el autobús aunque cada vez menos usual; ahora está de moda refugiarte en el móvil. Si mi gesto se me escapa, procuro atarlo para disuadirle pues si me enfrasco en el móvil, me pierdo lo mejor que es la vida, esa que va y que viene como los carruseles de emociones que giran y giran y en cada vuelta hay una sorpresa.
Pude leer el lomo del libro, estaba en inglés; no sé lo que ponía, pero tuve la fortuna de un frenazo inesperado del autobús y el libro se movió y pude otear el rostro del dueño del libro. La primera sensación que me vino fue que Quevedo había regresado a escribir algún opúsculo burlesco de la sociedad actual. Tanto el bigote como su minúscula barba puntiaguda, estaban cuidados con esmero. Y sin saber el porqué mis ojos subieron de tono y se chocaron con los de Quevedo… ¡Eran preciosos! Igual que un estanque de agua empecinada, nunca había visto unos ojos verdes tan oscuros en los que sumergirte en ellos era como el deseo de nadar hasta que la flaqueza se adueñara de ti.
No pude seguir con mis indagaciones sensoriales pues le sonó el móvil y lo primero que hizo nada más descolgar fue decir “Eduardo al aparato” y acompañar a su voz de una suave sonrisa eclipsada por una dentadura blanca que iluminaba ese día tan grisáceo.
Me enteré de todo o casi todo. Venía de recoger el finiquito en una empresa e iba a otra a una entrevista. Era traductor y trabajaba por libre y por horas. Se le veía cómodo o habituado a su papel de hombre intermitentemente en paro y, tal vez, tampoco necesitase mucho más, aparte de libros, una buena charla, unos amigos y cuatro paredes para guardar su intimidad… Esto es cosecha mía.
El caso es que Eduardo se levantó y yo hice lo mismo hasta que me di cuenta y me recordé a mí misma” ¿Dónde vas, alma de cántaro, si no sabes a dónde vas?” Y me quedé parada viendo como Quevedo se esfumaba de mi vista dando grandes zancadas firmes y dispuestas a llegar a su futuro inmediato.

El autobús arrancó y me acordé de mi prima Mayte, soltera por convicción, pero que si se le hubiera cruzado por el camino un Eduardo como ese, ya veríamos la firmeza de sus ideas.

miércoles, enero 31, 2018

DE ENERO Y FEBRERO

Ya muere enero entre lluvia, nieve y soles mestizos.
 Ya  se va un mes de cuestas, resacas y rebajas.
Parece que fue ayer cuando doce campanadas nos abrían las puertas a un enero inhóspito per se y, ya ves, hoy se va y mañana viene febrero cortito y carnavalero, amoroso y cuaresmal.

Febrero de colores, entre chirigotas y disfraces, y siempre al sur pues para conocer tu idiosincrasia que se vayan a las islas,  a Cái,  a Sevilla, nunca al Corte Inglés de amores ficticios cualquier catorce de febrero, que vende igual un mes blanco que una colonia empaquetada, pero jamás un beso, un beso que se siente entre dos bocas que se aman.

Yo me pierdo en este mes ensortijado de callejuelas en penumbra y pies racheando a un Cristo mientras en la calle de al lado un costalero ensaya bajo hormigón. Mes de música de capilla, polvo de incienso y cirios color tiniebla, dejando a su pasar aromas de preludio primaveral y un callado rezo de antaño.

Me gusta la luz de Cái riéndose con gracia de las penurias de doce meses, de políticos descerebrados y famosos sin fama. Me gusta Canarias de plumas de avestruz en su esencia de arcoíris y el ritmo en sus caderas. Y me gusta Sevilla desplegando el orgullo de una de sus máximas tradiciones, expresiones que galopan en su alma de naranjo en vísperas de azahar.

Me gusta febrero, me gusta mi tierra, esa tierra que a veces, de tantas piedras que se tira sobre sí misma, cae moribunda en su figura parcheada. Pero, aún con eso, no temo por ella. Es de raza, es vehemente, es crítica, es cínica, es leal, es alegre aunque a veces algo pusilánime, pero ella, ella siempre resurge de sus cenizas calcinadas por tanto pelagatos suelto. Así es mi España que, en febrero, se viste, se disfraza y siente.

