Vídeo promocional Mujeres descosidas

jueves, abril 20, 2017

PERCEPCIONES

La luz de la tarde cae lentamente. Se tamiza tras los visillos; es suave, es blanquecina, es anaranjada, es vainilla. Un último rayo se pega a mi ventana, le acaricio entre los dedos y estos parecen ser alargados limoneros bajo el influjo de un destello burlón, apenas unos segundos y huye a su guarida. ¿Quizá mañana vendrá? Me pregunto cuándo si el mañana fuera el ahora.

La noche casi ya la intuyo. La habitación se ha llenado de sombras, parecen fantasmas que vienen y van en un cadencioso vals. Titubeo y salgo en un vuelo raso hasta el otro lado de la casa. Allí no se ha despedido aún el día, la luz pajiza se posa dulcemente en los tejados; les dora y las tejas se convierten en luminosos pedacitos de oro líquido o rubias cubiertas atesorando vidas por descubrir.

Vuelvo, las sombras se han marchado y todo es oscuridad. Voy a cerrar la ventana y un pedazo de cielo se cuela por ella. Un par de estrellas y un cuarto creciente de luna me dan las buenas noches. Sonrío y digo ¡Hasta mañana!

sábado, abril 15, 2017

PASEANDO CON MI MADRE

Cuando estás junto a un anciano, puedes mascar el sabor insípido de la nada, ese vacío existencial que se va apoderando de ellos. Además, tienen un reloj biológico que marca un tiempo, pero nunca un momento, una hora. La prisa para ellos ha perdido el estímulo de llegar a un puerto y la vida ha borrado el color de las sensaciones; el sentido de las cosas ya es desconocido para ellos. De ahí que el talante emocional que tú emplees sea tan importante para arrojar luz a esas vidas que se disipan no físicamente, pero sí mentalmente.
Una vez oí que la vida enhebra pañal y mortaja y que antes de volver al polvo, en muchos ancianos se recrean en el pañal sin darse cuenta que una vez fueron adultos vibrantes y que por sus poros corrieron las sensibilidades más hermosas.
Ayer, a una hora incierta de la tarde en que la luz se desvanece y que sin embargo nos regala los últimos destellos de color luminoso, salí a pasear con mi madre sin rumbo y con intención de quemar una etapa más. Pero mi sorpresa fue encontrarme con el afán de saber mirar por las dos. Mirar con cariño, un mirar condescendiente y comprensivo. Sentir el latido de la vida en la mirada presintiendo con la vista lo que a simple vista no se ve.
Me afané en despertar la curiosidad de mi madre a través de mi voz, tecleando cada palabra de entusiasmo, descripciones vivas de aquello que correteaba a nuestro alrededor. Nuestra primera parada fue delante de un árbol bellísimo en la calle Gamazo, frente al hotel Felipe IV; estaba plagado de flores, entre el rosa y el malva. Tanto me adentré en ellas para que mi madre pudiera percibirlas en su imaginación, que terminé viendo que no eran flores sin más, sino una cascada inusitada de claveles ensortijados en multitud de ramas, ella apenas me prestó atención, no obstante hice fotos.
Seguimos nuestro paseo perdiéndonos por uno de los rincones más bellos de Valladolid: el campo grande. No obstante vi peligrar mi empeño de perdernos por aquel paraje frondoso con multitud de matices verdosos. Ella me decía que saliéramos de allí pues aquel lugar la producía sensación de tristeza, de soledad, pero yo me hice la sorda y seguí caminando empujando la pesada silla de ruedas que ayer se me antojaba una pluma. Volví a mi narración salpimentada de recuerdos infantiles hasta que logré que mi madre volviera a despertar de su letargo. Y hubo un momento mágico: me quedé fascinada mirando la fuente de la pérgola que mi voz enmudeció y, cuando mi cabeza volvió a la realidad, no era yo quien hablaba, sino mi madre contándome mil y un recuerdos. Cerré los ojos para que mi memoria grabara aquellos instantes en que mi madre había resucitado. Pero como en los cuentos, era la hora de volver a la residencia aunque aún nos dio tiempo para que ella me pidiera las fotos que había hecho y se las enseñara a sus compañeras de viaje.


Cuando volví a casa, encendí la televisión, jugaba mi Atleti. Me puse una copa, encendí un cigarrillo, sintiéndome una persona muy afortunada.

miércoles, abril 12, 2017

ENCUENTROS...

Era de esas noches suaves y perfumadas de incienso, de murmullos alegres y risas complacidas cuando, de pronto, La vi llegar por la esquina. 
Temblaban sus cirios, la mecía su humanidad y, en su rostro, La Angustia de una madre. A su vereda prendida llevaba la marcha Hosanna in Excelsis. Ya, entonces, pude ver su rostro al completo, pude palpar la Angustia de una madre al dejar atrás a su hijo mientras la mano del hombre mecía su dolor.


Se hizo el silencio, el mundo paró, y una dulzaina lavó nuestros pecados. Sentí mi tierra más mía, tierras castellanas de enjuto respeto y amor a su Angustia. Las velas goteaban lágrimas de cera y un himno español despedía a La Virgen de Sus Angustias con aplausos sentidos y ya un Valladolid dormido en rosarios silenciosos cerraba una página más de su ciudad.

lunes, abril 10, 2017

RAMOS DE LA INFANCIA

Cuando era niña, en mi reloj sin horas, había dos noches densas en que las manecillas debilitaban su peregrinaje y pasaban tan lentas que mis ojos emocionados no se cerraban: la noche de reyes  y el domingo de ramos…

Domingo de sol, niños y palmeras. Encantador en una ciudad chiquita como era y es la mía, aquella donde los poros se dilatan para seguir absorbiendo sus viejas costumbres de ayer, esa idiosincrasia tan suya, y beber lentamente la modernidad.

Hogaño, una mañana de domingo, de ropa nueva y griterío, donde la danza está en la calle y sus gentes se pasean.

Letanías de trompetas, palmas revoloteando bajo un cielo pintado de azul, y el arte puesto en el asfalto para disfrute de sus paisanos.

He despertado soñando, palpando de nuevo mi ciudad, ese Valladolid de campo y señorío, el de ayer y de hoy, en un domingo de ramos que, aún, me sigue regalando las mismas sensaciones de antaño.

¡Ahí va la borriquilla, ahí va por Platerias!

viernes, abril 07, 2017

CUADERNO DE SENSACIONES, I Y II



Deambulé por los claustros mientras mis ojos bebían la plástica del lugar, las arquerías, las columnas de fuste liso y sus capiteles ornamentados. Observé los arcos de medio punto, los gruesos muros de piedra, las bóvedas de cañón. Subí y bajé escaleras como una niña  descubriendo un cuento imaginario hasta que al fin me vi sentada sobre una piedra fría y la mirada en algún lugar recóndito…
Modifiqué el escenario. En vez de un monasterio, creé un palacio a cuyas colmenas subía cada tarde a otear el atardecer lánguido de un crepúsculo tan silencioso que se me hacía eternidad. Mi castillo medieval tenía su propio bosque de castaños, nogales y robles por donde saltaban corzos y jabalíes huyendo de su cazador. A las paredes del valle se pegaban volutas de algodón en cada despertar y el día llegaba revoloteando, desnudándose con la cadencia de un desmayo mientras el sol, un joven amante, acariciaba a su amada tierra. El cementerio que descansaba bajo mi balcón era un jardín de rosas frescas pues no quería pensar que sus moradores, monjes sabios o místicos, monjes dadivosos, y muchos monjes venidos a lagartijas y sanguijuelas chupando los placeres mundanos en vez de darse a Dios, fueran a colarse en mis sueños; me daba miedo. No, mi alma de niña se defendía de las sombras de los siglos.

II
Un vientecillo fresco, un cosquilleo en los pies, algo me ha despertado. La respiración pausada me recordó que estaba en otro rol, quizá desprenderse de todo, tal vez mudar de piel y que mis poros volvieran abrirse a nuevas sensaciones, o redescubrir las viejas, las que perdí…
En la oscuridad he acariciado la lentitud, la parsimonia del silencio sordo y he abierto los ojos a la noche. Era como palpar un lienzo negro que, cuánto más atusaba, se iba mutando de color. Me he arrebujado en las sábanas de placer entre tanto la opacidad se transformaba en una aurora dulce y me poseía la sensación de estar bebiendo lo invisible. Los barrotes de la balconada se hacían sombras a sí mismos y sobre ellos descendía una bruma blanca. Pensé entonces si sobre las tumbas del cementerio caería ese mismo algodón blanquecino. Me iba a levantar a comprobarlo cuando, de pronto, un gallo cacareó. Después, el silencio de unos segundos largos y el gallo volvió con un cacareo dilatado y agudo. Aún pude ver por la comisura del balcón la rama afilada de un árbol temblar para, después, un hilo fino de voces comenzar a cantar. Eran pájaros que se alternaban con el gallo mientras mis ojos bajaban sus persianas para dormitar en el reino del silencio y un tufillo a estiércol despertar a mi olfato atrofiado.

Volvía el vientecillo impío, el silencio hueco camuflado de pajarillos adolescentes descubriendo un mundo imperceptible que yace junto a mí.

domingo, abril 02, 2017

EL SUEÑO DE PEPA




Mañana de nubes y soles mentirosos. Aires que te esperan al dar la vuelta a la esquina dejándote el cuerpo revirado; me daba igual, caminaba alegremente a la Plaza Mayor. Allí me esperaban personas que desconocía pero con dos cosas en común: el amor a la letras en cualquiera de sus vertientes y el hada madrina que compartimos. 
Ya lo dije el pasado día 30 de marzo en la presentación de mi novela “Mujeres descosidas”…”Tu obra nace y muere el día de la presentación pues al ser un escritor que nadie conoce, nadie apuesta por ti. Sin embargo,  también he de deciros que alguien sí me ha hecho un pequeño hueco y os lo tengo que contar. Es una librera de tamaño reducido e inmenso corazón, y prendida en su boca una eterna sonrisa siempre que acoge a todos los soñadores de las letras vallisoletanos. Ella se bate el cobre diariamente, es un placer verla trabajar, yo que soy una comercial nata la admiro, y os pido que si en algún momento queréis comprar una novela, un cuento, acudáis al Sueño de Pepa, en la Plaza Mayor” 
Sí, para mi Pepa es mi hada madrina. Nos arropa a todos los que llegamos en busca de un lector que pierda su mirada en nuestras letras. Ayer me ofreció otra experiencia más compartiendo con otros autores “30 declaraciones de amor y una canción desesperada” Escritores que desconocía y como yo rellenos de sueños en forma de letras como Juan Pedro Marín, o David Aceves que hizo de magnífico presentador. 
También dije en la presentación de mi novela que “Un escritor no debe perder la perspectiva de los cuatro pilares fundamentales de un escritor: mucha ilusión, mucho trabajo, humildad y generosidad” y todo eso encontré ayer, 1 de abril, en la Plaza Mayor de Valladolid con mis compañeros de aventura literaria y amorosa.
Mil gracias a todos!!!!

jueves, marzo 30, 2017

EL VALLADOLID DE MI MADRE, 30 DE MARZO

Hoy es 30 de marzo y mis mariposas se han despertado antes de las cinco de la mañana. Me he asomado al silencio de este Valladolid que mece aún sus sueños. El vientecillo de la aurora me ha traído recuerdos en un día especial como hoy en el que llevaré a mi madre a la presentación de Mujeres descosidas. No se enterará de nada, casi seguro, sin embargo veré la luz en sus ojos y me daré por satisfecha. De todos modos escribí algo para ella de ese Valladolid tan suyo, tan provinciano, tan eterno…

Mi madre siempre me decía “En domingo de ramos, quien no estrena, no tiene manos” Y como muchos niños, esperaba el domingo de ramos con enorme ilusión para ponerme ropa nueva y salir de procesión con mis mejores galas. Desde entonces han pasado muchos años, pero aquel sabor alegre y dulce de cada domingo de ramos lo llevo cosido a la memoria y cada año cuando llega esa fecha mi corazón vuelve a experimentar aquel parloteo saltarín de la emoción.
Ayer fue domingo de ramos y el calcetín de la costumbre se había vuelto del revés: no era yo quien esperaba impaciente mi ropa nueva sino mi madre… Llegué a la residencia con la parsimonia de cualquier domingo en el que se encierra la prisa y el ruido en el armario del descanso, pero ella me esperaba nerviosa a que la acicalara, quitara las etiquetas de su ropa nueva “Date prisa, vamos a llegar tarde a la procesión” Me decía con sus ojos distraídos por esa niebla a la que se ve abocada sin remedio. No pude evitar sonreír, mi madre esa mujer enjuta, de sentimientos catapultados, mostrándose como un libro abierto y dispuesta a que yo leyera sus letras más íntimas y personales.
Salimos a la calle vestidas de domingo de ramos a que la luz se posara en el rostro de mi madre mientras una temperatura amable calentaba sus huesos doloridos. Su vista, muy deteriorada, fue benigna con ella; la ONCE le ha enseñado cómo esquivar las sombras y ver por esos huecos chiquitos. Y ladeaba como una niña chica la cabeza para ver vestida su ciudad de palmas y ropa nueva, porque en provincias todo se nota más. Riadas de gente en busca de la borriquilla, niños gritando de emoción y de fondo el sonido de cornetas y tambores.
El ser humano es bueno a pesar que nos encrespe con muchas de sus reacciones y, en el caso que me atañe, en el momento que te ven con una silla de ruedas, todo el mundo está predispuesto a ayudarte. Me dejaron un hueco en primera fila para que mi madre viera aquello que no puede ver, sintiera la ilusión del niño en un domingo de ramos pudiendo, así, bañar su ánimo de gentío colorista; incluso un hombre con bastón puso la toquilla de mi madre encima del bastón a modo de paraguas para que el sol no la molestara.
“Mamá mira a tu izquierda, ahí viene tu hermano junto al arzobispo” Y unas lágrimas peregrinas se escaparon de su mirada oscura. Acaricié sus hombros con la ternura de una madre hacia su hijo.
Cuando por la tarde, la devolví a la residencia, su voz era una cascada de emociones atribuladas al querer contar todo de una vez a sus compañeras de viaje. En la despedida, arropé con mis brazos aquel cuerpo cimbreado de emociones dándola las gracias por haber vuelto a sentir la niñez en un domingo de ramos más en mi vida.