Si pasas por ella, para un instante. Observa, huele, siente y después, sigue escribiendo tu febrero más íntimo y personal.

martes, enero 23, 2018

HISTORIAS DE UN AUTOBÚS: Un viudo y una viuda

El estar prejubilado o jubilado del todo tiene sus ventajas: viajas en autobús como un marqués, sin apretujones y eligiendo el asiento. Yo, esta mañana sin ir más lejos, me subí como una marquesa y me senté al lado de una ventana para ver bien el discurrir diario de este Madrid caótico… ¡Lástima! Mi pequeño placer se vio interrumpido por dos nucas que iban sentadas delante de mí; no me pude reprimir mirarlas y observar que, aunque la vida envejece demasiado rápido, hay quien lleva con armonía  y belleza esa edad que esfuma la juventud dejando demasiados estragos no sólo en el espíritu sino, también, en el físico.
Una de las nucas pertenecía a un varón, Rubén, así se presentó a la otra nuca, María. Calva brillante y morena, una. Pelo blanco y perfectamente cortado, otra. La nuca de María era un bosque poblado de ceniza.

La nostalgia de la memoria pronto prendió en los dos ancianos. Ambos se confesaron viudos, y la suerte que tuvieron al haber compartido más de cincuenta años con sus respectivas parejas. Rubén vivió desde que se casó en el barrio de la Concepción donde iban a parar todas las parejas de su época. María, en Claudio Coello, casa heredada de sus padres y que ahora sus hijas se empecinaban en que se marchara de allí por ser muy grande “¿Sabe lo que opino de la actitud de mis hijas, Rubén? Se quieren quedar con la casa, en vez de vivir en Getafe, pero a mí no me echan hasta que me muera” Rubén asentía a las palabras de María “Yo vivo también en mi casa con una hija soltera, pero muchas veces pienso que la estorbo, no porque me lo diga ella, es demasiado buena, sino porque la corto las salidas, los viajes, por no dejarme solo y, ¡con lo a gusto que estoy cuando me quedo solo!” María le cuenta que está encantada de vivir sola porque hace y deshace lo que le da la gana aunque cuando llega la noche, las paredes se ponen a hablarla y le dan demasiado respeto “¿Usted cree, Rubén, que es normal que toda la casa se empecine en hablarme? Se me encoje el estómago y cada día tengo más miedo” “Doña María, con los años crecen los fantasmas. Yo vivo con mi hija y por la noche vienen a mi cama a darme la tabarra… Son muy pesados”

Pasamos por la Puerta de Alcalá y a sus pies crece colorida la primavera “Pues yo vengo de la casa del libro de comprar una novela, me gusta leer mucho. No vea el dineral que me dejo en libros. Luego los que menos me han gustado los llevo a la biblioteca del barrio porque los otros los releo…. Cómo la memoria es tan frágil…” “Yo hago ganchillo ¡Qué cosas más bonitas hago, Rubén! La pena que mis hijas, ya sabe cómo es la gente joven ahora, no lo valora. Pero lo que de verdad me gusta es la zarzuela, me pirria” “¿Qué la gusta la zarzuela? A mí me encanta. Ahora ponen Doña Francisquita… ¿Querría usted regalarme el honor de acompañarme?” “¿De verdad, Rubén, que me llevaría?” “Pues claro que sí, mujer… ¿Tiene usted, algo que hacer mañana” Porque podríamos quedar en la cafetería Miami y luego acercarnos a por las entradas a ver qué días hay?” “¿La cafetería Miami? Si ahí iba con mi marido…”

…Un despropósito, estaba llegando a mi parada y sentía pena tener que abandonar a aquella pareja adorable de ancianos. Me levanté hacia la puerta, y aún pude ver sus rostros carcomidos por el tiempo, pero lo que los años no pudieron borrar de ellos fue la luz de sus ojos y la expresión de adolescentes cuando están entusiasmados por algo.

Me pescaron mirándoles y, en vez de dirigirme una mirada desaprobatoria, me regalaron una sonrisa…

miércoles, enero 17, 2018

UNA VISITA INESPERADA

Una luz dorada se cuela por mi ventana. Las hojas de una planta marchita se iluminan ante tanta vida improvisada.

Una chimenea humea los vahos del frío mientras los tejados se convierten en ríos de plata.

¡Tantos días sin sol! Que nuestras vidas han estado a punto de agonizar entre tanto gris de cenizas. 

Pero hoy, un rayo de sol se ha colado por mi ventana, ha iluminado mis ojos ciegos, me ha vestido de dorados varios.

Mi cuerpo, apenas sin fuerzas por el frío gélido que convirtió mis dedos en escarcha y mi mente en nieve, se ha ido a sentar con sus virus desfasados y sus toses apocalípticas, al lado de una ventana a calentar sus mieses heladas con el crudo invierno.