martes, marzo 28, 2017

SIEMPRE SEVILLA

Hoy se me antoja una tarde de finales de invierno. El cielo es celeste, como si a Dios se le hubiera derramado toda una lata de pintura azul; ha perdido el sombrío de las últimas semanas. El sol se posa meloso sobre las cumbres, acaricia los campos y la tierra encharcada. Incluso algunos pedazos de terreno verberan espoleando a la simiente a que no se esconda más.
El aire retoza fresco, pero carece del frio de la nieve, el esqueleto de los árboles se menean perezosos anidando en su techumbre los primeros brotes.
Los naranjos están preparados para su azahar y, hoy, al tropezar uno de mis pies con su fruto, me he agachado a recogerlo y lo he llevado hasta mi nariz. He cerrado los ojos y su aroma ha cubierto mi espíritu de su olor inconfundible.
Por las calles ya se intuye el ánimo de la cuaresma, en las pastelerías exhiben apetitosas torrijas, y las puertas de las iglesias animan a los paseantes a que entres y recojas tu corazón unos instantes.
Mi Esperanza ya está aliñada de hebrea y en las esquinas llegas a envolverte de incienso.
José Javier me ha subido a una azotea desde donde podía divisar los tejadillos adormilados, la Giralda imperiosa y, en la lontananza, la serenidad gloriosa de Triana.
Nos hemos tomado unas cervezas mientras saboreábamos una amistad limpia y cómplice. Edurne nos miraba con sus ojos tan dulces como preñados de tristeza por su pérdida irreparable; mentalmente he acariciado ese corazón tan puro que posee.

Y, mientras las horas pasaban, he vuelto a respirar la Sevilla que me embelesa, esa Sevilla paciente, tranquila, tan suya, tan llena de bulla…

martes, marzo 21, 2017

IMPÁS

He mirado por la ventana y lo he comprendido; se me ha olvidado perderme en el amanecer. Llevo días sin reloj, hasta ahora no me había dado cuenta. Mi mente se ha subido a una nube, allí permanece balanceándose desde el jueves, lo entiendo. Mis dedos no han vuelto a parpadear una palabra, he captado su indirecta. En mis pulmones entra poco aire, el justo para sobrevivir; me acabo de enterar.

Apenas siento que la vida fluye, permanezco paralizada. El reloj no hace ruido, la incógnita se ciñe a mi cintura y mis manos se agarrotan. Tan solo sonrío por cortesía, miméticamente,  y la mirada ausente,  atascada en el infinito.

Resoplo y el flequillo vuela para volver a descansar sobre mi frente. Mis ojos, inyectados de un rojizo bipolar, vuelven a pasearse por las letras infinitas. Simulan que son otros y no los reales, y juegan a quemar capítulos poniéndose en el alma del lector y no del autor. Mientras, miran de reojo al calendario para intuir cuántos días han pasado ya.

Tal vez sea el miedo que paralice la pregunta que deseo formular y siga inmóvil, silenciosa y asustada, esperando.

Esperando la primera crítica de Mujeres descosidas…

jueves, marzo 16, 2017

16 DE MARZO

“Muere lentamente quien no arriesga lo seguro por lo incierto para ir detrás de un sueño” P. Neruda

Me he despertado cuando las sombras retiraban los velos de la noche y el cielo se convertía en un tibio amanecer de rosas difuminados. Y me he acordado de ella, de mi madre, mientras iba dando tumbos por el pasillo. “Ahora se habrá encendido la radio” Me he dicho  “Seguro que no sabrá ni lo que dicen, pero unas voces se escaparan de esa cajita pequeña que guarda bajo la almohada para hacerla sentir que ahí fuera hay vida, que la soledad no se ciñe a su cintura, y un día más habrá en su libro de vida”
He abierto mi rutina diaria y escanciado un café con leche y he visto en mi memoria cómo ella toma el café: humeante, a pequeños sorbos mientras pierde la vista en la nada. Después, he ido a mi mesa, esa tabla donde coso sueños con la atenta mirada de una aguja.” Sí, hoy no escribes, te toca coser y descoser” me ha susurrado una voz y mis ojos se han ido a un calendario y he visto señalado con un redondel el número 16 y me he vuelto a acordar de ella, de mi madre.
…Recuerdo cuando me preguntaba “¿Qué haces que estás tan callada?” Y yo la contestaba “Escribir, mamá, sigue haciendo punto y calla” “¡Ay, hija, qué ganas de perder el tiempo!”
Madre, si pudieras centrar tu cabeza, sabrías que hoy coso un sueño a una nube, seguro que te sentirías orgullosa de ver volar a tres mujeres descosidas por un cielo incierto.
Madre, cómo me gustaría hoy tenerte a mi lado y yo poder apoyar mis miedos en tu pecho. Tu hija, sí, madre, vuelve a arriesgar y vestir un nuevo color para no morir lentamente. Cómo me gustaría que guardaras y sellarás, si viene al caso, mis incertidumbres, esa ansiedad que hoy vapulea a mi perenne sonrisa. Pero te vas consumiendo en la llama del olvido y no puedo sino abrazarte y volcar mi ternura en ti.
El móvil ha pestañeado y me he encontrado que alguien me envía un poema…

“Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones. Aquellas que rescatan el brillo en los ojos y los corazones decaídos” P. Neruda

lunes, marzo 13, 2017

PREÁMBULOS

No siempre el ánimo está dispuesto a recibir estímulos externos. Prefiere estar a la sombra de un naranjo esperando que el aroma del azahar despierte. Incluso se esconde bajo el manto del silencio para escuchar mejor cuando el pájaro cante.

Hay días en que el ánimo no se viste de nada. Camina desnudo esperando que una ráfaga de viento le haga sentir.

Momentos en que el ánimo desespera en la incertidumbre de no saber. Se vuelve temeroso, temblón y cobarde. No desea hacer nada por inanición de arrojo, valentía y coraje. No es osado, no es nada, no existe.

Es un ánimo ignorante, ha olvidado el verbo insistir; los deseos no vienen solos, no tienen luces para guiarse.

Una vez alguien me dijo que un escritor invisible es visible, nace y muere el día de la presentación de su obra.

miércoles, marzo 08, 2017

LAS SINSOMBRERO

El despertar a horas tan extravagantes como la mía tiene sus claras ventajas: siento que el tiempo es mío y nadie va a interferir entre el pensamiento y la letra. Es más, mi cabeza es virgen y la nitidez de mi comprensión está limpia de etiquetas.
Nunca me avergoncé de decir que no era feminista al uso de esas mujeres que me hacían daño a los oídos y a la vista. Me he sentido siempre muy bien en mi piel de mujer, la fortuna me ha acompañado tanto en educación, familiar, social y laboralmente; jamás he sentido la desigualdad en mi entorno. En mi familia todas las voces se han podido expresar con libertad, han trabajado al unísono, han sido respetadas, jamás devaluadas unas por otras; no he sentido la humillación. He disfrutado la fortuna de crecer al abrigo de esa frase de Virginia Woolf "No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente"
Sin embargo, hoy que el tiempo es mío, recaudo sensaciones de gratitud hacia esas mujeres que a lo largo de la historia han luchado para que yo me sienta tan afortunada por ser libre de pensamiento, obra y creciendo en un entorno de respeto e igualdad. Además, pido perdón a esas otras mujeres que no han disfrutado de mi dicha y mi insensibilidad hacia ellas ha sido grande. Mi actitud se asentó en la zona de confort olvidando las diferencias de otras. Mientras las otras cobraban mucho menos que un hombre (hoy se estima que un 35% menos), mientras las otras pagaban por haber nacido mujeres. Mientras las otras eran tratadas como objetos sexuales. Mientras las otras no tienen derecho a pensar sino a la sumisión. Mientras hoy esas mujeres madres sacan a sus hijos solas pasando horas infinitas en un trabajo sin ayudas de ningún tipo… ¿qué hacía yo mientras tanto? Disfrutando de mi confort.
Para mí, a estas horas extravagantes en que el mundo duerme y yo navego en el pensamiento soberano, el éxito de algunas mujeres no me conmueve. Me conmueve ese ejército de mujeres invisibles que batallan cada día y que nadie las reconoce como las verdaderas heroínas de esta sociedad actual.

Las mujeres de la generación del 27 alguien las bautizó como “Las Sinsombrero”… Las mías, las del S XXI aún yacen  en la sombra sin que yo ni muchas como yo hayamos hecho nada por ellas.

lunes, marzo 06, 2017

TERNURA

Ternura, esa es la palabra. Expresión de sentimiento que a veces sentimos sin buscarla. Se escapa espontánea por cualquier bolsillo del corazón...

Cada día al ver el rostro de ese hombre con cara de niño, mirada perdida y sonriendo al aire, siento un ramalazo de inmenso afecto por él.
Ese desconocido en cuyas sienes pintan plata hace tiempo, pero su rostro como su cerebro, se quedaron anclados en la infancia, emanando inocencia en su expresión, en su atuendo pulcro, en ese peinado de raya recta y flequillo aromatizado.
Puntual cruza el semáforo y con discreción se acerca a los muchachos que ofrecen periódicos gratuitos. Después, se va a una esquina y espera... Cada mañana me pregunto qué esperara ese ángel de alas plegadas.
Mientras, empapo la mirada cada mañana con ese niño grande que aguarda, tal vez, que el sol brille noche y día.

No puedo evitar observar el paisaje humano, presiento que es leer la vida mientras mi ternura se posa en muchos de ellos.


jueves, marzo 02, 2017

AMANECIENDO

Son las seis y diez de la mañana. Mi vaso de agua caliente con limón, la avena, el café. Enciendo un cigarrillo y me dispongo a viajar…
Hoy en día las grandes líneas de diferenciación de unos periódicos a otros que antes estaban señaladas por los colores políticos se han suavizado. Tal vez sus editoriales salvaguarden su tendencia, no más. Quizá, ya artos de políticas sin sentido, nacionalismos suicidas y sin embargo reales y tanta corrupción, les haya derivado a buscar con otros ojos otras diferencias. Así que cada mañana mi búsqueda de información es un viaje extraño que me hace asombrarme en cada recodo de un periódico. No deshecho ninguno y con el ratón voy diseccionando hasta hallar esa noticia que palpita vida, escondida y esperando que alguien la descubra. Son noticias sin repercusión, articulistas proyectando su pluma joven hacia aquella grandeza que un día alcanzarán si su tesón y buen hacer no se venden a cualquier precio por un partido, intereses económicos o el político de turno, perdiendo entonces su genuina identidad que era honesta y culta…, quién sabe, mientras disfruto de ellos, el mañana está muy lejano.
Noticias absurdas, noticias vendidas falseando su imagen como si fuera casual, noticias culturales que alivian mi desconocimiento, noticias sociales que ponen los vellos de punta. Aquí en este apartado me paro más últimamente. Son noticias escabrosas que tal vez más de uno se haga eco de ellas, pero me malicio que un eco distorsionado porque como dice Pérez-Reverte “En este mundo traidor donde nada es verdad ni mentira, donde todo es según el color del cristal con que se mira…” y yo añado que debajo de cada capa de cebolla subyace un interés que se escapa a mi entendimiento.
Sí, cada mañana es un viaje que me convierte en exploradora. Quizá estas sensaciones que me provocan los periódicos de hoy ya existieran y yo no tuviera ojos para verlo. Sin embargo hoy sí que he tenido ojos para proyectarme en el amanecer, ese amanecer que descendía de alguna parte depositándose en el horizonte suave y brumoso, del color del cerezo sin flor.

¡Buenos días!

martes, febrero 28, 2017

RECORDANDO

Hoy leyendo las letras que no veía por eso de leer para no pensar porque mi cabeza en vez de ser cabeza era un botijo repleto de migrañas, recordé aquel muchacho de pelo del color de los trigales en tardes revoltosas de verano.  Ojos de mar con briznas acarameladas y mirada pícara. Era un buen chico y yo bebía los vientos por él. Era de esas personas que, al tratarlas, sabías que a su lado todo iría bien, la maldad no estaba ligada a su alma, y la juventud junto a él podría ser eterna. No reía abiertamente. Recuerdo que la sonrisa quedaba colgada a un lado de su boca, pero a pesar de ser como una media luna, era franca con leves tintes de timidez con lo que aún la hacía más irresistible.

Recuerdo una tarde de verano, al cielo le habían echado un bote entero de pintura azul tan intenso como vital. El viento zarandeaba nuestros cuerpos y nosotros tratábamos de guardar un equilibrio en la punta de una roca mientras abajo el mar se batía contra sí mismo. Estábamos fascinados por su bravura, el oleaje estrellándose y volviéndose a reinventar en espuma. Presentí, pese a mi juventud, que aquel momento era especial y no se volvería a repetir ni aquella sensación que navegaba dentro de mí ni aquel instante de azul, entonces levanté el rostro y miré con todas mis fuerzas al muchacho, me metí en sus ojos para coserlos a mi memoria.

Y aquella época se esfumó, se diluyó en el tiempo, los años giraron nuestros caminos y, cuando le volví a encontrar,  el trigal de su cabello eran cenizas rubias. Su mirada, opaca y esquiva. Su sonrisa, una cínica media luna  tan oscura como la noche; aun así me quedé prendada, pero esta vez de la decepción. Ya no era aquel muchacho, la vida le había cosido al bies las aristas de su rostro y su porte estaba preñado de desencanto.
 De nada servía escarbar, el ayer se había llevado todo el hechizo; entonces he cerrado  la memoria del recuerdo y he seguido leyendo sin leer.

martes, febrero 21, 2017

HISTORIA DE UNA CUBIERTA

No hay duda que fue un flechazo, nunca pensé que fuera así. Me imaginaba a Suso, un perro de agua cantábrico, merodeando por la cubierta, o una pistola, o tal vez una bandera republicana hondeando mientras Regalito, una de sus protagonistas, con sus cabellos color fresa te mira de frente. Sin embargo, me colocaron delante varias posibles cubiertas y nada más que vi esta, mis ojos, el corazón y la cabeza se cosieron a su imagen. Había algo en ella de nostálgico, de soledad y tristeza, de ensoñación, de silencio, de música, sensualidad, que evocaba perfectamente la esencia de la novela. Si te fijas, hay agua, nubarrones, y gaviotas. Los dos primeros aparecen justo al comenzar la historia cuando Juana, la protagonista barrunta que algo se tambalea bajo sus pies, en su vida. Si observáis, hay 13 gaviotas, las trece palomas mensajeras que van desmenuzando este thriller psicológico tan lleno de odio y ternura, de miedos y esperanza.
Hace poco pedí que me ayudaran a buscar un lema que a grandes rasgos definiera un poco el título de la novela. Mi gratitud a todos aquellos que se prestaron sin saber de qué iba la novela; solo manejaban unos pocos renglones “Así comienza la novela...”A veces te acuestas con la sorpresa engatusada en la mente y te despiertas con la cabeza descolocada y el corazón trotando por mundos desconocidos. No haces otra cosa que preguntarte ¿por qué ahora? Todo lo que sale de ti son palabras inconexas, recuerdos descosidos, trapos desgarrados como sentimientos que una vez te robaron o quizá te arrancaron de cuajo para no sentirlos más. Sin embargo nadie sabe, ni siquiera tú mismo, que no quitaron la raíz y que esta durmió agazapada detrás del corazón para que en un instante impreciso en tu recorrido vital emerja como semilla del diablo...” Hoy mirando mi cubierta que a partir del 16 de marzo ya será de vosotros, de los lectores, Ángel Miguel Marcos, lector concienzudo, se acercó poderosamente a la esencia “Mujeres Descosidas buscan modista que repare los desgarros de sus almas” y Mara Marley, maravillosa escritora, puso la guinda “Como jirones de nubes que se agitan en el viento, hay mujeres que ondean banderas, cosidas con retazos de vida, hiladas por cicatrices sin costuras. Mujeres que ocultan una semilla a punto de germinar”
Mientras escribo estas líneas siento que se me va escapando la emoción porque si mi segunda novela va a ser realidad en pocas semanas es gracias a vosotros, a los que conozco y desconozco porque “Uno solo no puede. En equipo llega a algún lugar”