Hoy es un día de fiesta, ha venido el sol de visita.

lunes, enero 08, 2018

LOLA

Es una noche desagradable. El viento azuza las ventanas, y las surfinias, plantadas en el mirador, tiritan de tanto vaivén. Tal vez, gracias a ese aire enojado, me haya sentado a pensar en ella, a cómo la he visto hoy vestida de domingo a pesar de ser lunes. Ha ido a la peluquería y ha pintado, sus ojos tristes, de fiesta.
Esta tarde ha salido de paseo, ha cogido bastón y bolso y se ha sentado en una terraza; no estaba sola sino rodeada de sus cuatro hijos, sus nueras, y parte de sus nietos. Está más sorda que un tomillo (como se dice en mi tierra al que no oye nada), pero ella trataba de acercarse a ellos para escuchar y, cuando no oía, sus labios risueños sonreían tímidamente. Incluso en algún momento he temido que esas lágrimas que siempre lleva prendidas en el corazón, brotaran en cascada; quizá por felicidad de ver a los suyos y, también, por añorar a su Manolo. Porque no hay día que no le añore, que tenga para él, un recuerdo, un rezo, un suspiro.
Lola en mayo cumplió ochenta años y la sentó fatal cumplirlos. Peina muchas canas en el alma, sus achaques la torturan, pero su esencia late como el primer día en que presentí su facha tierna y adorable. Respira honestidad, cobijo de tantos besos y abrazos. Me gusta mirarla en soledad, en el silencio de esta noche atropellada de puyazos de viento malogrados, recordando ese candor suyo de perpetua inocencia, esa mirada nostálgica esperando siempre algo que no termina de llegar. Me gusta pensarla de lejos, de cerca y de costado, porque la veo como esa virgen dolorosa que aúlla cuando la duele el alma de tanto dolor contenido ya que Lola sufre como ninguna, pero disfruta también recordando, recordando su ayer de chica, de joven, de mujer, de madre. Lola se deleita viviendo la felicidad de otros, y desprende chispas de alegría porque ella es así, igual gime, que llora, que ríe.
Cada vez hay menos Lolas, ¡con lo que a mí me gusta ese nombre! Gotea tronío, carisma, tan nuestro, tan español. Si hasta Machado escribió un poema para ella. Pero, hoy, esta noche de silencio ventoso, déjame que te diga esta coplilla de Federico García Lorca…
Bajo el naranjo lava
pañales de algodón.
Tiene verdes los ojos
y violeta la voz.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
El agua de la acequia
iba llena de sol,
en el olivarito
cantaba un gorrión.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
Luego, cuando la Lola
gaste todo el jabón,
vendrán los torerillos.

¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!

sábado, enero 06, 2018

GOZOS DE DICIEMBRE

Ya terminan los gozos de un diciembre más en nuestras vidas. Hoy seis de enero se sellan sus puertas, se cierran para volver otro diciembre, entre gozos y sombras, entre ausencias y nuevos devenires.

Llueve, llueve tras mis ventanas. Lloran mis cristales mientras una lluvia pertinaz se obceca en regar la tierra sedienta, agrietada y famélica.
Diluvia, jarrea, rocía con susurros mis pensamientos locos, gotea mis sueños sedientos, llovizna mis ojos claros.

Laten mis ventanas, palpitan mis balcones de estrechos nubarrones allá donde el horizonte nace en la oscuridad de una noche mágica.
Y yo miro, miro y miro con ojos de niña esa lluvia dulce y juguetona chapoteando en el patio de mis interiores. Es agua fresca, es lluvia fina en los portales de mis sensaciones.

Nado en silencios, saboreo soledades en esta mañana de Reyes y paquetes, de risas y de llantos, de sorpresas y de chascos, de burlas y alborotos…

Gozos de diciembre os guardo ya en algún rincón de mi vida. Lejos no os vayáis y tomad un chubasquero pues hoy llueve, llueve y llueve para regarnos a todos de sueños rotos y por hacer, de realidades que circundas nuestras horas más silentes.