De todo corazón, ¡Muchísimas gracias!

lunes, febrero 20, 2017

A VECES TODOS SOMOS IGUALES

Soy animal de costumbres, más, por las mañanas. El café despeja las nieblas más hondas, sin embargo los velos suaves e insinuantes del sueño tardan en evaporarse. Tal vez, de ahí, que necesite de una rutina para no extraviarme.
Bajo una cuestecilla todos los días a la misma hora. Me sé los socavones, los pasos de cebra, el sol menudo al doblar la esquina. Continúo y, al cruzar la calle, me espera ese suave aroma dulce, entrecortado, leve, profundo. Es la pastelería con la trampilla a medio subir que nos deleita desde el obrador a los durmientes que vamos camino del trabajo.
Sistemáticamente en el momento que me alcanza el tufillo cierro los ojos; me agrada empaparme de esa dulzura de crema, masa y azúcar.
Hoy, al abrir de nuevo los ojos, me he topado con un hombre parado justo en la puerta que realizaba miméticamente el mismo gesto que yo, aunque entre ambos había todo un mundo. Yo olía a jabón y me sobraban kilos en mi cuerpo. Él,  hacinado en una cáscara gruesa de suciedad y un aspecto famélico.

Era una instantánea regia, digna y titubeante de cualquier ser humano. La limpieza y la mugre, la gula y la necesidad…, cuatro palabras que nos alejaban y, sin embargo, los dos, la riqueza y la pobreza unidas por un pequeño placer.

jueves, febrero 16, 2017

PRIMERA ESTACIÓN, 16 de marzo

Hoy es 16 de febrero. Eran las las 4,25 h cuando un pájaro se ha puesto a tatarear las bondades de un nuevo día. Tropezándome contra todos los muebles que he encontado a mi paso, he podido llegar a mi destino y me he asomado al balcón. Se le oía tan nitidamente que he cerrado los ojos; era una sensación, un sonido, placenteros. La ciudad que nunca duerme, Madrid, se me antojaba mansa en sus bordes, inquieta en su esencia, aventurera en cualquiera de sus aristas. He respirado hondo ese aroma de amanecer de vientecillo fresco y sueños por estrenar.
Sí, hoy es 16 de febrero,en un mes será 16 de marzo y mi segunda hija nacerá a los ojos de los lectores. Mentiría si dijera que no tengo miedo, que no estoy asustada, pero por encima de todo me puede la ilusión, la ilusión de aportar una quimera más a este mundo de las letras.

16 de Marzo, Madrid. 30 de marzo, Valladolid “Mujeres Descosidas”

martes, febrero 14, 2017

SIEMPRE

“Cuando seas viejo, te quiero con sabor rancio pero gallardo; independiente y eternamente gaviota. Parco, raspa y salado como tu mar. Cuando tu piel se marchite y tu esqueleto se curve, deseo tu envoltura ácida, pero tierna en tu interior. Cuando el tiempo rasque nuestras voces, sueño con oír tu susurro en mi tímpano. Cuando las nubes fluyan a tus ojos, porque la edad todo deteriora, anhelo tu chispeante mirada de pícaro empedernido. Cuando tus manos tiemblen, espero tu roce tibio sobre mi cuerpo, pues mi deseo por tu persona no habrá tiempo que lo acalle.
En los albores de tu senectud… te estaré esperando, te estaré esperando siempre”

Final del capítulo V de "Sevilla...Gymnopédies"

lunes, febrero 13, 2017

LLUVIA

He abierto la ventana. El cielo es tan plomo como la propia ceniza, y llueve. Escucho las gotas precipitarse a la nada, llorar sobre los cristales y su música silente, recogida, en calma, me hace alejarme del mundo que muerde.
No he cerrado la ventana, he querido que la armonía de ese silencio me hablase a través del agua porque hay días en que se me atascan las palabras y no sé definir aquello que me rodea, y hoy es uno de esos días.
Las compuertas permanecen cerradas, nada me transporta, nada me inquieta, nada siento. Sin embargo la lluvia  serena mis ausencias, su agua lánguida adormece mis malos pensamientos, su furia loca vitaliza mi letargo.
…Se ha hecho el silencio hueco. Tal vez sean segundos y después vuelva el soniquete de sus alocadas campanillas. Esperaré, hoy tampoco siento ni el tiempo ni el reloj. Esperaré. Levanto el rostro en mi ceguera y encuentro al cielo de plata con ese discreto encanto del agua por venir. La luz que despereza al día, de tan oscura que es, ahuyenta mis nostalgias y recuerdos; mejor.
Ha vuelto. Sí, tímidamente pero va llegando de nuevo y, sin saber cómo ni por qué, mis piernas se precipitan al vacío. Voy en su busca… Hoy llueve, llueve sobre Madrid. El asfalto se torna en un atascado lienzo de coches sin rumbo. Miro y de pronto veo que hoy es un hermoso día a pesar de todo.

Tal vez piense esto porque he amanecido viva entre tanto cadáver que me oprime y, ¡al fin! el agua que me despierta me hace ver  que detrás de cada gota de lluvia  se halla esa estrella a la que persigo sin cesar.

sábado, febrero 11, 2017

DE MUJER A MUJER, retrato de Socorro

Sé que ella preferiría que la escribiera su loca Lola, la que provoca un montón de chascarrillos en medio minuto y se larga con faldas y a lo loco como si no hubiera roto un plato. Sin embargo soy yo quien viene a hablar de la mujer duende, de esa mujer mágica que una vez encontré en estos caminos tortuosos como livianos que nos toca transitar hasta que la parca nos llame a filas.
Quizá, convencida, que de Socorro ya se ha dicho todo pues su vida, además de densa, es muy vivida y siempre compartida, pero mis ojos son míos y como míos que son ven lo que les da la gana porque la edad es un grado y cuando se llega a una edad que solo lo marca tu intima y personal percepción, dejas las composturas, el qué dirán para otros, y tú te desnudas y comienzas a ser tú misma, eligiendo, deseando, rechazando, aquello que tu alma te pide en cada momento. Sí, sigues viviendo un poco para los demás, más si eres generoso y por tus venas fluye el caudal de dar y compartir. Sin embargo comienzas a quererte, a atreverte a mirar a ese espejo que apunta tus canas, que desdibuja tu juventud, que descose recuerdos para asegurar otros. Espejo que perfila con descaro tus ojos debilitados de ilusiones, marchitos de deseos carnales. Retrata tu cuerpo encorvado por tantas láminas de acero, parches apuntalados para no venirte abajo por tantos desfalcos y batallas que te entregó la vida y tú tuviste que hacer frente. Tus velos, tus duelos, ahí están pero de ti se ha marchado la prisa, ese temor a perder el tren, y estás sola contigo, mirándote de frente, fregando y maldiciendo tus pérfidos pensamientos y obsesiones, desvistiéndote y volviendo a dibujar un deseo, a coser una ilusión, a bruñir tus ojos de arco iris, a sofocar tus incendios con abrazos y otros menesteres, pues sabes que tu piel sigue sintiendo una caricia y que tirita si le falta. “Es tu hora” Te dices mientras rastreas a esa niña que siempre durmió dentro de ti a pesar de que su hora pasó. La sacas, la sientas a tu lado, la cantas una nana y la cuentas…cuánto te pesa la soledad. Ambas os juráis lealtad, os agarráis del corazón y volvéis a salir al mundo, ese mundo a veces tan inhóspito y cruel pero otras tal vital, tan dinámico y lleno de luz por conocer que, Doñita y Socorro no pueden resistir sus ansias de presentar batalla hasta que esa parca, siempre al acecho, venga a por ellas.
Yo me miro en tu espejo y me zurzo, me coso, me hilvano, y me remiendo si hace falta a tu corazón repleto de cabeza porque para mí eres esa voz de mi conciencia que de vez en cuando me susurra palabras honestas besando mis torpezas mientras te empecinas en enderezar mis locuras.
Hoy, un día cualquiera del calendario, la lluvia llueve melodías dulces mientras te retrato con mis torpes letras sin más que decir que una gran señora llena nuestras vidas, esos que rodeamos tus horas de risas y quejidos, de sueños y llantos y juntos escribimos una esperanza.

Socorro Mármol Bris, nuestra gran dama de la escena literaria.

miércoles, febrero 08, 2017

SOMOS GAVIOTA

Foto de Rafa Rúiz
¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos  sueños?
Cada día, al despertar, perfilo mi álbum de anhelos fundidos en la almohada y sonrío al comprobar que permanecen mullidos en mi corazón. Serán ellos los que me ayuden a encarar un hoy que, tal vez, sea lluvioso.
Son mis quimeras nocturnas las que tejen los gestos que he de depurar si aún quiero enroscarme en una estrella y dar luz a mis manos para entregarte después mi utopía cosida a las alas de una gaviota para que vueles… conmigo.
Tiemblo emocionada al comprobar que la vida en sí no es un fin, ni siquiera un destino, sino un viaje donde se vive cada instante, una estela dibujada con mis obras en el horizonte para que tú, con ojos de mil colores, la vivas conmigo.
¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos  sueños?
No sería yo, no sería nada y, por tanto, no podría compartir contigo la luz de mis fantasías.
… Porque soñar es dar vida al vuelo y al canto de esa  gaviota que duerme dentro de nosotros.
Hoy he desplegado mis alas y he visto que los días van ganando luz. En las ramas nacen botones y el paisaje comienza a mutar. Vivir en el campo en esta época del año debe ser una experiencia única  si es que tu vida no está marcada por un reloj, porque para ver nacer la primavera has de olvidarte del tiempo y perderte por esos paisajes que aplacan el ánimo y escarban en tu interior hasta que florece tu sensibilidad. Es un regalo gratis.
En las zonas frías aparece la flor del romero que se quedará hasta el otoño con nosotros; su aroma es como un incienso silvestre. Es un regalo gratis.
Si vives en la costa, mira a esa mar que te espera, ornéate del sol tibio mientras tus pies se desperezan con la espuma, emborráchate de aroma salado y húmedo, lee el silencio en la arena deshabitada y escucha el rumor de la ola mientras la gaviota picotea en la orilla. Es un regalo gratis.
En el campo ahora comienza el cielo a acercarse un poquito más a la tierra y,  por la noche, cuando las nubes han sido barridas, las estrellas repuntan sobre tu cabeza. Es un regalo gratis.

En estos días en que  el invierno se va alejando sin retorno, los presiento como una tregua para el espíritu. Te sientas en un parque, en una plaza y sientes como la gente aparca sus desdichas por unos instantes y toman un café, aunque sea amargo. A veces el sabor de ese café es demasiado intenso, tan intenso y negro como las circunstancias que a veces nos rodean, pero mientras tanto esa gente invisible, sin rostro para ti, proyectan una sonrisa al presente. El mañana está demasiado lejos.

lunes, febrero 06, 2017

ESE CIELO QUE DESPIERTA

El cielo se desploma. Tan zaino que da miedo. De dos grises hoy te acicalas. En distancias cortas, tu cenizo plomo es templado y mentiroso y, según te alejas, se aproxima la bravura de tu sombrío amanecer invitando a la melancolía de tu lacerante soledad.
No obstante, no te intimidas, te acercas a él con el pasado borroso, esos azotes de la memoria que recuerdan aquello que creíste borrado. Pero nada se borra, solo cicatriza el ayer perpetuo.
Este cielo que hoy amanece sembrado de tempestades, de agua y viento, alterna sensaciones clavando sus púas sobre tu piel dormida. Te miro y, cuánto más te miro, más bello me parece tu cielo de febrero.
Me tientas como ese diablo que se disfraza de soles engañosos a que salga a sentir tu agua para lavar mis penas que hoy, despertaron tan inciertas como desviadas.
¡Ay cielo, cielo! Te observo tras los cristales mientras derramas tu luz romántica en mis haberes de otros tiempos. Ya no soy la misma que tú conociste. De temor y miedo visto mis días, pero me gusta sentirte tras los cristales ahumados de mis recuerdos.
Tanto me provocas, que despejo el cristal y el agua rocía mi rostro mientras el aire agita mi pelo ya de por sí alborotado.
No hay luz que hoy pueda contigo. Del empeño y tesón surge tu rabia, esa rabia oscura, tal vez casi negra, en que empañas el día que amanece.

No voy añorar ni el calor ni mi sur sureño, no atenderé tus provocaciones. Simplemente hoy gozaré de ti.