 ¡Gozos de diciembre, adiós! Y no os rompáis, vuestros colores son un cielo que yo dibujo cada día al calor de una mirada con su letra asonante.


miércoles, diciembre 27, 2017

GESTOS

Ahí están. Tú no los aprecias, ni te das cuenta que te están delatando, y hablando de ti.
 El rostro, ese espejo del alma con sus ojos turbios o luceros del alba.
Boca tensa, entreabierta, o girando hacia el cielo.
Manos perdidas, o extendidas como el ala de una gaviota.
Tu columna encorvada y contrahecha, o como los dedos de Dios, esbelta y alargada.
Todo en nosotros habla sin necesidad de volcar una sola palabra. Nuestros silencios, losas sobre los otros. Miradas perdidas, ciegas de sentimientos. Miradas tiernas, dos soles de bienvenida. Chasquido de lenguas mudas ante el asco, abatimiento del cuerpo que camina sonámbulo ante tanto peso sin resolver.
Hablamos y hablamos y no dejamos de hablar, aunque nuestras bocas no se hayan abierto y nuestra garganta no teclee ninguna cuerda…

Ayer me reproché tanto gesto enojoso y no pude contestar. En las copas de los árboles colgaban perlas diminutas; eran lágrimas heladas como la frialdad de un corazón que no late y su sonrisa yace en lo alto de una rama pelada. Un aire fino a hielo fundido agitaba mi piel desnatada mientras caminaba por las sombras de un jardín abandonado. Era mi nostalgia al despertar, la pena acurrucada en algún rincón de mi alma.

Ayer amaneció un techo de cristal, tan azul como espejo en mis ojos tristes. Perdidos en las tinieblas y las manos colgadas en el precipicio de un cuerpo que se arrastraba… ¿Qué me iba a contestar? Tan sólo el silencio de mis palabras fue serio candidato al óscar a la mayor tristeza.

martes, diciembre 12, 2017

LUZ DE INVIERNO

“Porque escribir es obligar a las hadas madrinas a existir” A. Grandes

Ayer soñé que veía la luz del invierno: recogida, silente, melancólica.  Según avanzaba el tren, el cielo se iba enturbiando y cambiaba su gesto alegre de luz primaveral para suscribirse en la penumbra del crudo invierno. La niebla volvía a oprimir  el corsé y la tierra se veía más fina, insinuante, íntima y muy personal.

En estas tierras apenas nieva, sin embargo  la niebla es la reina del escenario; aprisiona la realidad hasta convertirla en un sueño que envuelve en plomo cualquier cuento mágico que se te pueda ocurrir. Aquí el color del invierno es cenizo y, de vez en cuando, regala días en que el sol te acaricia las sienes mientras el aire de escarcha hiela tus dedos. 

 Hoy he vuelto a soñar;  he soñado que veía nevar y fundirse el cielo con la tierra yerma y, mientras a unos este ambiente les achica el animo, a mí se me afloja el alma, se me abre el corazón, como si tuviera este ventanas y entrara el aire gélido despertando a la sensibilidad adormecida, escondida y huraña desde aquel fatídico día en que la vida me mordió un pedazo de mí misma, y se escapó corriendo para no verme llorar.  Sé que las cicatrices nunca se van, quedan ahí marcadas para no olvidar nuestra propia historia escrita en lágrimas de azúcar y sonrisas eternas. Así este sueño de copos blancos me ha despertado. Luego la niebla me ha envuelto es su manto irisado mientras comenzaba de nuevo a caminar.

Se me antoja pensar que la vida es tropezar y tropezar, soñar y soñar. Después, levantarte, llenar los pulmones y seguir hasta la siguiente caída, hasta otro sueño, una y otra vez…

sábado, diciembre 09, 2017

9 DE DICIEMBRE

-¿Qué miras?
-En la oscuridad se ven mejor las estrellas.
-¿Quieres ver alguna en concreto?
-Sí, una que me guiñe un ojo.
-¿Para qué?
-La verdad, no lo sé. Bueno, sí… Oye, ¿Tú crees que los ángeles existen?
-Lo importante no es que yo lo crea sino tú.
-Yo sí creo, pero hay veces como hoy que no les veo. El tiempo difumina los sentimientos, los rostros, parece que me los robara.
-¡Anda que no eres tonta, hija! Jamás cambiarás. Vuélvete, estoy aquí.
Me he vuelto y me he abrazado a mi ángel. Ahí estaba, como siempre, irradiando paz, pensamientos, corduras, amor, sonrisas de media luna…
-Métete en la cama y duerme, es muy tarde.
-Voy… ¡Ah! Una cosa, Marian, ¿estarás siempre ahí, verdad?
-Pues claro, siempre que tu corazón quiera, el ser humano, cualquier ser vivo, solo muere cuando se le olvida… ¡Vámonos Frostriche!
Antes de apagar la luz he visto a dos ángeles extender las alas: a mi amiga  y a mi perro.

Hoy ha despertado un día turbio, de cielos grises, tan nostálgicos que se me han achicado los ojos con una suave lluvia.  He mirado el calendario, como cada doce meses; marca 9 de diciembre. El café me ha reconfortado y me he puesto a escribir pues he sentido a mis espaldas al ángel que me pedía “No dejes de escribir nunca”, mientras en mis pies un perro mordisqueaba mis zapatillas.

lunes, diciembre 04, 2017

HOLA, ¿CÓMO ESTÁS?