miércoles, febrero 01, 2017

DE VENTANAS Y TEJADOS

Las ventanas poseen un mágico imán para mí. Es asomarme a ellas y sentir que mis ojos despliegan sus alas paseándose por las nubes, los edificios, mojándose de lluvia, niebla o de perpetuos amaneceres…
Era una mañana soleada de grados templados y cielos rasos. La espera se me hacía incisiva a pesar de estar rodeada de soñadores como yo aguardando el turno de una cita que no llegaba. En un momento indeterminado sentí que a mis pulmones no les llegaba el oxigeno necesario y pedí una ventana, una soledad, un silencio. Me depositaron en un despacho al abrigo de la calma y volví a encontrarme, aunque tuve que salir corriendo tras mis ojos pues se escapaban por una ventana. Nada más sujetar a ese par de ladrones de sensaciones supe el porqué de su fuga. La ventana era chiquita con un par de plantas en su poyata. Algunas hojas estaban secas de hielo, los fríos atrasados las mataron. Las quité con cuidado y emergió la belleza simple sin florituras ni ornamentos, la sencillez estampaba su riqueza. Entonces volví a sentir la fuga de mis ojos que volaban lejos a la lontananza de una sierra nevada en sus picos para regresar y depositarse como dos pajarillos en un tejado.
¿Por qué me parecen tan románticos y evocadores los tejados, techumbre de secretos inconfesables, bóvedas de amores clandestinos? Tejas gastadas de edificios llamados viejos y alturas bajas, de vertientes a dos aguas que en esas horas amainaban sus fríos pasados a un sol alegre de finales de enero.
Tejados de tejas de colores gualdos, rubios, pajizos, ambarinos y dorados. Una amalgama en la que mis ojos se mecían en el sosiego de una hora incierta hasta encaramarse en la barandilla de una balconada, un mirador de trastos abandonados pero aún así de vivo clamor por la vida. Una bicicleta colgada de su pared desconchada, una maleta mal cerrada, un minúsculo ventanuco entreabierto flagelando de airecillo sus raídas cortinillas. La colada tendida de un hombre pulcro sin duda por los elementos encajados de mayor a menor tamaño en pinzas de madera. Dos espontáneos geranios de rojo reventón ponían la nota colorista a aquella naturaleza muerta como si de un cuadro de Agustín Arrieta se tratara. Un perfecto bodegón de nubes, tejados y la vida de un balcón, morada de un hombre sin conocer.

Se abrió la puerta, ya era mi turno. De mis ojos colgaban esa belleza cotidiana que nunca miramos.

lunes, enero 30, 2017

LA APRENDIZA ASUSTADA

¡Estoy hundida! No nos hemos llevado el título de miss universo, se lo han dado a la francesa. Con la necesidad aplastante que tenemos de reivindicar nuestro orgullo español, van y nos lo chafan. Menos mal que como noticia consoladora he leído que Trump está redecorando el despacho oval y que una nieta de Simeón de Bulgaria se ha metido a cantante…, el que no se consuela es porque no le da la gana.
Tan consolada estaba que he decidido ponerme otro café olvidándome que estaba en casa de mi madre y con mi manía de rentabilizar a la oscuridad el esquinazo del pasillo me estaba esperando ¡Qué torta me he dado!...Este pasillo me tiene manía y se ha propuesto que llegue a la presentación de “Mujeres Descosidas” cosida y acribillada a golpes. Claro que esto me pasa por mi afición a viajar más que el baúl de la Piquer; tanto voy y vengo que no sé dónde moran mis huesos. Anoche me preguntaba una amiga “¿Cuándo has venido?” Y yo contestaba “He llegado de Valladolid esta tarde” A lo que mi amiga replicaba “Pero si estás en Valladolid, habrás llegado de Madrid” Y yo añadía “Bueno, no sé de dónde vengo pero en algún sitio estoy”… A veces la gente se pone muy puntillosa a que seas exacto en las explicaciones con lo lindo que es divagar. Sobre esto mi Pepe tiene una teoría que sostiene que yo quise nacer maleta y al no ser posible, me compré una maleta y me paso el día pacá y pallá… Bueno, es una teoría como tantas muchas. Lo bueno es que mi Pepe no me impide ser mujer maleta, me deja total libertad, a cambio de que yo no le convierta en hombre maleta porque a él lo que le gusta es su sillón, su prensa e interiorizar los interiores de la economía global y casera. Me malicio que también le gusta y mucho sentirse liberado por unos días de mi presencia versátil aunque tenga que fregarse las sartenes, cosa que le pone mucho desde que Peluche pequeño le enseñó la técnica de bruñir sartenes. ¿Veis cómo hasta las mentes más sintéticas y elevadas tienen sus derivaciones terrenales a la par que absurdas? Comprobar estas comprobaciones me tranquiliza mucho, es más, me inspiran a que yo siga dando caña a la manivela del teclado cada amanecer no amanecido. Lo malo es que  me gustaría ser más seria con mis letras locas, al menos a ratos. Hablaros, narraros, historias, sentimientos, pero no puedo, la bola estomacal crece de día en día. La que se me avecina es “muy tomate” y de mucha responsabilidad. Parir una segunda novela no es difícil. Lo difícil es estar a la altura de las expectativas y lograr que te lean y tú dejar buen sabor en el paladar mental de los lectores ¡Ahí me duele!
Cuando eres un novato el propio desconocimiento te hace ir con faldas y a lo loco, pero cuando pasas al estadio de aprendiz ya es otro tomate con sabor a ser consciente de lo que te estás jugando.
Por eso reírme de mí misma es un ejerció sano que me libera de miedos y tensiones,  y  me hace reconocer que el mundo es de los valientes que, aunque no ganes, al final siempre ganas, al menos la experiencia de un momento vivido que, de la otra forma, la del confort, nada arriesgas, nada ganas.
Vivir es ir improvisando mientras ganas experiencia en algo como, por ejemplo, ir sorteando a los Judas que te salen al camino, a los amigos que van y vienen y los enemigos se acumulan… Esto no es mi caso aún ¡Toco madera!, pero no puedo ignorar y mirar hacia otro lado como si esas situaciones no existieran o no me fuera a pasar a mí; una cosa es tener tu puntito de chifladura para soportar la necedad que muchas veces te viene de visita, y otra cosa muy distinta el deber de tener adosados los sesos en la realidad circundante propia y ajena.
En fin, aquí lo dejo por hoy. Me acaba de sobrevenir el buen sabor que me dejó el partido de Federer y Nadal, dos ejemplos vivos, para mí, de cómo hay que caminar por estos mundo obtusos.
¡Ay, por favor, no me dejéis solita! Esto es mucho pollo para un cuerpecillo tan chiquito como el mío.

¡Buena semana, amigos!

sábado, enero 28, 2017

¡MALDITO WIFI!