La nostalgia y la tristeza son mis dos grandes batallas por destruir y mientras gano guerrillas diarias, leo para evaporar en letras lo que no sé cambiar o aceptar…

Anoche mis ojos se toparon con un artículo hablando del anonimato creciente que desemboca en una soledad arisca, tan fría como un témpano y mi cabeza voló a la casa de mi madre.

Son pocos vecinos, catorce en total. Son los de siempre más los que llegaron después debido a ventas de los inmuebles por defunción de los antiguos dueños. Menos dos que son hurones mirando al suelo si te ven entrar para no verse obligados a hablar, el resto es un poco una gran familia. Se alegran cuando te ven tirando de la maleta, tocan al timbre si oyen un ruido extraño, o comunico a la vecina de enfrente que estoy por si me necesitara. ¡Es una gozada! No me son indiferentes, no les soy extraña. En cierto modo nos sabemos nuestras vidas sin entrometernos pero sintiéndonos humanos.

Para mí es como un vaso de agua fresca el sentirme identificada, el saberme acompañada tras una pared. Porque hay un problema genérico y acuciante en nuestra sociedad y es la incomunicación, esa soledad lacerante que cada vez azota más y con más rabia.
Las viviendas de hoy es un anonimato tan sordo que hiere. En mi casa somos treinta y dos vecinos; solo conozco a tres y llevo dieciocho años viviendo en el edificio.

Vete al gimnasio, a la asociación de viudas, a clase de arameo, a jugar a ser poeta…, lo que se te ocurra, pero no te quedes encerrado. No es cuestión de edad, sino de actitud. Nos vamos disolviendo como humanos por miedo, por inseguridad, por egoísmo… que, un día, ni nosotros vamos a saber quién es el que está delante del espejo.

La noticia que salió hace unas semanas del hallazgo de un hombre momificado. Llevaba cuatro años muerto, y nadie se acordó de él.

¿Tanto cuesta decir “Hola, ¿cómo estás?”?

martes, noviembre 28, 2017

MAÑANAS MENUDAS

Hay mañana menudas de inusual pereza en las que las horas se enganchan a las sábanas. No crees que el tiempo pueda correr si tus ojos no se enredan con la luz de noviembre, nostálgica y huidiza, y sigues ahí tapada con la noche para que el mundo te olvide.
Te estiras, te encoges, y saboreas ese calor que te das tú mismo encima de un colchón.
Pero mientras respiras y sueñas, la vida te está esperando. Está esperando tu aliento, la sonrisa que pones según tomas el primer café, la palabra mimosa que das al día para que sea benigno contigo.
Sin embargo, tú sigues guarecido en la madriguera de unas sábanas de hilo que seguramente bordó tu madre pensando en ti, y que tú odias porque son difíciles de planchar. Aprietas los ojos para ver si no se descose tu último sueño, ése que te hablaba de un mundo mejor, ni tramperos, ni ladrones con corbata. Un mundo de niños con cara de angelotes que sonríen al viento y juegan con la lluvia. Un mundo de pan y cebolla para todos, que nadie se quede sin puchero. Pero un reloj que marca las horas se obstina en llamarte, que abras tus sentidos que la vida te espera.

… Y me levanto sin saber dónde estoy. Una niebla de tierno algodón me va besando según camino,  que juguetea enganchada en las ramas de los árboles semidesnudos. Un frío cristalino me acaricia la cara como suele hacer y ser ese frío castellano de inviernos crudos en la meseta y en el páramo.

El aire es tan racial como un lirio perdido; me acuna, me balancea, y va despertando esos sentidos sin sentido que se niegan a ver la cruda realidad… Poco a poco me voy adentrando en mi existencia mientras me susurra que valore lo bueno pues lo hay y lo malo, que es mucho, lo tome, lo estudie, aprenda y siga caminando con una sonrisa  cuya simiente está en el alma, y  yo he de hacer florecer en esas mañanas que se me antojan bordes y torcidas.

sábado, noviembre 25, 2017

EL LLANTO QUE NO CESA


Qué llanto me provoca el silencio de tus pisadas más menudas, sin el ladrido jocoso del nuevo día.

Qué tristeza más airada al contar los días con sus noches sin el calor de tu cuerpecillo diminuto, sin tu aire en mi oreja, sin tu lamido al despertar.

No digo nada y no dejo de decir que tu ausencia me oprime y la pena se desborda.

No hay consuelo y sí ternura, ¡tanta, tanta!, al recuerdo de tus ojos tristes de can parlante sin palabras.

Esas horas que no pasan, ese duelo sin fronteras, esa luz que no llega, esa esperanza sin espera…

¡Qué llanto me provoca el saberme ya sin ti!

lunes, noviembre 20, 2017

Y UN DÍA LLEGASTE A MI VIDA...

Una mañana del recién estrenado otoño llamaron a la puerta. Yo en aquel entonces era un muñeco roto por el estrés, más que vivir, vegetaba. Miré sin ver cómo Nacho abría, le entregaban algo y lo depositaba en el suelo. Luego se sentó en el pavimento de la cocina y yo le imité… Metió la mano en la jaula pero hasta casi una hora después no apareció una bola gorda, canija y tambaleándose como los borrachos, sin embargo, de pronto, levantó la cabeza y me miró…

Llegaste cuando yo no estaba y me hiciste regresar.

Parecía mentira, eras una réplica de mí; nos asustaba el ruido, la gente, los coches y nuestros ojos se disparaban en un miedo sordo que nos bloqueaba. Por lo visto el cometido de tu presencia era que yo te tenía que cuidar y fue todo lo contrario.

Llegaste cuando yo no estaba y me hiciste regresar.

Volvimos juntos y tú fuiste mi maestro de vida. Me enseñaste a caminar, me hablaste del mundo con tu mirada triste, me instruiste en confiar, en mirar al sol cada mañana y me adiestraste en sonreír aunque el miedo siguiera ahí cortándonos el paso.

Y de repente, una mañana, te sentaste a mis pies y yo comencé a dibujar letras en las nubes.

Juntos aprendimos lo que era dar sin esperar y de noche me hablaste de amor, de ese amor incondicional que solo tú sabías dar mientras velabas mis sueños.

Tu vida fue de tambores y trompetas, de risas y cómicos, de príncipes sin valentía porque lo tuyo era la defensa alternativa; mucho ruido y luego a esconderte tras mis piernas. Eras tan tonto que de tonto se instalaron de nuevo las sensaciones en mi corazón y la risa en mi rostro.

Llegaste cuando yo no estaba y me hiciste regresar para regalarme vida.

Y ahora, y ahora te has ido, desplegaste el vuelo en mis brazos mirándome, mirándome como la primera vez hasta que tus párpados se han cerrado para siempre.

Solo tú y nadie más que tú me trajo de regreso a casa… ¡GRACIAS, MI PERRILLO!

sábado, noviembre 18, 2017

MADRID...

Me gusta, me gusta, me gusta… Me gusta Madrid despeinado y en pijama. Me gusta bostezando y sin prisas. Me gusta  cuando silencia sus entrañas que rugen con un meloso parpadeo de rumores lejanos.

Me gusta mirarla de cerca asombrándome de su castizo estar de ciudad que acoge sin cuestionar quién eres. Me gusta su generosa modestia de ciudad abierta sin arrogancia, su acicalada figura de rascacielos y conventos, de ancianos paisajes con su renovado vestuario de rancio abolengo.

Me gustan sus mañanas sin fines predestinados, esas que te dejas perder y ella te acompaña sin preguntar a dónde vamos.

Me gustan sus mañanas luminosas de otoños tibios y terrazas al sol mientras tuestas sensaciones de placer. Sus tardes de largos ocasos y primaveras risueñas.

Me gusta su pátina de intelectual despistada por cualquier arista de su esencia de ciudad multicolor y cosmopolita, ella te ayuda a desplegar el placer de los sentidos por el arte, el de antaño y hogaño. O su despliegue de tortilla de patata y bocata de calamares… O esas noches de copas mientras la música de jazz se desliza de puntillas por tus cinco sentidos.

No me gusta Madrid para vivir de seguido pues su lejanía me abruma, el anonimato me hunde y la soledad me mata y yo soy de provincias, de ciudad chiquita y buenos días según sales de tu nido, sin embargo me encanta esa sensación que me regala Madrid de turista accidental según palpo su piel y la miro con mis ojos clandestinos. 

domingo, noviembre 12, 2017

SÍ...

Paseando por las almenas de la vida sin mezclarme con ella pero siendo partícipe de las idas y venidas de unos y otros, presentí la felicidad rota, el dolor y la impotencia agazapados en una curva tan cerrada que me asuste´. Sin embargo entre los nubarrones vi a alguien que gritaba SÍ…

Sí… Tan simple y escueto, tan rotundo y etéreo.

Sí, a mi aventura diaria de despertar, de levantar la cabeza y mirar mi horizonte más cercano.