He estado a puntito, eh, a puntito de enloquecer pero gracias a mi inmensa pesadez que es mucha, la situación está en standby. Todo hay que decirlo, mi Pepe ha echado un cable para que la situación no se nos fuera de las manos. A cada uno hay que darle lo suyo y mi Pepe acumula méritos por doquier, por ejemplo tragándose el rosario de exabruptos que le gustaría desembuchar en ciertos momentos críticos cuando su santa, es decir yo, pierde el norte y se precipita al sur en caída libre y sin encomendarse tan siquiera a la Virgen de los buenos libros.
Y no es que yo pierda el norte con facilidad, de hecho soy poco asidua al norte, pero las circunstancias a veces me ponen al borde del abismo y esto es lo que me ha sucedido días pasados cuando muy de mañana, tan de mañana que las farolas seguían siendo sostén a más de uno que salía de esos antros que no duermen, pues bien, me dispongo a sumergirme en mis hábitos de cibernauta a gogó y el ordenador me hace una pedorreta. No la doy importancia por mi carácter benévolo, y continúo insistiendo y el ordenador erre que erre. Ya harta de tanta pedorreta mañanera pillo por el pasillo a Peluche pequeño y le digo muy suave (a este mío Peluche tienes que ir como la seda o te manda a tomar café sin que se le despeine una pestaña) “Hijo, el ordenador dice que no hay WIFI, ¿tú podrías hacer algo?” Como está dormido, me hace caso y toca no sé qué, pero mi intimo amigo WIFI se cansa, se estresa, el caso es que mi ordenador me sigue pedorreando. Total, decido ser positiva, nunca negativa, me olvido de Google y me pongo a escribir. Pero, claro, siempre escribo con el diccionario de sinónimos y antónimos abierto, pero como no hay WIFI, se hace visible mi léxico tan lejano, a años luz, de mi envidiable Luis Mari Anson, de los hombres que más ennoblece a la lengua castellana por su riqueza lingüística y, chicos, que una maquineta te saque los colores y que te diga a la cara lo pobre que eres expresándote pues fastidia y mucho. Así que decido en mi incipiente desesperación despertar a mi Pepe que estaba orquestando junto a Perro una sinfonía de broncos ronquidos, me manda a tomar vientos y sigue durmiendo sin despeinarse. Entonces ante la impotencia, comienzo a tocar aquí, allá y al más allá, y nada. Se levanta mi Pepe y remata la faena. En ese punto creo que ya no había WIFI en kilómetros a la redonda, pero como mi pesadez puede ser peor que una mosca cojonera, mi santo Pepe se va con Perro a la tienda de informática. Allí al pobre, igual que le venden kilos de tomates a por mayor, le venden un aparato que supuestamente hace llegar el WIFI hasta Marte si es necesario. En esto, se había vuelto a hacer de noche y aparece Peluche pequeño y  le enrolamos a nuestra causa y toca aquí, toca allá y parece que unas leves y tímidas hondas vuelven a entrar en el dulce hogar de los GarciQuesos. Nos vamos a la cama tan felices y como yo, cuando estoy a las puertas de publicar novela, por magia potagia se me evapora el sueño, pues me levanto y el ordenador me escupe pedorretas por doquier. Me pongo en el ordenador de mi Pepe, se lo bloqueo. Me pongo con mi tablet, la desconfiguro. Cojo el móvil, lo desvirtúo… A estas alturas de la película, entendedme, mi cabeza estaba más agitada que el sonajero de un bebé. Ya no tenía chismes tecnológicos para cargarme y me puse a velar el sueño sinfónico de mi Pepe en espera que abriera el ojo. Lo abrió y después que le explico mi problemática, me dice abruptamente “Qué te den por el florero… Si eres una inútil, yo no tengo la culpa” Y se mete en la ducha. Debió pensar que desapareciendo bajo la lluvia el asunto se había finiquitado. Abre las correderas tan lavadito y fresco y allí estaba yo en un mar de lamentos. Apenas le dejo tomar un café de esos que me salen malos a conciencia y se va a la tienda de informática cargando con seis  kilos de ordenador, el chisme de las ondas que supuestamente tendrían que llegar a Marte, y yo. El empleado suspira sin perder sonrisa blanca (en estos casos esas sonrisas falsas hasta se agradecen), mira mi ordenador y dice que está sano. No tiene colesterol, tensión estupenda, tiroides equilibrada y el problema reside en los tabiques de la casa: reprimen el WIFI. Mi Pepe en un hilillo de voz y temiendo que  su santa, es decir yo, decidiera tirar las paredes con tal de tener WIFI pide encarecidamente que le explique por enésima vez cómo funciona el chisme de las ondas. Volvemos a casa con los seis kilos de ordenador y repite operación de tocar aquí, allá y más allá y ¡Milagro! Google aparece dicharachero y juguetón… Beso, abrazo, achucho a mi Pepe y el muy borde me vuelve a decir “Que te den por el florero”

A estas alturas más que supuesta escritora, soy un jardín de flores… pero con WIFI.

viernes, enero 27, 2017

LEE, SUEÑA, APRENDE

El mundo se está poniendo del revés; no solo hay un cambio climático, existe una modificación humana abrasiva. Leer la prensa es un martirio obligatorio si te quieres sensibilizar con lo que está ocurriendo y tú no te enteras si no lo lees. Traducir entre líneas lo que se cuece, los motivos que mueven a unos y a otros, la violencia que subyace dentro de mucha gente, la agresividad de las palabras, la incoherencia de las conductas. Por mucho que quieras ver, mirar, deleitarte, con la belleza del hombre en sus actos, hay veces que la otra realidad insalubre se apodera de ti.
Se dice, se aconseja, que no debemos sentir vergüenza por barruntar el miedo en nuestra piel y que la vida te pone en tu sitio a base de bofetadas… Tal vez el conocimiento nos dé alas para ser libres, críticos y sepamos el caudal de nuestra ignorancia para ponerle coto.

La clave está en leer para la regeneración humana.
¡Buen fin de semana!

miércoles, enero 25, 2017

DIARIO DE UNA APRENDIZA, señales

¿Vosotros creéis en las señales? No os pregunto por las señales de tráfico porque en esas hay que creer sí o sí o te das la castaña o lo que es peor, se la da otro que no tiene culpa de que tú seas un suicida.
No, yo os hablo de esas señales que recibes y que son mágicas. En tu cerebro, de repente, se enciende una bombilla incandescente a modo de semáforo cerebral con un mensaje que dice “Sígueme “Este semáforo no tiene muñeco sexista ni verde ni rojo, es light ¿Qué, sabéis de lo que os estoy hablando? Un poquito de por favor que os veo venir y calladamente, chillando a pleno pulmón, me estáis llamado chiflada. Pues no, quizá sí…, yo qué sé. Mi Peluche mayor dijo un día, no sé si para que su madre tomara nota, no lo sé, pero me manifestó “Hay días locos y locos todos los días” Está claro que yo acumulo días locos casi todos los días. Incluso San Agustín dijo “Es lícito hacer al menos una locura al año” Y me adjudiqué ese eslogan del S IV, lo he reseteado y actualizado a mis necesidades.
Pero yo de lo que os quiero hablar no es de chiflados ni de locos sino de una señal “Indicio de una cosa, por el que se tiene conocimiento de ella” Aparentemente es inofensiva, incluso recibes un pálpito del corazón que te dice “Toc-Toc, averigua que algo pasa”… ¿Tampoco habéis oído el Toc-Toc corazonal? Me parece que vosotros sois como mi Pepe que de místicos, no creéis en nada, chiquillos que así no se va por la vida, que o te chiflas un poco o no soportas la necedad humana…, entre otras cosas.
Bueno, para mí es un indicador de “Non Stop”, una guía, un símbolo, una indicación, una llamada, “pa que tire palante” y cuando la recibo me quedo como más tranquila, como si la locura que me permite San Agustín está bendecida por los hados. No penséis que recibo señales todos los días, no, no me cabría tanto semáforo en mi cabeza. Sólo y de momento, he recibido señales en dos momentos concretos. Mis dos novelas poseen duende. Que sí, que digo muchas sandeces, pero os juro por mis dos Peluches que lo que os estoy contando es verídico, nada inventado. ¡SEÑALES!
En la novela actual, MUJERES DESCOSIDAS, son tres señales… ¿Qué, os ha picado la curiosidad? ¡Ay, curiosones!
13 cartas, una pistola y la última señal, de momento, la recibí anoche, 16 de marzo. Pensaba que esa fecha era como cualquier otra, pero no ¡Quia! Qué va, qué va, mucha enjundia tiene el asunto.
¿Qué hay que estar un poco loquillo con los pies en la nubecillas algodonosas para recibir señales no sexistas sin muñeco ni rojo ni verde? SÍ.

Ahora no puedo seguir desarrollando el tema porque el plumero me lleva llamando desde hace un rato, pero lo desarrollaré, ¡anda qué sí!, e incluso el que quiera, le puedo iniciar en señales…, y gratis total, que para eso sois mis lectores.