Sí, a atreverme con todo aún teniendo el viento en contra, a sabiendas que puedan caer mis sueños sin control.

Sí, a tender mis manos a otros aunque estos ignoren mi gesto y sigan sin ver mi figura traspuesta por el desencanto.

Sí, a planear con mí libertad por un mundo que casi siempre no comprendo, a volar por el ancho horizonte que amanece un día más ante mis ojos dormidos.

Sí, a respirar el aire, a que mis pulmones se llenen de vida aunque mis fuerzas flaqueen.

Sí, a pasear por tus colmenas y llenarme de ti, aprender de ti y saberte que estás ahí.

Sí, a mi lucha sin cuartel contra los fantasmas que acosan mis pisadas pero, pese a ello, les miro de frente y después, sigo mi camino.

Sí, a saberme perdonada, a perdonarme por mis errores y comenzar de nuevo la tarea de ser. Ser quien quiero ser y no ser lo que los demás quieren que sea.

Sí, a marcar mis horas con sonrisas y ánimo de guerrera aunque la lluvia destroce mis alas.

Sí, a tenerte en mi vida porque mi corazón no deja de latir aunque la tormenta oscurezca el futuro.

Sí, a mi presente porque es lo que tengo en este instante en el que te estoy mirando y me siento tan viva que alzo mi vuelo de gaviota en libertad.

sábado, noviembre 11, 2017

LLUVIAS

Hoy amaneció una música distinta, de las que rezan y zozobran, precipitándome a sentimientos entrecortados entre la nostalgia y la serena aceptación.
Hoy despertó el día de azules desvaídos y grises sin pulir. El agua cae mansa en un pestañear de tambor. La ciudad duerme, lo sé,  está desierta, el asfalto no cruje y tendidos veo los sueños en sus ventanas apagadas.
Yo,  acompaño a la soledad de esa lluvia que me provoca. Me hace ser suya y mía es; no hay nadie, solo ella y yo.
Dos lágrimas  han besado al mirador de mi vida, ¡con lo que llueve y solo dos lágrimas quedaron conmigo!
Serena quietud vestida de agua despierta lenta, siseante, susurrando a la calma el sosiego de su hora más íntima.
A veces calla, presiento que deambula de puntillas con el dedo en su boca para que no despierte la ira del mundo que ruge.
Otrora baila, danza entre mis ojos y creo ver minúsculos espejos precipitarse a la tierra sedienta. Un redoble de tambor y el agua vuelve a pintar mis sensaciones de arco iris.

Ayer te vi colgada de las ramas de ese árbol que llama a tu ventana cada día. Mecías tu ayer mientras el viento acariciaba el presente.
Te sentí frágil, despistada, encogida y hasta temerosa.
Volé hasta ti y así poder acariciar tus alas. Y, al sentir mi contacto, echaste a volar. Luego regresaste con alimento para mi espíritu... La tarde cayó entretanto las dos mirábamos el horizonte.
"¿Madre, estás ahí?" Y tú me respondiste "¿No me ves? Siempre a tu lado"

jueves, noviembre 09, 2017

¿TU FIN JUSTIFICA TUS MEDIOS?

Hoy me he levantado y al tercer paso que he dado con el café humeando aún, me he encontrado con una encrucijada en mi camino “¿Qué hago?, ¿sigo como si no he visto, no he sentido o me paro?”

“Lo tuyo es escribir, amenizar a los lectores que se paren a leerte” Me susurra una parte de mí, sin embargo mi conciencia me exige que hable…

He decidido pararme… No soy una erudita de nada, más bien una persona corriente como la mayoría y por lo tanto hay cosas que ni entran ni las entiende mi cabeza, mis neuronas, mi mente, como que el fin, justifica los medios, o todo vale para llegar a la meta, pues no, no señores.

Que me llames fascista o que hables mal de mí por el mundo creándome mala fama, me molesta y mucho, pero es tu opinión que, aunque no te lo creas, como vivo en una democracia, te la tengo que respetar. Incluso que me llames manipuladora; vale.
Ahora, que no conforme con saltarte las leyes, sabotees mis derechos o los de mi vecino, pues no. Nadie te impide a ti no ir a trabajo o no ir al médico o no ir a clase, entonces, ¿por qué me lo impides a mí?

¿Sabes? En estos últimos tiempos me han dado ganas de decir “Allá vosotros”, pero no he podido porque tu ruina es la mía.

Fíjate lo de menos es que se hayan ido más de 2000 empresas pero, ¿qué me dices del derrumbe de las reservas hoteleras, o el derrumbe del 35% de la industria textil o el 55% de las inversiones internacionales postergadas? No te estás arruinando tú, me estás arruinando tú.

Pero el colmo de tus desvaríos es que toques a lo más valioso que tenemos: LOS NIÑOS.
Ahora no me digas que todo es falso, que son mentiras lo que van diciendo los padres de los niños que se han visto saboteados u obligados a digerir ciertas lecciones “democráticas”, o esta foto, ¿es un fotomontaje?

Venga, respóndeme, tal vez pienses que he perdido el norte, o que estoy exagerando o que no sé lo que digo o que no te entiendo…
Dame una bofetada, llámame imbécil, escúpeme, pero por favor no utilices a los niños para tu causa.

Buenos días!!!

domingo, noviembre 05, 2017

FUERZAS EVAPORADAS

Hoy es de esas mañanas que amaneces y presientes la cabeza disecada y tus ojos no ven aunque miren. Las palabras se deshacen por falta de vida y tu imagen se disuelve.

Tus pensamientos están en la casilla de salida discutiendo unos con otros a ver quién tiene más importancia y tu cuerpo no reacciona, el cansancio, el estrés, terminan pasando factura.

Te dices a ti mismo que el mundo se vaya a tomar vientos que hoy no te subes a él porque no tienes ni fuerzas ni energía y lo único que necesitas es descansar, manejar otros paisajes para comenzar de nuevo.

 Lo único que deseas es arroparte en un sofá, ceder a la mente un apagón existencial y dejarte llevar por el placer de no hacer nada. Bueno, ni siquiera el placer te importa, tan solo el abandono de tu espíritu meciéndose en una nube. No quieres bullicio sino soledad y el silencio que la acompaña. Claro que también te tienta esa imagen de tumbada a un sol meloso mientras unos rayos acarician tu piel desteñida.

Porque la realidad es que has querido abrazar tanto que tus brazos se han dado de sí y ahora te duelen de tanto estirar el tiempo para que abarcara un todo en tan poco espacio.

 A la mayoría, las exigencias del guión les precisan un doble esfuerzo y en una cuneta del camino caen exhaustos como muñecos rotos.

Te sobra todo, no quieres nada.

miércoles, noviembre 01, 2017

MARIAN


Hoy es uno de noviembre… Un camino de crisantemos, un camino de pensamientos a la sombra de un ciprés. Cada uno recuerda a los suyos, les festeja en flores y el camposanto se convierte en un jardín de primaveras otoñales…
Un recuerdo, una nostalgia y he ido a por su imagen. He acariciado la pantalla del ordenador cuando pasaban sus imágenes: ríe, fuma, se evade..., y me he quedado con esta foto, tan ella, tan Marian.
Dicen que el ser humano sólo muere cuando se le olvida.
Hoy he salido a pasear con el perro y he llegado hasta la plaza; los puestecillos de flores estaban repletos de crisantemos, y he sido capaz de verte detrás de la bruma amarilla de esa planta herbácea, suspendida de la nube negra que aún tintineaba agua.
Nietzsche sostenía que la grandeza de una persona se medía por la cantidad de verdad que era capaz de soportar, y tú, mi querida amiga, respirabas grandeza; tus silencios eran una forma más de hablar, de expresar tus sentimientos. Añoro tanto tu compañía que, aunque ya no duele tu ausencia, no sé cómo llenar tus huecos. Hay días como el de hoy que según camino voy ordenando tus recuerdos, los poemas que marcaron los caminos de tus sueños y, a veces, cuando temo que tu imagen se fugue de mis ojos, evoco tu sonrisa, tus ojos colgados en cualquier nube.
Los amigos son irrepetibles, ninguno sustituye a otro, mal que nos pese, para que la nostalgia deje de abrazarnos.
Tratamos de vivir por ti, aunque hay momentos que lo que estoy viviendo tú jamás lo aprobarías porque eras mujer de sosegada calma, de susurros a media tarde, de corrillos pequeños, pero sé que sabrías disculparme porque ante todo eras mujer de bondad, y de tratar de comprender los deshilachados entresijos de una persona.
Cuando tu luz se apagó y te crecieron las alas de ángel, supe que siempre estarías ahí, mi chica de la playa de Arnía, velando por todos, sonrojándote por mi caradura, conteniendo la risa, y que nunca desaparecerías de nuestras vidas.
Tu amiga del alma hoy lleva tu pesada mochila, y yo trato de que tu estrella siempre ocupe el lugar que la corresponde porque… el ser humano sólo muere cuando se le olvida y aquí te recordamos cada día.